Cómo luchar contra el deseo de ver pornografía | Buscando un placer mayor

Nota del Editor: En esta serie especial de 3 artículos le hacemos frente a una epidemia que según algunos estudios afecta al 68% de hombres cristianos y al 50% de los pastores, la pornografía. Es nuestra oración que esta serie sea de ayuda y edificación no solo a hombres sino también a mujeres que están batallando con este mal para que de una vez y por todas encuentren la libertad que está en Jesucristo.

Lee el artículo anterior: Lo que debes saber sobre la pornografía

“Mata el pecado o el pecado te matará a ti” — John Owen.

Ver pornografía es peor de lo que creemos, es un síntoma de un problema más grande — falta de gozo en Dios —, y la gracia de Dios es más poderosa que la pornografía. Esas son tres verdades que toda persona debe saber.

Ahora, demos un paso adelante y hablemos sobre cómo luchar contra el deseo de ver pornografía. ¿Cómo matas un deseo pecaminoso? ¿Cómo somos santificados por Dios?

Nos contentamos con demasiado poco

Hay párrafos que te sacuden la mente y te llevan a hacerte preguntas cruciales. Uno de esos párrafos para mí, ha sido el siguiente de C. S. Lewis. Lo leí hace un par de años en uno de sus sermones clásicos y desde entonces ha sido de mucha ayuda porque me apunta a verdades bíblicas profundas.

“Si en las mentes modernas se esconde la idea de que desear nuestro propio bien y anhelar de todo corazón disfrutar de él es algo malo, propongo que esta idea procede de Kant y de los estoicos, y que no es parte de la fe cristiana. De hecho, si consideramos las atrevidas promesas de recompensa y la naturaleza asombrosa de ésta en los Evangelios, parece que nuestro Señor no piensa que nuestros deseos son demasiados intensos, sino demasiados débiles. Somos criaturas indiferentes que jugamos con la bebida, el sexo y la ambición cuando se nos ofrece un gozo infinito, como un niño ignorante que quiere continuar haciendo flanes de barro en un tugurio porque no es capaz de imaginarse lo que significa pasar unas vacaciones junto al mar. Nos contentamos con demasiado poco“[1].

Vuelve a leer con más atención. Allí Lewis dice, en otras palabras, que el problema de los hombres es que somos muy conformistas y que por eso preferimos el pecado al gozo infinito de conocer a Dios. ¡Boom!

Me pregunté: ¿Eso es bíblico? ¿Cuáles son las implicaciones de eso?

La respuesta a la primera pregunta es sí. La respuesta a la segunda, es que la batalla contra el pecado no consiste simplemente en alejarse del placer, sino en perseguir activamente un gozo infinito, mayor y más deseable que el placer que promete del pecado.

La clave de la lucha efectiva contra la pornografía

El pecado sexual de David se debió a que no tenía gozo en Dios (Salmos 51:8,12). Eso significa que al momento de pecar, David estaba creyendo que esto sería mejor que hacer la voluntad de Dios, conocerlo, estar agradecido ante Él y confiar en sus promesas.

Pero cuando tenemos nuestra mirada puesta en Dios, todo cambia…

“Pues su divino poder nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la piedad, mediante el verdadero conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha concedido sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que por ellas lleguéis a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de la concupiscencia” (2 Pedro 1:3-5, énfasis añadido).

Las promesas de Dios hacen lucir a las promesas del pecado tan ridículas como realmente son. Cuando tenemos ojos abiertos para ver las promesas de Dios en Su palabra y conocerlo a Él, mirar pornografía pierde su atractivo y escapamos de la tentación. Experimentamos verdadera libertad.

Esto se confirma cuando leemos en Romanos 8:13 que debemos matar las obras de la carne (el pecado) en nosotros por el Espíritu, y luego vamos a Efesios 6:17, donde Pablo habla sobre la espada del Espíritu que estamos llamados a empuñar, y vemos que esa arma es la Palabra de Dios. Con ella vencemos la tentación.

Por eso el salmista dice: “En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti” (Salmos 119:11). Somos santificados por la palabra de Dios (Juan 17:17).

Centrados en el evangelio al pelear contra la pornografía

Por tanto, la lucha contra el deseo de ver pornografía es la lucha por confiar más en Dios y estar más alegres por tener las promesas maravillosas de Dios que Cristo obtuvo para nosotros al salvarnos, atesorando a Cristo como más digno de nuestros sentimientos y pensamientos que todo lo demás.

John Piper fue de enorme ayuda para mi comprensión de todo esto que he venido hablando. Él resume:

“¿El poder del pecado es la promesa de los deseos engaños? Entonces nosotros enfrentaremos promesa con promesa… Pondremos a las promesas de Dios contra las tuyas [, pecado]. Nada — nada en este mundo— puede sobrepasar en valor, profundidad, altura y durabilidad a los placeres que Dios promete… La pelea por gozo es la pelea para ver y creer que Cristo es más deseable que las promesas del pecado”[2].

¡Jesús es nuestro Salvador! Su obra fue suficiente para salvarnos. Él es tan valioso que pudo pagar la deuda infinita que teníamos ante Dios. Cristo vale más que todo lo que este mundo pueda darte. Conocerlo día a día es más emocionante, satisfactorio y atrapante que ver pornografía.

Cristo es la verdad, y Él nos habla de que al conocerlo, seremos libres de la esclavitud del pecado (Juan 14:6; 8:31-34). Él es el tesoro que nos libera de la esclavitud de todas las otras cosas a nuestro alcance (cp. Mateo 13:44-45).

La vida cristiana consiste en confiar en Jesús y apreciarlo como más valioso que todo lo demás, a fin de conocerlo más y más (Filipenses 3:7-11). Cuanto más lleno esté tu corazón de Cristo, menos espacio habrá para el pecado.

Adiós pornografía. No hay nada que puedas ofrecerme que yo realmente necesite. Eres mentirosa y te quiero lejos de mí. Váyanse ustedes también, deseos lujurioso. Mueran de hambre. No queremos flanes de barro. Tengo algo mejor. Tengo a Cristo, en quien está toda la plenitud de Dios (Colosenses 2:9). Quiero tener un corazón puro para verlo a Él por siempre (Mateo 5:8). En Su presencia hay plenitud de gozo (Salmos 16:11).

Mi corazón se conmueve al pensar en la gracia de Dios y sus promesas abrumadoras. Por Su gracia, puedo testificar que llegué a ser libre de hábitos pecaminosos que me estaban destruyendo, mientras yo sólo buscaba conocer a Jesús cada día más y más. Él hizo en mí lo que por mucho tiempo yo traté de hacer y no logré. Cristo es así de asombroso. Ahora mi hábito favorito es ver su poder obrando en mi vida y a mi alrededor.

Así se pelea realmente contra el deseo de ver pornografía. Todo plan de acción contra el pecado debe estar basado en esto, porque de lo contrario será legalista y estará condenado al fracaso.

La próxima semana hablaremos más sobre eso.

ACTUALIZADO: Lee la continuación aquí.

[1] C.S. Lewis, The Weight of Glory (1942).

[2] John Piper, When I Don’t Desire God (Crossway, 2004), posición 1775.