Soldados de Jesucristo

¿Hasta cuándo, Señor, estarás mirando?

Enemigos lo rodean, lo acusan falsamente para procurar su destrucción. Se halla cada vez al borde de la muerte. Es perseguido día y noche por multitudes. David, el rey que Dios levantaría para sí, está luchando por mantenerse con vida ante la persecución de sus enemigos. El Salmo 35 relata la oración de David pidiendo la protección del Señor. Algunos comentaristas, y me inclino a pensar eso, creen que David está refiriéndose a la persecución de Saúl que vemos en el libro de 1 de Samuel. Saúl acusa falsamente que David quiere matarlo y que procura su mal, y por eso lo persigue para darle muerte incesantemente.

David derrama su alma ante el Señor, porque si bien ha podido matar a Saúl, no ha querido levantar su espada contra aquel que Dios había ungido, y que sea Dios quién se encargue de Saúl. Y aquí se encuentra clamando al Señor por salvación de los que procuran matarle, y el clamor llega al punto de decir:

“¿Hasta cuándo, Señor, estarás mirando? Rescata mi alma de sus estragos, mi única vida de los leones” (v. 17).

“Tú lo has visto Señor, no calles;
Señor, no estés lejos de mi.
Despiértate y levántate para mi defensa.
Y para mi causa, Dios mío y Señor mío” (vv. 22-23).

David sabe que Dios conoce todo lo que está ocurriendo, conoce los peligros que él vive, sabe que asedian su vida para matarlo. Dios sabe que lo acusan falsamente, que hablan mentiras y procuran su mal. ¿Dios, hasta cuándo callarás y no me salvarás? Pero David no toma las riendas de su causa en sus propias manos, David insiste a Dios en oración, irrumpe incesantemente ante el trono celestial. “¡Dios, haz algo!”, Es el clamor de este siervo. Su vida corre peligro, pero no por eso ha dejado de presentar su causa ante el Dios justo.

Dios es poderoso para salvar a David en un instante de todas sus penas. Y Dios no permitirá que Saúl le mate, sino que prosperará la vida de David. Dios tenía un propósito en todo lo que Él permitió en David, y lo mismo en nuestra vida. Nosotros no debemos olvidar el señorío de Dios, su absoluto y soberano gobierno en todo lo que nos acontece. Debemos confiar en la salvación que viene de Dios, debemos clamar la ayuda divina que se ejecutará sin injusticias o pecado alguno, y nos librará de lo necesario o nos fortalecerá para seguir perseverando en la oración hasta ver la mano de Dios por nosotros. ¿Acaso nosotros podemos librarnos de una mejor manera?

He visto en mi propia vida muchas veces, como desesperadamente buscaba encontrar por mí mismo una salida y no ha resultado en algo bueno. Piensa en Abraham buscando tener un hijo de su sierva y no esperar la promesa de Dios (Génesis 16). Siempre lo mejor es esperar en Dios. No importa cuanto tiempo. Él es digno de toda confianza.

¿Cómo puedo orar a la luz de este salmo?

  • Dios, ayúdame a no buscar defender mi nombre o mi vida por mis propios medios sino descansar en Tu salvación.
  • Ayúdame a poder presentar todas mis causas con fe ante Ti, sabiendo que Tú eres Dios.
  • Ayúdame a no impacientarme al no ver una salida a mis adversidades o circunstancias difíciles, a no desanimarme, a no buscar la salida en mis fuerzas. Por el contrario, que pueda perseverar en oración y obrar justicia en mi vida.
  • Ayúdame a ver mi constante necesidad de orar y encomendar mis causas a Ti.
  • Ayúdame a entender cuán cercano estás a mi y cuánto me amas.
  • Ayúdame a creer firmemente que de Ti viene mi salvación.

Enrique Oriolo

Director Ejecutivo de Soldados de Jesucristo. Miembro de la Iglesia Bíblica de City Bell. Esposo de Tamara, padre de Luz y Paz.