¿El embarazo prematrimonial anula el «yugo desigual»?

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¿El embarazo prematrimonial anula el «yugo desigual»?

e gusta mucho el programa «Ask Pastor John» (Pregúntale al pastor John) y a menudo me resulta provechoso escuchar o leer sus respuestas a las más de 1.200 preguntas que hasta ahora ha abordado. Esto refleja toda una vida de estudiar la Escritura y aplicar sus principios. Hace poco respondió una pregunta sobre si el embarazo prematrimonial anula el principio del «yugo desigual» y yo quiero interactuar un poco con el asunto. Esta es la pregunta:

Una joven pareja de nuestra iglesia no se ha casado, y tienen un hijo. Ahora están viviendo en castidad, separados. El hombre no es creyente; ella lo es. Ellos tienen planeado casarse, aunque yo le he aconsejado a ella que no se case con él a menos que se vuelva creyente (basado en 2 Corintios 6:14-18). En términos categóricos, ¿estoy en lo correcto en este punto? ¿O el hecho de traer juntos un hijo al mundo descarta el principio de Pablo sobre el «yugo desigual»?

La respuesta de John Piper no es de sorprender para quienes conocen su ministerio y teología. «Creo que la interpretación y los instintos de Patrick son correctos». Él apunta a 1 Corintios 7:39 como texto clave: «La mujer está ligada a su esposo mientras él vive; pero, si el esposo muere, ella queda libre para casarse con quien quiera, con tal de que sea en el Señor», y señala: «Esa es la declaración explícita de Pablo. Los cristianos solo se casan con personas “en el Señor”, que son cristianas». Él dice: «Pienso que estos mandatos del apóstol permanecen como una pauta perpetua para el matrimonio en la iglesia cristiana, y el hecho de que una persona haya tenido sexo antes del matrimonio, o incluso haya tenido un hijo antes del matrimonio, no cambia esta instrucción».

Él también recurre a 1 Corintios 6:15-18 para mostrar que la unión en una sola carne no crea el pacto matrimonial. Por lo tanto, dos personas que duermen juntas o conciben un hijo no están ahora obligadas a casarse. «La unión sexual es valiosa, única y profunda. El propósito de Dios es que sea la consumación de un pacto matrimonial. Pero por sí misma —aislada en algún burdel o en alguna casa en la playa en la adolescencia— no crea un pacto. Aislada del pacto matrimonial, no crea un pacto matrimonial».

En general concuerdo con Piper, con sus conclusiones y con el razonamiento bíblico por el que llega allí. Está claro: ni el sexo ni el embarazo crean un pacto matrimonial; por lo tanto, ni el sexo ni el embarazo son razones apropiadas para transgredir un principio escritural. Aprecio mucho su clara preocupación pastoral y su deseo de aplicar cuidadosamente la sabiduría bíblica a una situación difícil. Pero sí creo que hay circunstancias en las que el consejo opuesto se puede considerar como una alternativa legítima.

(Nota entre paréntesis: el hecho de que haya enfoques variados a un asunto como este demuestra que deberíamos tratarlo con cautela y humildad. En tales casos, me parece que el rol del pastor no es exigir una acción antes que otra, sino aconsejar acerca de la que le parece más bíblica, y dejarle la decisión a la persona. Él tiene que ser explícito sobre si quiere comunicar: «Creo que un enfoque es correcto y el otro pecaminoso», o bien: «Creo que ambos enfoques son potencialmente válidos, pero este es el que me parece más coherente con la Escritura».

Una dificultad inherente en cualquier enfoque de «columna de consejos» es que plantea una pregunta sin proveer mucho contexto, incluso contexto que puede ser útil o aun crucial para evaluar la situación apropiadamente. En este caso, esto es lo único que sabemos: la pareja es joven; la mujer está embarazada del hijo del hombre; actualmente viven en castidad, separados; y ella es creyente pero él no. La realidad de sus vidas es, desde luego, tan colorida y compleja como la tuya o la mía.

Ahora bien, ¿cómo podría pensar de un modo diferente acerca de esta situación? Introduciré mi respuesta con esto: no queremos operar como pragmáticos que sopesan los pros y los contras de diferentes enfoques y escogen el que parezca el menos ofensivo o el más propicio. Tampoco queremos operar como relativistas que tuercen la verdad para ajustarla a nuestras situaciones. Más bien queremos operar como cristianos que reconocen la necesidad de indagar y prestar atención a la sabiduría de la Biblia.

