Soldados de Jesucristo

¿Debe ayunar el cristiano?

Todos los días cuando voy a mi oficina, que es un viaje de cinco kilómetros, paso por doce lugares en los cuales venden comida y tres carteleras que están promocionando un especial de comida. A veces comienzo a tener hambre al simplemente ver uno de esos lugares. No cabe duda que el mundo está obsesionado con la comida. Digo “el mundo”, pero la pregunta del título de este artículo tiene que ver con el cristiano: “¿Debe el cristiano ayunar?”. Posiblemente nos suena raro porque nosotros los cristianos también estamos obsesionados con la comida. ¿Cuántos creyentes ponen fotos de su comida en su página de Facebook, le dan like a una receta de un postre maravilloso o cuando hablan con alguien de otro país lo primero que preguntan es sobre la comida típica de ese país? No hay nada malo con todo eso, pero hay algo malo cuando esta obsesión es más fuerte que una disciplina que la Escritura dice claramente que debemos hacer.

¿Qué es el ayuno cristiano?

Para contestar la pregunta del título necesitamos definir el ayuno.  Según Donald Whitney “el ayuno cristiano es la abstinencia voluntaria de ingerir comida con propósitos espirituales”. El Dr. Martin Lloyd Jones explica lo siguiente: “Si verdaderamente consideramos el ayuno, no debemos limitarlo al tema de comida y bebida; el verdadero ayuno debería de consistir en incluir la abstinencia de cualquier cosa que es legítima en sí y para sí por motivo de algún propósito espiritual. Hay muchas funciones corporales que son correctas y normales y perfectamente legítimas, pero que por alguna razón peculiar en ciertas circunstancias deberían de ser controladas. Eso es ayunar”.

John Piper en su libro Hambre de Dios dice: “el ayuno cristiano en sus raíces, es el hambre de la nostalgia por Dios… La flaqueza de nuestra hambre por Dios, no es porque él sea insípido, sino porque nos mantenemos saturados con ‘otras cosas’”.1 La idea central del ayuno es una disciplina o ejercicio para aprender a controlar mis apetitos carnales para que mi apetito por el Señor crezca y así ser satisfecho con Dios. Usamos todos los medios de gracia que el Señor nos da como la oración, la lectura y meditación de la Palabra de Dios, el silencio y retiro, y aun la adoración para alimentarnos y satisfacernos más en el Señor.

Tristemente a veces buscamos nuestra satisfacción más en lo físico que en Dios. Somos fácilmente controlados por el deseo de comer. El ayuno es una disciplina que nos ayuda a desear más a Dios que a la comida. Aprendemos a ser controlados y guiados por el Espíritu Santo y no por nuestros estómagos.

También el ayuno es un don dado por Dios para ejercitar la fe en Cristo. Le decimos a nuestro cuerpo que Cristo es nuestro pan y también le decimos que “no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4:4).

Hay libertad en el ayuno porque nosotros podemos establecer cuándo y cómo ayunar, pero el concepto es igual. Hacer ayuno para enfocarse en Dios requiere disciplina. Cuando ayuno estoy dejando de comer por un período de tiempo para ser más como Cristo, tener comunión con el Espíritu Santo y creciente amor por el Padre. La recompensa del ayuno sobrepasa infinitamente el sacrificio de dejar de comer por un tiempo.

Cesar de comer por un período para meditar en la Palabra, orar la Palabra, reflexionar en la persona y obra de Cristo y para que el Espíritu inunde mi mente y corazón con la gracia que Dios da por medio de esa disciplina no tiene comparación. Ni el mejor plato de comida preparado por el mejor cocinero del mundo se compara con la mesa que el Señor nos ha servido en el ayuno.

¿Qué dice la Biblia acerca del ayuno?  

Si el ayuno es una disciplina que nos ayuda a desear más a Dios que la comida, nos preguntamos: ¿qué dice la Biblia acerca del ayuno? Aunque la discusión en el presente artículo se limita al Nuevo Testamento, recomiendo que el lector visite los pasajes del Antiguo Testamento acerca del ayuno (por ejemplo, Isaías 58:3-11). Primeramente, notemos las instrucciones de nuestro Señor Jesucristo en Mateo 6:16-18; 9:14-17.

