“El día que fue erigido el tabernáculo, la nube cubrió el tabernáculo, la tienda del testimonio, y al atardecer estaba sobre el tabernáculo algo que parecía de fuego, hasta la mañana. Así sucedía continuamente; la nube lo cubría de día, y la apariencia de fuego de noche. Y cuando la nube se levantaba de sobre la tienda, enseguida los Israelitas partían; y en el lugar donde la nube se detenía, allí acampaban los Israelitas. Al mandato del Señor los Israelitas partían, y al mandato del Señor acampaban; mientras la nube estaba sobre el tabernáculo, permanecían acampados. Aun cuando la nube se detenía sobre el tabernáculo por muchos días, los Israelitas guardaban la ordenanza del Señor y no partían”, Números 9:15-19.

Dios libró a su pueblo de la opresión de Egipto, y prometió llevarlo a un territorio donde fluía la abundancia, Él quitaría todas las naciones enemigas de esos territorios y daría esas tierras al pueblo que libertó de la esclavitud.

Pero Dios no lo hizo inmediatamente, Él guió al pueblo de Israel por el desierto en pos de esas tierras. Lo guió por medio de su siervo Moisés. El pueblo debía depender de Dios día a día para su alimentación con el maná que caía del cielo, con el vestido y calzado que no se estropearía, y con la dirección de cuando debían avanzar y cuando debían mantenerse en el mismo lugar. Dios los libró de Egipto, no para dejarlos morir en el desierto, sino para que ellos aprendieran a depender completamente de Su Palabra.

Esto se manifestaba, en medio de otras tantas formas, en la dirección del pueblo de Israel, la presencia de Dios se hacía manifiesta en una nube que estaba sobre el Tabernáculo de reunión (lugar donde estaba el arca del pacto y se ofrecían los sacrificios). Cuando esta nube se levantaba y movía, el pueblo inmediatamente debía levantar todo y moverse. Y cuando se quedaba quieta el pueblo mantenía su posición. Nadie sabía cuándo la nube se movería. Ellos debían estar atentos constantemente, cada día, a la nube que los dirigía. Y obedecer la orden del Señor.

Podemos estar tentados en pensar que hoy nosotros no tenemos una nube que vemos con nuestros ojos para movernos o detenernos según la ordenanza del Señor, pero la verdad es que tenemos algo mayor todavía, tenemos la Palabra de Dios revelada en la Biblia. Cada día podemos ir a ella y ver allí lo que Dios quiere para nosotros, un día a la vez. Como dijo David: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz para mi camino.” (Salmo 119:105). Así como el pueblo de Israel acataba la ordenanza de Dios al ver el comportamiento de la nube, nosotros debemos acatar la ordenanza del Señor al abrir las Escrituras. Así como Israel: cada día debemos depender de la Palabra del Señor para saber qué decisiones tomar y dónde dirigirnos.

El pueblo de Dios en el desierto miraba hacia la nube y dependía de la nube para recibir la dirección del Señor. Nosotros, el pueblo de Dios de este lado del peregrinaje, miramos hacia las Escrituras y dependemos de las Escrituras para recibir la dirección del Señor.

¡Que maravilloso privilegio!

Director Ejecutivo de Soldados de Jesucristo. Miembro de la Iglesia Bíblica de City Bell. Esposo de Tamara, padre de Luz y Paz.