12 principios a la hora de debatir con otros cristianos

1. Acepten a los que no están de acuerdo con ustedes (Rom. 14:1–2).

Con respecto a cualquier área de desacuerdo en cuestiones terciarias [es decir, temas discutibles que no deberían provocar desunión en la familia eclesial], una iglesia tendrá dos grupos:

  1. los que son “débiles en la fe” (Rom. 14:1) en dicho tema y
  2. los “que son fuertes” (Rom. 15:1).

Los que son débiles en la fe tienen una conciencia débil con respecto a un tema en particular, y los fuertes en la fe, una conciencia fuerte.

No olvidemos que la “fe” aquí no se refiere a la fe salvadora en Cristo (Rom. 14:22a lo deja en claro), sino a la confianza que tiene una persona en su corazón o conciencia en cuanto a realizar una actividad en particular, como comer carne (14:2). La conciencia del que es débil carece de confianza suficiente (es decir, de fe) para realizar una acción en particular sin juzgarse a sí mismo, aun cuando tal acción no es pecado en sí. Pero para él, sí podría serlo.

Lo que esto significa es que eres responsable de obedecer tanto las exhortaciones de Pablo en cuanto a los débiles y las exhortaciones para los que son fuertes, puesto que (1) normalmente hay gente a tu alrededor que está en ambos lados en una situación dada y (2), tú mismo puedes tener una conciencia más fuerte en algunos asuntos y una conciencia más débil en otros.

Esto nos lleva al segundo principio que expone Pablo cuando los cristianos discrepan con escrúpulos.

2. Los que tienen libertad de conciencia no deben menospreciar a quienes no la tienen (Rom. 14:3–4).

Los fuertes, quienes tienen la libertad de hacer lo que otros no, son tentados a menospreciar y a rechazar a aquellos a quienes son más estrictos. Pueden decir, “Esa gente no entiende la libertad que tenemos en Cristo. ¡No son tan maduros como nosotros! Son legalistas. Sólo piensan en reglas”. Pablo condena esta actitud de superioridad.

3. Aquellos cuyas conciencias los restringen no deben juzgar a quienes tienen libertad (Rom. 14:3–4).

Los que tienen una conciencia más débil en un tema en particular siempre están tentados a emitir juicios sobre los que son más libres. Pueden decir, “¿Cómo pueden ser cristianos y hacer eso? ¿No saben que están dañando el testimonio de Cristo? ¿Acaso no saben que supuestamente deben abandonar las cosas como ésas por amor al evangelio?”

Pablo da dos razones por las que es un pecado grave quebrantar estos dos principios; esto es, que el fuerte menosprecie a los que tienen una conciencia más débil, y el débil juzga a los que tienen una conciencia más fuerte:

  1. “Dios lo ha aceptado” (Rom 14:3c). ¿Tienes el derecho de rechazar a alguien a quien Dios ha recibido? ¿Eres acaso más santo que Dios? Si Dios mismo permite que en su pueblo se tengan diferentes opiniones en asuntos terciarios, ¿debes forzar a los demás a estar de acuerdo contigo?
  2. “¿Quién eres tú para juzgar al criado de otro?” (14:4a). No eres el señor de otros creyentes. Cuando menosprecias a alguien que tiene una conciencia más débil o juzgas a alguien que tiene una conciencia más fuerte, estás actuando como si esa persona fuera tu criado y tú, su amo. Pero el amo de esa persona es Dios.

En cuestiones de opinión, debes dejar que Dios haga su trabajo. Sólo necesitas aceptar a tu hermano o hermana. Dios es un mejor amo que tú.

4. Cada creyente esté plenamente convencido según su propio sentir. (Rom. 14:5).

¿Deben los cristianos celebrar las festividades judías? Este tema, el cual Pablo está tratando aquí, ilustra el principio de que, en asuntos discutibles debes obedecer a tu conciencia.

Esto no significa que tu conciencia siempre está en lo correcto. Es sabio calibrar tu conciencia para ajustarla mejor a la voluntad de Dios. Pero sí significa que no puedes pecar constantemente contra tu conciencia y ser un cristiano saludable. Debes estar plenamente convencido de tu postura actual sobre la comida, bebida o días de fiesta —o cualquiera sea el asunto— y luego vivir según esa decisión de manera consistente, hasta que Dios pueda guiarte por Su Palabra y por Su Espíritu a ajustar tu conciencia.

5. Asumir que los demás están siendo parte o se abstienen para la gloria de Dios (Rom. 14:6–9).

Toma nota de lo generoso que es Pablo con ambas partes. Él asume que ambas partes ejercen sus libertades o restricciones para la gloria de Dios. ¿No sería sorprendente estar en una iglesia donde todos se dieran el beneficio de la duda en estas diferencias, en lugar de pensar en todo de la peor manera posible?

Pablo dice que tanto el débil como el fuerte pueden agradar al Señor incluso al sostener puntos de vista diferentes en temas discutibles. Tienen posturas diferentes pero la misma motivación: honrar a Dios.

6. No nos juzguemos unos a otros en estas cuestiones pues un día, todos compareceremos ante el trono del juicio de Dios (Rom. 14:10–12).

Si pensáramos más acerca de nuestra propia situación delante del trono del juicio de Dios, seríamos menos propensos a emitir juicios a otros cristianos. En aquel día, estaremos suficientemente ocupados respondiendo acerca de nuestra propia vida; no necesitamos pasar nuestra vida tan breve entrometiéndonos en las vidas ajenas. En estos asuntos donde los buenos cristianos discrepan, debemos ocuparnos de nuestra propia conciencia y dejar que Dios sea el juez de los demás.