Noten las palabras en Mateo 6:16 “y cuando ayunéis”, en 6:17 “pero tu, cuando ayunes” y en 9:15 “Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, y entonces ayunarán”. Donald Whitney dice “Hay una expectativa de parte de nuestro Señor que los creyentes deben de ayunar”.

El apóstol Pablo también ayunó:

  1. Cuando Jesús se le apareció: en Hechos 9:9 leemos que “estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió”.
  2. Cuando el Espíritu Santo lo llamó a las misiones: en Hechos 13:2 leemos que “Mientras ministraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado”. Los líderes de la iglesia de Antioquía estaban ayunando y durante ese tiempo el Espíritu Santo les habló.
  3. Después de su primer viaje misionero: en Hechos 14:23 leemos que “Después que les designaron ancianos en cada iglesia, habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído”.

Es interesante que el apóstol Pablo comenzó su vida en Cristo en ayuno, fue enviado a las misiones en ayuno y concluyó su primer viaje misionero en ayuno.

Aunque la Biblia no nos da una definición clara del ayuno como lo da con conceptos como la fe y la oración, vemos que es una disciplina que se practicaba en la iglesia durante el tiempo de los apóstoles. La iglesia primitiva tenía como costumbre ayunar. Según la Didaché, escrita a finales del primer siglo, dice que la iglesia ayunaba los miércoles y viernes.

¿Por qué debemos ayunar como una disciplina? 

Toda disciplina espiritual es para la piedad.  El apóstol Pablo le dijo a Timoteo “Más bien disciplínate a ti mismo para la piedad” (1 Ti. 4:7). Igual que cualquier ejercicio o disciplina debemos tener un propósito, en este caso es para la piedad. Debemos preguntarnos: ¿en qué área de mi vida necesito esforzarme más para ser más como Cristo?

A continuación reflexiona en algunas razones para ayunar.

  1. Examinar nuestro corazón. El pecado es muy real en la vida de nosotros los creyentes y tenemos que hacer como dijo John Owen “matar el pecado o el pecado nos matará”. R.C. Sproul dijo en una ocasión: “si Dios nos revelara todo lo que hay en nuestro corazón moriríamos, pero Él, en su gracia, nos muestra lo suficiente para que nos arrepintamos”. En el ayuno nos atrevemos a pedir lo mismo que David “Examíname, oh Señor, y pruébame; escudriña mi mente y mi corazón” (Sal. 26:2).
  2. Aprender a sufrir. El ayuno es el ejercicio espiritual de cómo golpear su cuerpo para que sea su esclavo. El sufrimiento puede ser un don de Dios y el ayuno nos ayuda apreciar el sufrimiento. Es igual que el atleta que practica para mejorar en el deporte.
  3. Fortalecer la oración. Todos podemos decir que no oramos lo suficiente. El ayuno nos obliga a depender en Dios cuando tenemos hambre y nos obliga a orar. El ayuno no es oración, pero sí podemos orar cuando ayunamos.
  4. Aprender a estar contentos con lo que Dios nos da. Pablo dice en referencia a la piedad: “Pero la piedad, en efecto, es un medio de gran ganancia cuando va acompañada de contentamiento. Porque nada hemos traído al mundo, así que nada podemos sacar de él. Y si tenemos qué comer y con qué cubrirnos, con eso estaremos contentos” (1 Ti. 6:6-8). El ayuno nos puede ayudar a tener contentamiento con la comida que tenemos y cuidarnos de ser glotones.
  5. Tener compasión por otros. En el ayuno podemos dejar de pensar en nuestras necesidades y enfocarnos en las necesidades de los demás. Dios puede crear compasión hacia los demás cuando estamos ayunando. Algunas cosas que podemos suplicarle para tener compasión son: la salvación de nuestros seres queridos, urgencia en el evangelismo y la vida de quienes están sufriendo.
  6. Vencer la tentación. Jesús fue tentado en el desierto por Satanás cuando estaba ayunando y venció a nuestro enemigo con la Palabra. Cuando ayunamos somos tentados a comer, ocuparnos en otras cosas y hasta enojarnos o ponernos de mal humor por el hambre. Debemos disciplinarnos a usar los medios de gracia que el Señor nos ha dado para vencer la tentación. El ayuno nos puede ayudar a crear un estilo de vida de vencer la tentación y confiar en Cristo.
  7.  Orar por las misiones. En Mateo 9:37-38 leemos: “La mies es mucha, pero los obreros pocos. Por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies”.  En el ayuno podemos rogar al Señor para que envié obreros al campo misionero o si el Señor nos está enviando a su mies podemos ayunar antes de ir como hicieron en Antioquia.

