Soldados de Jesucristo

Cuando el dolor llega golpeando a tu puerta

“Yo, pues, prisionero del Señor, os ruego que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados” (Ef. 4:1). 

Tengo 33 años y fui diagnosticada con artritis reumatoide (AR) a principios del verano del 2017. Mi esposo Pete y yo tenemos tres niños de edad preescolar, y somos plantadores de iglesias en Barlanark, Glasgow. 

Después de tener a nuestros mellizos en mayo de 2015, comencé a tener un dolor insoportable en las articulaciones en diferentes lugares y de manera aleatoria. Desaparecía, luego reaparecía un par de semanas después en una articulación diferente. Cada vez que veía a un médico al respecto, el dolor ya había desaparecido o me decían que lo manejara con analgésicos y volviera si empeoraba. ¡Esto fue bastante frustrante! 

Finalmente, vi a un reumatólogo y me diagnosticaron una forma “atípica” de artritis reumatoide. La AR es una enfermedad autoinmune que causa inflamación articular a la que alguien está genéticamente predispuesto y que puede desencadenarse en cualquier momento. 

Cuando recibí la noticia, no me había dado cuenta de cuánto la enfermedad puede alterar la vida. Solo después de un par de semanas lo leí en internet, y luego el miedo se estableció: miedo a estar inmóvil, a la deformidad de manos y pies y a convertirme en una carga para los demás. La amargura venenosa se filtró en mi corazón y me paralicé en mi mente. No fui a la iglesia ese fin de semana, sintiéndome completamente perdida e incapaz de dejar de llorar. Todas mis convicciones teológicas se paralizaron, mientras me agitaba como un pájaro en una red en el día en que “la vida” se enfrentó a mi fe. Pensamientos como: “¿Dios no quiere que pueda cuidar de mi familia?” pasaban por mi cabeza. Como el discípulo Pedro, yo estaba mirando las olas y hundiéndome. 

El dolor ahora se ha “estabilizado” en mis rodillas y muñecas, siendo peor por las mañanas. Esto ha tenido un impacto significativo en la vida familiar ya que Pete ha tenido que ausentarse del trabajo para hacer cosas simples como vestir a los niños o ayudar con las salidas de la guardería. Esto ha sido pesado para él y afecta a otros que dependen de él. Frecuentemente me siento culpable por esto y ha habido muchas lágrimas, pero estoy agradecida por un esposo paciente y amoroso que me señala a Cristo en estos momentos. 

Comencé esta publicación con las palabras de Pablo sobre vivir una vida digna de nuestro llamado. ¿Estoy diciendo, entonces, que una enfermedad puede ser una vocación? ¡Creo que sí! El llamado no es solo para misioneros y pastores. 

Entonces, ¿Cómo puede la AR ser un llamado cuando se interpone en mi ministerio como esposa de un plantador de iglesias? 

Esa pregunta, que frecuentemente hago, muestra mi incomprensión de la manera en que Dios trabaja. Es natural para nosotros ver las “circunstancias” como una interrupción de la vida. Cuando nuestro equipo de plantación de la iglesia se dispersó el año pasado y Hope Community Church Barlanark no empezó como estaba previsto, hubiera sido fácil verlo como una interrupción o un error. Pero teníamos que confiar en que el tiempo de Dios era perfecto ante un aparente fracaso. No me malinterpreten, eso sí nos afectó; fue un tiempo desalentador. 

Sin embargo, a pesar de que a veces resisto Su plan, sé la verdad: “Porque en el hombre interior me deleito con la ley de Dios”, como Pablo describe en Romanos 7:22. 

Jesús extiende su mano misericordiosa hacia mí diariamente y me rescata de la red. Después de “ese fin de semana” eventualmente me agoté y le pregunté a Jesús qué me estaba enseñando. Afortunadamente, la Palabra de Dios tiene mucho que decir sobre el sufrimiento. Es algo que todos tenemos garantizado. Recuerda, Dios le habló al muy afligido Job del mismo torbellino que destruyó a su familia (Job 38). Sin embargo, Dios permanece siendo intachable y bueno. 

“Sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia” (Ro. 5:3). El sufrimiento para el cristiano nunca es vano o sin sentido, es productivo. 

Por supuesto, esto no significa que debemos fingir alegría incluso cuando estamos en agonía. Espero que no encuentres frívolas mis palabras sobre el sufrimiento. Sé que solo he tomado de la copa que muchos deben beber a diario. Los Salmos están llenos de dolor, pero ese no es el final. Hay un hilo dorado de esperanza recorriendo a través de cada libro de la Biblia: la esperanza de un Salvador, y ese Salvador cambia todo. Algún día el dolor terminará, las lágrimas serán borradas y nuestros cuerpos serán restaurados a la perfección gloriosa más allá de nuestra imaginación. Esa es la seguridad de cada cristiano. 

A los siete años, mi hermano estuvo paralizado durante tres meses por un virus en el cerebro, destruyendo su memoria y habilidades. Mi padre todavía habla con lágrimas recordando las palabras de Jesús acerca de su amigo moribundo, Lázaro: “Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por medio de ella” (Jn. 11:4). 

Este es un pasaje con el que Dios solía hablar profundamente a mis padres durante esa época y desde entonces. Mi hermano se recuperó en mayor medida de lo esperado, pero nadie escapó ileso. El dolor continúa, pero no nos desalentamos. 

Entonces, ¿no deberíamos orar por sanidad? ¡Por supuesto! He clamado a Dios para que me quite el dolor, y afortunadamente el medicamento en el que estoy actualmente, está funcionando. Sin embargo, suprime el sistema inmunológico y tiene efectos secundarios desagradables. Este es un viaje de toda la vida y es probable que haya más dolor por delante. Pero alabo a Dios por la medicina y los médicos, y esta época de alivio. 

Por supuesto, debemos orar por la sanidad, pero con un corazón de obediencia y confianza, alineándonos conscientemente con Su voluntad, no esperando que Él se incline hacia la nuestra. 

Entonces, hermano, ¿cuál es tu llamado? 

Tenemos dificultades garantizadas, pero todos estamos llamados a sufrir bien para la gloria de Dios y el aliento de los demás, sabiendo que: “esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación” (2 Co. 4:17). 

 

Artículo original de 20Schemes | Traducido por Felipe Ceballos Zúñiga

Cara Bell

Cara Bell es esposa de Pete Bell, plantador de iglesias con 20Schemes en Barlanark, Glasgow.

Cara Bell

Cara Bell es esposa de Pete Bell, plantador de iglesias con 20Schemes en Barlanark, Glasgow.

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