Consejos para el cristiano que debate

7. Tu libertad para comer carne es correcta, pero no permitas que tu libertad destruya la fe del hermano débil (Rom. 14:13–15).

En la iglesia, tanto los cristianos libres como estrictos tienen responsabilidades mutuas. Los cristianos estrictos tienen la responsabilidad de no imponer sobre los demás lo que hay en sus conciencias. Es un pecado grave intentar atar la conciencia de alguien con reglas que Dios no ha ordenado claramente.

Pero la segunda mitad de Romanos 14 coloca el peso de la responsabilidad sobre los cristianos que tienen una conciencia fuerte. Una razón obvia es que ellos son fuertes, por tanto, Dios los llama a sobrellevar las flaquezas de los débiles (Rom. 15:1). No sólo eso; de los dos grupos, sólo los fuertes tienen la opción de los asuntos terciarios como la carne, los días de fiesta y el vino. Pueden participar o abstenerse, mientras que la conciencia del que es estricto sólo le permite una opción.

Es un gran privilegio para el fuerte tener el doble de opciones que el débil. Deben usar este don sabiamente considerando cómo afectan sus acciones a las conciencias sensibles de sus hermanos y hermanas.

8. Los desacuerdos en cuanto a las comidas y bebidas no son importantes en el reino de Dios; edificarse mutuamente en la rectitud, la paz y en el gozo sí lo es (Rom. 14:16–21).

El Nuevo Testamento presenta clara y reiteradamente el principio de que Dios es completamente indiferente a lo que ingerimos. Lo primero y más importante, el mismo Señor Jesús proclamó de forma memorable que toda la comida era legítima para comer en Marcos 7:1–23 (especialmente en los versículos 18–19). Ya que Pedro no parecía captar el mensaje, el Señor Jesús tuvo que darle una misión tres veces para mostrarle que los cristianos no deben hacer de la comida un problema (Hechos 10:9–16).

Luego, en 1 Corintios 8:8, Pablo lo recuerda y dice: “Pero la comida no nos recomendará a Dios, pues ni somos menos si no comemos, ni somos más si comemos”. Y en caso de que aún no lo hayamos entendido, Dios nos dio Romanos 14:17, que nos muestra que el reino de Dios no tiene nada que ver con la comida ni la bebida. Nada. A Dios no le importa en absoluto lo que ingerimos.

Esto puede ser malinterpretado. ¿A Dios no le importa que tomemos veneno? No si el propósito es curar. Todos los días, los cristianos meten veneno a sus cuerpos para curarse del cáncer. Pero ¿y qué tal si tomamos veneno para suicidarnos? ese es totalmente otro asunto. En el cristianismo, la razón por la que haces las cosas es más importante que lo que haces.

9. Si tienes libertad, no la presumas; si eres estricto, no esperes que los demás también lo sean (Rom. 14:22a).

Esta verdad se aplica tanto para el fuerte como para el débil. Si tienes una conciencia fuerte, gozas de mucha más libertad en Cristo. Pero no la presumas ni la exhibas de una manera que provoques que los demás pequen. Sé especialmente cuidadoso en alimentar la fe de los jóvenes y de los nuevos cristianos.

Si tienes una conciencia débil en un área en particular, también tienes la responsabilidad de evitar “ser el policía” de los demás, presionándolos a adoptar tus normas estrictas.

Debes mantener estas cuestiones sólo entre tú y Dios.

10. La persona que vive según su conciencia es bendecida (Rom. 14:22b–23).

Dios nos dio el regalo de la conciencia a fin de aumentar nuestro gozo significativamente, a medida que obedecemos sus advertencias. Uno de los dos grandes principios de la conciencia es obedecerla. Así como el regalo de Dios del tacto y del dolor nos guardan de aquello que nos priva de la salud física, la conciencia nos guarda continuamente de los pecados que nos privan de nuestro gozo.

11. Debemos seguir el ejemplo de Cristo, quien dio prioridad a los demás (Rom. 15:1–6).

Este principio no significa que el fuerte tiene que estar de acuerdo con la postura del débil. Tampoco quiere decir que el fuerte jamás podrá ejercer sus libertades. Por otro lado, tampoco significa que el fuerte sólo debe llevarse bien, soportar o tolerar al débil, como una persona que tolera a alguien que lo irrita. Para un cristiano, “soportar” las flaquezas del que es débil significa que gustosamente ayudas al débil absteniéndote de hacer algo que pudiera dañar su fe.

Romanos 15:3 enfatiza el ejemplo de Cristo. Uno no puede siquiera empezar a imaginarse las libertades y privilegios que le pertenecían al Hijo de Dios en el cielo. Ser Dios es ser completamente libre. Con todo, Cristo “no se agradó a sí mismo”, sino que cedió sus derechos y libertades para convertirse en siervo, de modo que fuéramos salvos de la ira. Comparado con lo que Cristo sufrió en la cruz, con tal de ceder la libertad de comer carne, es verdaderamente una pequeñez.

12. Traemos la gloria a Dios cuando nos aceptamos mutuamente como Cristo nos aceptó a nosotros (Rom. 15:7).

Con esta afirmación, Pablo termina esta sección extensa que comenzó con palabras similares en 14:1: “Aceptaos…” Pero aquí en 15:7 Pablo agrega una comparación “así como Cristo nos aceptó”, y un propósito, “para la gloria de Dios”. Sí importa cómo tratas a aquellos que discrepan contigo en asuntos discutibles. Cuando los recibes como Cristo te ha recibido a ti, glorificas a Dios.

Este artículo ha sido adaptado de Conscience: What It Is, How to Train It, and Loving Those Who Differ (La conciencia: qué es, cómo entrenarla y cómo amar a los que difieren) publicado originalmente por Crossway. Usado con permiso.