Soldados de Jesucristo

Batallando con la Duda

Batallando con la falta de fe

Luego de varios años de haberme convertido a Jesús, estaba activo en el servicio al Señor enseñando, predicando y sirviendo en otras áreas, cuando de repente me asaltó la duda: “¿Y si todo esto no es cierto? ¿Y qué si cuando muera dejo de existir o me encuentro con una realidad diferente a la que enseña la Biblia? ¿Y qué si Jesús no resucitó y estoy basando mi vida en fantasías?” 

Algunos cristianos responden a estas preguntas basándose en una versión moderna de la “apuesta de Pascal”, argumentando que es mejor vivir como cristiano, que como ateo en caso de que Dios exista. Este argumento falla por varias razones: 1. La Escritura nunca nos dice que debemos arrepentirnos por si acaso lo que dice la Biblia es cierto, y 2) Pablo dice que si Cristo no resucitó, los creyentes somos las personas más miserables, ya que renunciamos a nuestros deseos y basamos toda nuestra vida en una mentira (1 Co. 15:17-19).

A continuación mencionamos tres verdades que nos guían en la dirección correcta en nuestra lucha con la duda.

La evidencia no es suficiente para tener fe

Es común caer en el error de pensar que si logramos encontrar evidencia contundente a favor de la Biblia, entonces nuestras dudas (o las dudas de nuestros familiares o amistades) sobre la veracidad de la Escritura desaparecerán. Ninguna cantidad de evidencia es suficiente para hacer que el hombre reciba el evangelio, debido a que su corazón está por naturaleza inclinado a rechazar a Dios (Rom. 3:9-23). Esto está claramente demostrado por la Escritura y por la experiencia. 

Los judíos en tiempos de Jesús le vieron hacer toda clase de milagros. Sus señales fueron hechas de manera tan evidente que sus mismos enemigos no podían negarlas. ¿Qué evidencia más grande que esa para creer en Él? Al día siguiente de Jesús haber alimentado 5,000 hombres con cinco panes y dos peces, los judíos increíblemente le preguntaron: “¿Qué, pues, haces tú como señal para que veamos y te creamos? ¿Qué obra haces?” (Jn. 6:30). Jesús resucita a Lázaro y los líderes, en lugar de creer, deciden matarlo a Él también. Debemos entender que “…Si no escuchan a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán si alguno se levanta de entre los muertos.” (Luc. 16:31). Recordemos que después de tres años de ser testigos de innegables milagros, los judíos gritaron “Crucifícale”.

La experiencia también nos muestra que la evidencia no es suficiente para producir fe en el hombre. Muchos ateos han escuchado los argumentos científicos, históricos y filosóficos presentados por cristianos preparados en estas áreas, y siguen sin estar convencidos de la veracidad de la fe Cristiana.

Con esto no queremos decir que la evidencia extra bíblica no tenga validez o que sea una pérdida de tiempo estudiarla. Ciertamente ésta puede ser de ayuda, sin embargo, por sí sola no garantiza que nuestras dudas sobre la veracidad de las Escrituras serán dispersadas.

La fe es al mismo tiempo gracia y responsabilidad

La razón por la que la evidencia no puede producir fe en nosotros, es porque la fe es gracia concedida por Dios. Estamos acostumbrados a ejercer cierta fe en nuestra vida diaria todo el tiempo. Al sentarnos tenemos fe de que la silla nos sostendrá, creemos que los alimentos que ingerimos no nos matarán, confiamos en que al presionar el pedal del acelerador nuestro vehículo se moverá, etc. Sin embargo, el hombre no puede tener fe salvadora en Jesús de la misma manera que tiene fe en las cosas ordinarias de la vida, ya que el ser humano en su estado natural está muerto espiritualmente (Ef. 2:1), cegado por Satanás (2 Cor. 4:4), es esclavo del pecado (Jn. 8:34) e incapaz de agradar a Dios (Rom. 8:7-8; 1 Cor. 2:14) y la fe salvadora es sobrenatural. 

La fe en Cristo es un don concedido por la gracia de Dios (Hch. 18:27; Fil. 1:29; Ef. 2:8-9; Hch. 11:18; 2 Tim. 2:24-26). La razón por la que un pecador se convierte a Cristo, es porque Dios en Su gracia le concedió arrepentimiento y fe. Esa misma fe que Dios concede al principio al pecador, continúa concediéndola para que el creyente permanezca creyendo. ¿Qué garantía tiene un creyente de que en el futuro seguirá teniendo fe? Nuestra única y suficiente garantía es la fidelidad de Dios, quien en Su gracia ha prometido librar a sus hijos de apostasía (Fil. 1:6; 2:13; Jud. 23; 1 Pe. 1:5; Jer. 32:38-40; Eze. 36:25-27). 

Sin embargo, la fe no es solo una gracia concedida por Dios, sino también una responsabilidad del hombre. Dios ha mandado a todos los hombres a creer en Su Hijo Jesús. El hecho de que la fe es un regalo de Dios, no significa que el hombre queda excusado al no creer. Si una persona toma la decisión de rechazar a Jesús, es responsable de su rechazo ya que fue una decisión libre y real. ¿Cómo entonces puedo tener fe en Jesús y creer la Escritura si esa fe viene de Dios? Esta pregunta nos lleva a nuestro último punto.

Dios utiliza medios de gracia para producir fe en nosotros

Dios ha puesto a nuestra disposición los medios de gracia a través de los cuales Él produce fe en nosotros. Si en tu vida no hay fe, debes esforzarte a entrar por la puerta angosta (Luc. 13:24).

Uno de los medios de gracia que Dios usa para darnos fe, es la oración. Vayamos a Él en oración confesando nuestra falta de fe, roguémosle que abra nuestros corazones y nos conceda la fe que necesitamos (Mar. 9:24; Hch. 16:14).

Otro medio esencial que Dios utiliza para darnos fe es Su Palabra. No olvidemos “que la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo” (Rom. 10:17). Lo mejor que podemos hacer cuando estamos luchando con la duda, es dedicar tiempo a la lectura y meditación de las Escrituras, ya que es por medio de ellas que Dios nos da vida (Stg. 1:18; 1 Pe. 1:23). 

Si ya eres creyente, y te entristece la debilidad de tu fe, estos mismos medios de gracia Dios los utiliza no solo para mantenernos en fe, sino para que nuestra fe pueda ir fortaleciéndose.

Rubén Rodriguez

Rubén Rodríguez es pastor de la Iglesia Bautista Misionera en el Barrio Bélgica, en Ponce, Puerto Rico. Tiene un Bachillerato en Biblia en el Colegio Universitario Bautista de Puerto Rico. Está casado con Rebeca Garayalde Vargas y tienen dos hijos, Ellah y Mikel.

X