Soldados de Jesucristo

Amor y humildad

Conozco muy poco sobre el amor. Este pensamiento se me ocurrió hace unas semanas y comencé a mirar el amor para ver lo que es y para aprender a amar más y a amar mejor. No es un gran misterio que la Biblia ponga un gran énfasis en el amor. La palabra “amor” aparece cientos de veces a través de las Escrituras donde Dios nos dice no solo cuánto él ama a sus hijos, sino también cómo nosotros debemos mostrar el amor de Dios a otros.

No me tomó mucho tiempo aprender la conexión inquebrantable que existe entre el amor y la humildad. El amor es imposible sin la humildad. Si quiero sobresalir en el amor, tengo primero que aprender a ser humilde; aprender a considerar mi gozo y placer como menos importante comparado con el gozo y placer de los demás. A lo mejor la llave para amar es aprender a obtener placer a través del placer de otra persona.

Yo pienso en mi hija y cuánto a ella le gusta que le haga cosquillas en la barriga. A mí no me da ningún placer el hecho de hacer cosquillas en su barriga, pero si encuentro gran placer al escucharla gritar “¡para!” y luego “¡otra vez!”. Yo recibo placer de su placer. Mientras pudiera estar leyendo un buen libro o navegando en el Internet sacando placer directamente relacionado con mis acciones, en su lugar yo escojo encontrar placer a través del placer que mi hija encuentra. Yo me pongo primero al ponerla a ella primero, encontrando placer en su placer.

Desearía decir que esta es la regla en vez de la excepción, pero muchas veces yo busco obtener placer de una forma egoísta.

Encontré que en la Biblia que hay dos tipos de humildad, y aunque están relacionadas, son distintas. Dios nos manda a ser humildes delante de él y delante de nuestro prójimo.

Humildad delante de Dios es humildad delante de su Palabra. Yo necesito acercarme a la Biblia con humildad cada vez que abro sus páginas. Necesito admitir que la Palabra es el profesor y yo el estudiante. Necesito dejar que la Biblia me diga quién soy y que describa cuál es mi condición como humano. Necesito aceptar la solución que la Biblia provee a mi condición. Salmo 25:9 dice: “Dirige a los humildes en la justicia, y enseña a los humildes su camino”. Si yo me acerco a la Palabra de Dios para humillarme delante de ella, Dios me guiará y me enseñará. Si me acerco a su palabra con orgullo y con un espíritu arrogante, Dios se me opondrá, porque “Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes” (Stg. 4:6).

Cuando me encuentro con la Palabra con una actitud humilde puedo aprender de los momentos trágicos enfrentados por personajes como Sansón y David. Entenderé que soy tan humano como ellos fueron y tan propenso a pecar como lo fueron ellos. Me veo en las palabras de Génesis 6:5 que dicen: “Y el Señor vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era solo siempre hacer el mal”. Cuando leo a Jeremías 17:9 yo sé que describe mi condición; yo sé que es mi corazón que es “más engañoso que todo… y sin remedio; ¿Quién lo comprenderá?”.  Si me acerco a estos pasajes con una actitud arrogante, sintiendo orgullo en mis propias habilidades, aprenderé nada.

Yo creo que esta actitud de humildad es lo que separa a los creyentes que “en realidad lo entienden” de las masas de creyentes profesantes que nunca lo hacen, estas personas que siempre muestran una actitud arrogante delante de Dios no le permiten a él cambiarles y moldearles. Ellos hacen dioses de sí mismos, creyendo que son capaces de hacer el trabajo de Dios en sus propias vidas. Ellos niegan la verdad y la gravedad de la situación. Puedo pensar en tantas personas que he conocido que nunca se han humillado ante la Palabra. Cuando leían sobre el pecado, veían a otras personas. Cuando leían los pasajes de las Escrituras que demandan cambios en sus vidas o van en contra de lo que ellos creen, ellos rehusaban humillarse. Yo he estado en ese lugar y he rehusado cambiar y estoy seguro de que tú también.

Dios, perdona nuestra arrogancia y danos corazones humildes.

Cuando nos hemos humillado delante de Dios, podemos mostrar su amor a otros al humillarnos delante de ellos, estimándolos como mejores que a nosotros. Sin primero humillarnos delante de él, simplemente demostramos nuestro propio amor que está fatalmente defectuoso y lleno de pecado. Pienso en la Madre Teresa, una mujer que mostraba amor a tantas personas, pero un breve vistazo a su vida nos muestra que ella nunca se humilló delante de Dios. Piensa en el bien que su vida pudo haber cumplido si ella hubiera podido mostrar el amor perfecto de Dios al mundo en vez de su amor egoísta.

Imagina cómo cambiaría mi vida y cómo cambiaría tu vida si en realidad pudiéramos obtener placer a través del placer de los demás. Imagínate si le dedicáramos el tiempo que gastamos obteniendo placer de la televisión a obtener placer por el gozo de ayudar a otros estimándolos mejores que nosotros. Imagina cómo los cristianos pudiéramos impactar el mundo a nuestro alrededor si en realidad entendiéramos el valor de la humildad.

Hace unos meses estudié el libro de Proverbios y aprendí sobre la importancia absoluta de la sabiduría. Desde entonces continuamente oro para que Dios me ayude a crecer en sabiduría. Recientemente he comenzado a orar que él también me dé humildad delante de su Palabra, para que él me cambie y para que entonces yo pueda mostrar su amor al mundo a mi alrededor.

 

Artículo publicado en Tim Challies | Traducido por Sarai Maria

Tim Challies

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 4,625 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de tres niños. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

Tim Challies

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 4,625 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de tres niños. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

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