Soldados de Jesucristo

Depresión: causas y cura | Parte 1

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“¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez. ¡Él es la salvación de mi ser, y mi Dios!” (Sal. 42.11).

En este mundo en que vivimos la depresión es una realidad tanto entre cristianos como no cristianos. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, se calcula que afecta a unos 350 millones de personas en todo el mundo.1 Afecta a todos, ricos y pobres; jóvenes y viejos, profesionales y no profesionales, hombres y mujeres.

La depresión de la que hablaremos en este artículo, no es la tristeza o desaliento ocasional que nos afecta a todos, sino de un estado de ánimo caracterizado por la tristeza, el desánimo, la falta de energía, interés y motivación, que puede crecer hasta afectar una o varias áreas de la vida tales como el matrimonio, el trabajo, los estudios y otras más.

Exploremos a continuación qué aspectos debemos considerar a la hora de aconsejar un creyente deprimido.

Síntomas de la depresión

En primer lugar, veamos los síntomas que puede presentar una persona con esta condición. Cuando una persona está deprimida experimenta síntomas que afectan tanto lo físico como lo espiritual, porque hay una interrelación entre nuestro cuerpo y nuestra alma, lo que la Escritura describe como el hombre interior y el hombre exterior (2 Co. 4:16).

Dentro de los síntomas físicos podemos mencionar la falta de interés en las actividades cotidianas, no cumplir con sus responsabilidades, la persona no quiere levantarse en la mañana, no quiere cocinar, come mucho o poco, gana o pierde peso, duerme mucho o poco, o sufre de insomnio, habla mucho o habla poco, culpa a otras personas de su situación, se torna irritable o se aísla, o tiene dependencia de otras personas porque no quiere que lo dejen solo.

Dentro de los síntomas espirituales podemos citar la falta de gozo, el no experimentar el amor de Dios, pensar que Dios los ha abandonado, el estar centrados en sí mismos y no en Dios, un sentimiento de culpabilidad sin fundamento, vergüenza, dudas de su salvación, sentirse sin rumbo y propósito en la vida, entre otros.

Un ejemplo que encontramos en la Biblia de estos síntomas es el de Job en 7:1-7. En el versículo 1 dice que la vida del hombre es una lucha, un trabajo forzado. Al momento de decir esto Job tenía un sentido de vacío. En los versículos 3-4 vemos que tenía problemas de insomnio, porque dice que nunca amanecía y estaba lleno de inquietudes hasta el alba. Los días corrían rápido y no tenía esperanza, era una persona cansada de la vida, cuyos ojos no volverían a ver el bien (6-7).

Causas de la depresión

En segundo lugar debemos evaluar las causas que pueden conducir a la depresión, que también pueden ser físicas y/o espirituales. Cito a Jim Newheiser: “Los cristianos reconocemos que tenemos una naturaleza dual – cuerpo y alma (2 Co. 4:16; 5:8), lo que pasa al cuerpo afecta el alma (Job 2), y lo que sucede al alma puede influenciar el cuerpo (Pr. 14:30; 17:22; Salmo 38:1ss). La depresión siempre tiene un componente espiritual y usualmente tiene un componente físico”.2

Dentro de las causas físicas que contribuyen a la depresión podemos mencionar el efecto colateral de ciertos medicamentos, enfermedades o trastornos de salud, entre los que podemos citar: los problemas cardíacos, el hipo o hipertiroidismo, la hipoglicemia o el cáncer, enfermedades como el Alzheimer, la esclerosis múltiple, derrames cerebrales y tumores en el cerebro. Tenemos también una alimentación desbalanceada, la falta de ejercicio físico, falta de sueño y la falta de descanso por un exceso de trabajo.

Nota: Es importante destacar que para tratar las causas físicas el aconsejado debe acudir a un médico para descartar cualquier condición de salud que lo esté afectando. 

