Cuando el pecado se ve delicioso

¿Sueles tener esos días en los que solo quieres pecar? El pecado se ve delicioso mientras que la justicia se ve desagradable. El pecado luce satisfactorio y la santidad frustrante. Uno despierta en la mañana con un deseo de hacer lo que sabe que no debería desear. El corazón evoca lo que Dios le dijo a Caín: «El pecado está a la puerta, al acecho y ansioso por controlarte» (Génesis 4:7 NTV). Y uno está ansioso por él.

¿Qué se puede hacer en un día así?

 

Asumir la culpa

«Que nadie, al ser tentado, diga: “Es Dios quien me tienta”. Porque Dios no puede ser tentado por el mal,  ni tampoco tienta él a nadie. Todo lo contrario, cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen. Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte» (Santiago 1:13-15). El pecado se aprovecha de tus deseos pecaminosos prometiendo satisfacción en la expresión y cumplimiento de esos deseos. Asume la culpa por querer pecar. ¡Quieres pecar porque eres pecador!

 

Vigila a Satanás

«Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resístanlo, manteniéndose firmes en la fe…» (1 Pedro 5:8-9). Satanás sabe que eres propenso a pecar y te conoce lo suficiente para conocer tus tentaciones específicas a pecar. En los días que eres tentado a pecar, es posible que estés enfrentando sus ataques. Cuando el pecado se siente extrínseco, como si viniera tanto desde fuera como del interior, prepárate para resistir al diablo.

 

Habla con Dios

«Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo… Oren en el Espíritu en todo momento,  con peticiones y ruegos» (Efesios 6:11, 18a). Cuando te sientas tentado a pecar, se te dice que te pongas toda la armadura de Dios: el cinturón de la verdad, la coraza de justicia, etc. Cada una de estas partes de la armadura se pone y se emplea por medio de la oración. Uno resiste el pecado y la tentación humillándose en oración y clamando a Dios por su fortaleza.

 

Habla con alguien más

«Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz» (Santiago 5:16). Cuéntale a tu esposo o esposa, tu colega, tu amigo, tu compañero de rendición de cuentas. Confiesa tu deseo. Dilo sin rodeos: «Hoy quiero pecar. El pecado se ve deseable, y la santidad aburrida». Pídele oración en el momento y que más tarde te hable para preguntar si y cómo resististe la tentación. Así como ahora pueden orar contigo para pedir la ayuda de Dios, también pueden orar contigo más tarde para alegrarse por su liberación.

 

Predica el evangelio

«Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!» (2 Corintios 5:17). Predícate a ti mismo esta gran verdad del evangelio. Como cristiano, has sido comprado por Cristo. Le perteneces. Eres suyo. Se te ha dado todo lo que necesitas para resistir: la capacidad y el deseo. Eres una nueva creación y puedes como también debes comportarte como tal. Predícate el evangelio y recuerda de quién eres.

 

Resiste la tentación

«Ustedes no han sufrido ninguna tentación que no sea común al género humano. Pero Dios es fiel, y no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que puedan aguantar. Más bien, cuando llegue la tentación, él les dará también una salida a fin de que puedan resistir» (1 Corintios 10:13). Dios promete que no te permitirá ser tentado más allá de lo que puedas soportar, sino que siempre dará una salida. Él proveerá la salida, pero aún necesitas aprovechar esa salida. Habla con Dios, pídele que te aclare esa vía, y que te dé gracia para usarla. A menudo la resistencia a la tentación es tan simple como esto: ¡no peques! Decide que no vas a pecar y luego atente a esa decisión con férrea obediencia.

 

Confía en los hábitos de la piedad

«Por tanto, hagan morir todo lo que es propio de la naturaleza terrenal… Como escogidos de Dios,  santos y amados,  vístanse de afecto entrañable y de bondad,  humildad,  amabilidad y paciencia… Que gobierne en sus corazones la paz de Cristo,  a la cual fueron llamados…» (Colosenses 3:5, 12, 15). La vida cristiana es una obediencia de por vida que consiste en reemplazar patrones y hábitos impíos por hábitos piadosos. Continuamente nos quitamos la vieja naturaleza y nos vestimos de la nueva. Cuando enfrentes la tentación, serás tentado a volver a las viejas tendencias y hábitos. En lugar de ello, rechaza los viejos hábitos de impiedad y apóyate y sigue los hábitos de piedad que has desarrollado.

 

Da gracias

«Estén siempre alegres, oren sin cesar, den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús» (1 Tesalonicenses 5:16-18). Si la tentación nace de un deseo pecaminoso y falsas promesas de satisfacción mediante aquello que Dios prohíbe, la solución es dar gracias. Mientras que la tentación se enfoca en todo lo que no tienes, el agradecimiento se enfoca en todo lo que se te ha dado por gracia. Cuando eres tentado a pecar, agradécele a Dios sus buenos dones. Cuando hayas sido librado de la tentación a pecar, dale gracias por su gracia capacitadora.