Cómo tratar a los que difieren de nosotros (Parte 3 )

Este artículo es la parte 3 de una serie de 7 publicaciones, la que muestra con bases bíblicas cómo tratar a aquellas personas que tienen opiniones distintas, especialmente a quienes difieren sobre la fe en Cristo.  

Sección 2: ¿Qué puedo aprender de los que difieren de mí? 

En la sección anterior, hablamos de la respuesta a la pregunta, “¿Qué deber tengo para con alguien que difiere de mí?”. Es muy importante que en todo ello, uno debe ser continua y plenamente consciente de dicho deber, pues de lo contrario, cualquier discusión estará destinada a ser infructuosa. La verdad que creo haber comprendido debe ser presentada en un espíritu de amor y gentileza. Hacer lo contrario es crear un conflicto con la verdad misma, pues ella es naturalmente más afín al amor que a la hostilidad o al sarcasmo. (Efesios 4:15) Estas disputas, de hecho, pueden reflejar una cierta inseguridad que no se justifica en alguien que realmente está bajo la influencia de la verdad. También puede ser que los siervos de Dios sean movidos a la indignación justa en la presencia de los que detienen con injusticia la verdad” (Romanos 1:18). Esto explica los arrebatos de los profetas del Antiguo Testamento, de nuestro Señor en Su denuncia a los fariseos y de los apóstoles al tratar con diversas herejías y actos de hipocresía en la iglesia primitiva. Estos juicios severos tenían comúnmente el propósito de advertir a los miembros del rebaño, en vez de ganarles a algunas personas que se habían distanciado de la verdad de Dios a un punto tal, que ya no había espacio para la esperanza de recuperación. (Salmos 139:19-22; Isaías 5:8-25; Daniel 5:26-30; Mateo 12:30-32; Hechos 7:51-53; Gálatas 5:12; Apocalipsis 22:15). Pero al tratar con quienes tenemos el deseo de ser una influencia positiva para ellos, necesitamos imperiosamente ser abiertos y llenos de gracia. 

Si estamos seguros de que nuestro enfoque abierto es apropiado, necesitamos, en segundo lugar, cuidar el beneficio interno de la cortesía. Necesitamos hacernos la pregunta, “¿Qué puedo aprender de los que difieren de mí?” No es un egoísmo censurable procurar obtener el beneficio máximo de cualquier situación que encontramos. Verdaderamente es una pena si fracasamos en aprovechar las ventajas de las oportunidades de aprender y desarrollar lo que nos aporta casi toda controversia. 

¿Podría estar equivocado? 

Lo primero que debo estar preparado para aprender es reconocer que estoy equivocado y que la otra persona está en lo cierto. Obviamente, esto no se aplica a ciertas verdades básicas de la fe como la Deidad de Cristo o la salvación por gracia. Toda la estructura de la fe Cristiana está en juego aquí y eso implicaría inestabilidad en vez de apertura como para permitir que estos temas sean erosionados por la duda. Con todo, aparte de los temas en los que Dios mismo ha hablado de modo que la duda y la vacilación son realmente inadmisibles, hay una cantidad de áreas en las que somos temperamentalmente propensos a ser muy enérgicos y en las que es posible que estemos en un error. Cuando no estamos dispuestos a reconocer nuestra falibilidad, revelamos que estamos más interesados en ganar una discusión y en cuidar nuestra reputación que en el descubrimiento y el triunfo de la verdad. La persona que corrige nuestras equivocaciones es verdaderamente nuestro ayudante en vez de ser nuestro adversario, y debiéramos estar agradecidos por este servicio en vez de resentirnos por la corrección. En cuanto a lo que respecta a nuestra reputación, debemos procurar ser conocidos por un apego inquebrantable a la verdad, ¡y no aparentar tener un tipo de infalibilidad que estamos dispuestos a criticar cuando la iglesia católica romana afirma eso mismo de sus Papas! 

Nuestra reputación será más útil si nos mostramos dispuestos a ser corregidos si estamos en un error, en vez de seguir manteniendo nuestra opinión obstinadamente cuando las evidencias muestran que es incorrecto. Debo recibir la corrección. ¡Esta persona en verdad es mi amigo que me está brindando un servicio de señales! Debo responder, “estaba equivocado en esto; me alegra que me lo hayas hecho ver; gracias por tu ayuda”. Por el contrario, los que no están dispuestos a reconocer sus errores, pueden ser considerados testarudos y pueden perder credibilidad. 

¿Cuáles son los hechos? 

En Segundo lugar, de los que difieren de nosotros podemos aprender que nuestras presentaciones, pese a lo correctas que puedan ser, fracasan en encarnar la verdad en su totalidad en el tema en discusión. Aunque lo que afirmamos es cierto, hay elementos de la verdad que, en nuestra torpeza, hemos pasado por alto. Por ejemplo, podemos estar tan preocupados en sostener la Deidad de Cristo que aparentemente no damos lugar a Su humanidad. Como calvinista, puedo hacer tanto hincapié en la soberanía de Dios que la realidad de la decisión humana parece ser descartada. Aquí, también debo estar agradecido en vez de resentido. Las situaciones adversas bien pueden forzarme a prestarle una mayor atención  a la totalidad de la revelación y evitar una parcialidad innata que resulta en una caricatura que daña la verdad del mismo modo que el error real. Muchos de los elementos troncales del cristianismo son , de este modo, “de doble vía, si puedo expresarme de una manera metafórica. Dios es uno aunque en tres personas; Dios es inmanente aunque trascendente; Dios es soberano aunque existe la realidad de la decisión racional; el cuerpo y el alma; el Mediador siendo Dios y también hombre; la justificación y la santificación; las Escrituras de inspiración divina aunque de autoría humana; la responsabilidad individual y corporativa. Se pueden multiplicar los ejemplos. Cuando se pasa por alto uno de los factores, no estamos haciendo un mejor trabajo que el operador de un ferrocarril, que intenta hacer funcionar un tren ordinario únicamente con una sola vía (¡aquí no me estoy refiriendo a los monorrieles!) La persona que difiere de mí puede prestarme un mejor servicio al impulsarme a presentar la verdad en su totalidad y así, evitar las trampas creadas por la falta de énfasis, el énfasis desmedido y las omisiones. De este modo, lo que diga será la verdad completa en vez de decirla a medias!