No obstante, la Biblia no habla de manera clara e inequívoca acerca de este asunto. No dice: «Debes casarte con un incrédulo con el que hayas concebido un hijo», o: «No debes casarte con un incrédulo con el que hayas concebido un hijo». Esto significa que debemos mirar principios bíblicos más amplios y aplicarlos a esta situación específica. Y, en efecto, eso es exactamente lo que ha hecho Piper. Pero tal como hay un principio que diría: «Ellos no deben casarse», creo que podríamos hallar un principio que indique: «Puede ser aconsejable que se casen». Ese principio se encuentra en el énfasis de la Biblia sobre la familia, en lo buena que es la familia, en los roles únicos del padre y de la madre, etc. (Para considerar: instrucciones para la crianza de hijos en Efesios 6:4; la necesidad de provisión en 1 Timoteo 5:8; el principio de «quédate como estás» en 1 Corintios 7:10-17; etc.). La Biblia deja claro que la familia es valiosa y buena y no debe alterarse. Obviamente supone que los hijos son posteriores a la boda y no previos. Generalmente (aunque no exclusivamente) supone que los hijos son criados por dos padres cristianos. Pero fue escrita en un tiempo y una cultura muy distante de la nuestra y eso nos hace tener que preguntar: «¿Cómo aplicamos esto hoy, en una cultura como esta?».

La realidad del mundo occidental de hoy es que las familias existen allí donde no hay matrimonio. En el pasado, el matrimonio iniciaba una nueva familia, pero hoy a menudo meramente formaliza una que ya existe. La cohabitación da su bendición social no solo al vivir y dormir juntos, sino a tener hijos juntos. Aquí en los suburbios de Canadá, he visto a muchas parejas vivir juntos durante años y tener hijos mucho antes de finalmente casarse. La sociedad los considera una familia, el trabajo los considera una familia, el gobierno los considera una familia, y, por supuesto, ellos se consideran una familia. El hecho de que tengan diferentes apellidos y no hayan intercambiado votos se considera completamente irrelevante. Como cristianos, erraríamos si los consideráramos casados, pero también erraríamos si no los consideráramos una familia o al menos como una familia.

Creo que en la situación de la que habla Piper podemos suponer que esta es una joven pareja que comenzó una relación sexual y tuvieron un hijo. Nunca fueron una familia. En tal situación, probablemente yo concordaría con su consejo; puede ser lo más sabio y coherente con la Escritura que no se casen. Pero una situación con la que muchos pastores han tenido que lidiar (o pronto tendrán que hacerlo) es algo como esto: «Hemos vivido juntos por años. Tenemos hijos y los estamos criando como padre y madre. Yo me he vuelto cristiana, pero él no. Él está dispuesto a casarse. ¿Debería casarme con él?». Un escenario como este nos deja «atrapados» entre dos cosas que la Biblia nos llamaría a evitar: por una parte, destruir una familia, y por otra, unirse en yugo desigual. Pero decirles que no deben casarse es decirles que hagan algo cercano al divorcio: separar lo que esencialmente es una familia. En tales situaciones, y especialmente donde no solo hay embarazo sino que ya hay hijos, quizá sería mejor aconsejar algo como esto: dejen de dormir juntos hoy, cásense mañana; sigan siendo una familia.

Allí donde el pecado y la ignorancia han echado raíces profundas, nunca habrá respuestas fáciles o soluciones indoloras. Separar una familia es difícil y doloroso; casarse con un incrédulo está destinado a ser difícil y doloroso. Lamentablemente, a veces las únicas soluciones que tenemos a disposición son dolorosas y menos que perfectas. En situaciones como la que John Piper y yo hemos respondido, debemos considerar en oración las palabras específicas y los temas generales de la Escritura, luego atender audazmente a la sabiduría y la conciencia, confiando en que el Señor está presto y es capaz de perdonar todo pecado y redimir todo problema.

(Después de escribir este artículo, encontré otro excelente en inglés de D. A. Carson, quien hace un trabajo mucho mejor que el mío al responder una pregunta similar. Él dice: «Uno no puede “deshacer” esta sostenida unión sexual de hecho. Por lo tanto, exigir que una pareja se separe después que han vivido, digamos, cinco años juntos, quizá con uno o dos hijos, simplemente no funcionará. A lo que se debe instarlos es que se “casen” legalmente, es decir, públicamente, de acuerdo con los estándares culturales del estado»).