El corazón que confía y obedece

El corazón que confía y obedece

“Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia”

Lc. 1:38

Hemos leído los versículos sobre el nacimiento de Jesús tantas veces y son tan familiares que, pocas veces, pausamos para meditar sobre ellos.

María fue una jovencita real, pero pareciera que nos olvidamos de que lo que estamos leyendo no es una leyenda sino algo que realmente le sucedió a ella. Cuando el ángel se le presentó, nadie estaba esperando al Señor. Era un día ordinario para María, ella estaba haciendo lo que normalmente hacía en su día a día cuando de repente, un ángel interceptó su vida.

No fue algo rutinario porque el mismo capítulo de Lucas versículo 29 nos dice, “pero ella se turbó mucho.” Imagina a una de nosotras trabajando en lo que normalmente hacemos cuando de repente un ser espiritual se presenta y dice a gran voz: “¡Salve, muy favorecida! El Señor está contigo; bendita eres tú entre las mujeres” (Lc. 1:28). ¿Qué emociones crees que tendríamos? Me imagino que María sentía miedo y obviamente estaba confundida porque la misma Palabra nos dice que “se preguntaba qué clase de saludo sería éste” (Lucas 1:29).

Aunque era una jovencita, ella no huyó del ángel, sino que tuvo el coraje de esperar lo que él tenía que decir, y lo que dijo, humanamente fue absurdo. “Y he aquí, concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús” (Lc. 1:31). Una virgen, soltera, dará a luz a un bebé antes de conocer a un hombre.

¿Qué pensarías tú si el ángel te lo hubiera dicho a ti? ¿No crees que tendrías algunas dudas? Quizás te preguntarías, ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde?

Reflexionemos sobre esto, en los tiempos en que María vivió, a diferencia de hoy, no era aceptable que una mujer soltera resultara embarazada; la pena en esa época era la muerte. ¿Cómo iba explicar esto a sus padres, al resto de la familia, a los vecinos? ¿Y cómo se lo diría a su prometido José? Sin intervención divina ¿crees que le iban a creer?

Obviamente, si nuestro Señor la eligió a ella para dar a luz al Salvador del mundo, tuvo que ser una mujer excepcional quien vivió una vida digna y dedicada a Él.  Y su respuesta confirma esto “He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra” (Lc. 1:38). ¡Sin pedir detalles ella dijo que sí!

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Pero lo más increíble se ve en el resto del versículo. Ella acaba de dar una respuesta asombrosa y el ángel sin explicar se fue de su presencia. ¡Sin cuestionar a Dios, ella dijo que sí!  Su fe en la sabiduría de Dios y en su soberanía era tal, que no importaban las consecuencias, ella lo seguiría (Romanos 8:28). Estoy segura de que ella no entendió totalmente el plan que Dios tenía, y como no hay nada nuevo bajo el sol, seguro tenía muchas preguntas pero sin reserva siguió Su plan.

Confió en que el plan de Dios era perfecto (Romanos 12:2) y, por ende, no había necesidad de dudar de Él. Esto nos habla de la relación que ella tuvo con su Señor. Ella entendió “porque en Él vivimos, nos movemos y existimos” (Hechos 17:28) y su respuesta demostró su humildad frente a Él, y obedeció a Romanos 12:1 que nos dice “que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es vuestro culto racional.”

Al José aceptar el reto con María, estoy segura de que ellos dos junto con sus familias, experimentaron todas las emociones conflictivas que una situación así debía traer a sus vidas. Era una situación que cambiaría sus vidas radicalmente, ellos tenían que sentirse fuera del control, dependiendo total y absolutamente de la misericordia de Dios. Una situación que traería críticas, escepticismo y uno puede imaginar la incertidumbre que ellos podían tener sobre el “¿qué dirán?” Pero seguían adelante confiando en un Dios todo poderoso.

¿Y nosotras? ¿Estamos siguiendo los planes del Señor sin titubear? Como los planes del Señor nunca son como los nuestros (Isaías 55:8-9), no es raro que las peticiones que el Señor nos hace sean incómodas, aparentemente difíciles, dolorosas y no siguen la lógica humana. Y la realidad es que si dependiera de nosotras así no serían nuestros planes, pero gracias a Dios que es Él y no nosotras quien planea para nuestra vida.

María tampoco estuvo exenta al dolor por obedecer a Dios. En el final del embarazo ellos tuvieron que salir para un censo a su pueblo natal. Un viaje que no fue en avión, ni en carro, sino sobre un animal y ella con una barriga de 9 meses de embarazo. María tenía que dar a luz en un establo y el único sitio que tuvo para colocar a su hijo fue un pesebre.

Y cuando en obediencia, lo presentaron en el templo al séptimo día, Simeón le dijo “una espada traspasará aún tu propia alma” (Lucas 2:35). Imagínate viviendo toda la vida con esta sentencia sobre ti.  Y en el final de la vida de su hijo, ella experimentó toda la angustia imaginable al verlo rechazado, torturado y morir una muerte dolorosa y brutal que se daba a un criminal en la cruz. ¡Imagina el dolor sabiendo que Él no había hecho nada, y reconociendo que Él era El Salvador! El Rey del universo, el Mesías ¡se encontraba desnudo en una cruz mientras moría!

Imagino que la única cosa que ayudó a María fue que no tenía duda de Él, ella le reconocía como su Salvador. Aunque todo lo que pasó fue doloroso, con Su resurrección y la llegada del Espíritu Santo con la revelación de lo que ocurrió, ella había experimentado de primera mano el plan maravilloso de redención para el mundo.

Y como El Señor no cambia (Heb. 13:8), Él también nos pedirá a nosotras hacer cosas que no entendamos, cosas que duelen, cosas que no podemos controlar. ¿Tenemos la fe que María tuvo para decir sí sin titubear?  ¿Estamos dispuestas a caminar saliendo de nuestra zona de confort para seguir al Señor? ¿Estamos dispuestas a dejar lo conocido y caminar en lo desconocido tomadas de la mano del Señor para ir donde Él quiere, hacer lo que Él quiere y en la forma en que Él quiere?

Es a través de estas circunstancias que nuestra fe crece y Su presencia nos llena (Juan 14:21). Sino obedecemos perdemos la oportunidad y el privilegio de ser una persona utilizada por Dios en sus maravillosos planes.

Quiero terminar con un poema escrito por M. Louise Haskins en 1908 y que fue transmitido como parte del discurso del Rey Jorge IV en su mensaje para la navidad en 1939. Un tiempo de muchas tinieblas porque fue el año que comenzó la segunda guerra mundial:

“Yo dije al hombre que guardaba la puerta de la vida:

“Dame una luz para que pueda caminar con seguridad hacia lo desconocido.”  Y él me dijo “entra en las tinieblas y pon tu mano en la mano de Dios. ¡Esto será para ti más útil que una luz y más seguro que un camino familiar!” Entonces me puse en camino y al encontrar la mano de Dios, marché alegre al corazón de la noche”.

Mi oración es que, aunque nuestros tiempos son diferentes, aunque las peticiones del Señor también son diferentes, nosotras podamos caminar en obediencia agarradas de la mano de nuestro Señor y con una fe segura en que Él hará Su plan perfecto a través de nosotras.

¡Feliz Navidad!