¿Como debo de ayunar?

Hay mucha libertad en cuanto al tiempo y el cómo del ayuno. Antes de darles unas sugerencias sobre cómo ayunar quiero advertirles que si tienen alguna enfermedad como diabetes consulten con su médico antes de ayunar.

  1. Programa tu ayuno. Puede ser espontaneo, pero como toda disciplina si no lo programamos nunca lo vamos hacer. Verifica tu calendario y marca un día para dedicarte al ayuno. Ten una lista de versículos que vas a estar meditando durante el ayuno, una lista de oración y un propósito claro.
  2. Comienza dando pequeños pasos. Comienza con dejar la comida por un breve período de tiempo. Por ejemplo, no participes del desayuno ni del almuerzo el primer día que ayunes. Cuando aprendas a vencer la urgencia de comer puedes hacerlo un día completo. Si no eres disciplinado, no pretendas que vas a poder ayunar todo un día la primera vez. Algunos creen que pueden correr dos kilómetros cuando se cansan caminando a su auto.
  3. Recuerda que cuando estés ayunando tendrás hambre. El ayuno es crear más hambre por Dios. Cuando te de hambre física tómala como tu alarma para usar los medios de gracia que Dios te ha dado para acercarte más a Él. Cada vez que te de hambre, reemplázalo con la meditación de la Palabra de Dios, cantos de adoración y oración. Una manera de ver esto es la siguiente: estás intercambiando una alegría (comer) por el gozo (Dios).
  4. No publiques tu ayuno. El Señor nos enseña “Y cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas; porque ellos desfiguran sus rostros para mostrar a los hombres que están ayunando. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no hacer ver a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mt. 6:16-18). Aprendemos varios principios sobre el ayuno en este pasaje, pero la clave es lo siguiente: “no pongas cara triste”. Por implicación, esta actividad debe producir gozo. No lo publiques en Facebook o Twitter.

En Mateo 6:16-18 Cristo menciona dos veces sobre una recompensa. La primera es en forma negativa sobre los que han recibido su recompensa en público y la segunda es una recompensa del Padre. Podemos confiar en la Palabra de Dios que el ayuno como una disciplina tiene recompensa cuando lo ejercitamos correctamente. Podemos, ahora, confiadamente contestar la pregunta. ¿Debe el cristiano ayunar?

Julio Crespo

Julio Crespo es uno de los pastores en la Iglesia Bautista Central y Director del Programa de Residencia en Plantación de Iglesias, anteriormente ha servido como pastor de la Iglesia Bautista Buenas Nuevas y Glorious Grace Ministry en Lilburn, Georgia por seis años. Creció en Aguada, Puerto Rico y en 1992 se unió a la Fuerza Área donde aún sirve como Capellán Reserva en Maxwell AFB, Alabama. Completó su licenciatura en Ingeniería Electrónica en la Universidad Interamericana de Puerto Rico y posee una Maestría en Divinidad con énfasis en la Gran Comisión del Southern Baptist Theological Seminary. Está gozosamente casado con Jamilie y es padre de cuatro hijos: Jaziel, Ezequiel, Immanuel, y Odeily.

Conferencia 2017 - Ante Su Palabra

Julio Crespo

Julio Crespo es uno de los pastores en la Iglesia Bautista Central y Director del Programa de Residencia en Plantación de Iglesias, anteriormente ha servido como pastor de la Iglesia Bautista Buenas Nuevas y Glorious Grace Ministry en Lilburn, Georgia por seis años. Creció en Aguada, Puerto Rico y en 1992 se unió a la Fuerza Área donde aún sirve como Capellán Reserva en Maxwell AFB, Alabama. Completó su licenciatura en Ingeniería Electrónica en la Universidad Interamericana de Puerto Rico y posee una Maestría en Divinidad con énfasis en la Gran Comisión del Southern Baptist Theological Seminary. Está gozosamente casado con Jamilie y es padre de cuatro hijos: Jaziel, Ezequiel, Immanuel, y Odeily.

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