Causas espirituales de la depresión

  1. Sentimientos de culpa por pecados no confesados
    Dentro de las causas espirituales podemos mencionar primero los sentimientos de culpa por pecados no confesados a Dios. En el Salmo 32 tenemos el caso de David, donde se describen los efectos de haber callado su pecado luego de su adulterio con Betsabé y el asesinato de Urías heteo, esposo de Betsabé. Él nos dice que cuando calló su cuerpo se consumió con su gemir todo el día (v. 3); que sentía la pesada mano de Dios de tal manera que su vitalidad se desvanecía con el calor del verano (v. 4). Todo esto es un espíritu de pesadez, de desánimo, abatimiento, tristeza y oscuridad que había caído sobre David; la vida se había convertido en una carga para él, y permaneció en esa condición hasta que trató bíblicamente con su pecado y lo confesó a Dios, y fue restaurado (vs. 5-6; Pr. 28.13).
  2. Respuestas no bíblicas a circunstancias de la vida
    En segundo lugar, los cristianos se deprimen cuando responden de una manera no bíblica a las diferentes circunstancias que se presentan en sus vidas, como son las tareas y las responsabilidades que los abruman, las circunstancias difíciles, decepciones o pruebas. En Deuteronomio 1:22-29 tenemos el relato de lo que le sucedió a los israelitas antes de entrar en la tierra prometida. Cuando recibieron el reporte de los espías que habían enviado a reconocer la tierra que ellos debían reclamar, se llenaron de temor y se desanimaron, al oír que había gigantes en esas tierras. Ellos pensaron que Dios les estaba pidiendo una tarea que ellos no podían llevar a cabo y se decayeron y se deprimieron.
  3. Auto lástima
    En tercer lugar, los creyentes se deprimen cuando sienten auto lástima, como el caso de Asaf en el Salmo 73. Él tuvo una perspectiva no bíblica de la vida, ya que veía a los impíos prosperar mientras él pensaba que había sido en vano haber vivido piadosamente. Esto lo llevó a sentir envidia de ellos (v. 3) y a deprimirse (vs. 12-14). Cuando vio la vida desde una perspectiva bíblica, él entendió el fin de ellos y de los privilegios que gozaba, y pudo salir de su depresión (vs. 16-17).
  4. Sentirse atrapados
    Una última razón es sentirse atrapados en una circunstancia específica a la que no le ven salida. Esto puede ser una persona que está enferma y visita a diferentes médicos y no mejora, o el caso de una persona que no puede cumplir con sus compromisos financieros mes tras mes, y la situación se le va poniendo cada vez más difícil, o la persona casada cuyo cónyuge le hace la vida imposible. Una mujer que anhela ser madre y no ha podido salir embarazada, o la soltera que anhela casarse y no le llega ese compañero.

Eduardo Saladín Zacarías

Eduardo Saladín Zacarías fue llamado a salvación por la gracia de Dios conjuntamente con su esposa a través del ministerio de la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en 1981. Graduado de administración de empresas con una Maestría en Negocios, es propietario de una empresa de Artes Gráficas. Desde el año 1985 pertenece al cuerpo de pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo. Tiene un Doctorado en Teología, Consejería y Manejo de Conflictos en Trinity Theological Seminary, Indiana, Estados Unidos. Es miembro de la Association of Certified Biblical Counselors (ACBC) y productor del programa Entendiendo los Tiempos que se transmite por radio y televisión. Está casado con Patricia Acebal, tiene tres hijos: Rosalía, Sarah y Eduardo y seis nietos: Patricia, Daniel, Samuel Elías, Nazario, Said y Noor.

Eduardo Saladín Zacarías

Eduardo Saladín Zacarías fue llamado a salvación por la gracia de Dios conjuntamente con su esposa a través del ministerio de la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en 1981. Graduado de administración de empresas con una Maestría en Negocios, es propietario de una empresa de Artes Gráficas. Desde el año 1985 pertenece al cuerpo de pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo. Tiene un Doctorado en Teología, Consejería y Manejo de Conflictos en Trinity Theological Seminary, Indiana, Estados Unidos. Es miembro de la Association of Certified Biblical Counselors (ACBC) y productor del programa Entendiendo los Tiempos que se transmite por radio y televisión. Está casado con Patricia Acebal, tiene tres hijos: Rosalía, Sarah y Eduardo y seis nietos: Patricia, Daniel, Samuel Elías, Nazario, Said y Noor.

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