El pastor y el dinero

Puedo identificarme con las palabras de un pastor al que aprecio mucho, él dijo: “Me da vergüenza que me pregunten en la calle a qué me dedico, me da vergüenza tener que decir que soy pastor”.

Por supuesto, él y tampoco yo, nos referimos al privilegio no merecido de ser ministros del evangelio. Esa es una honra que está incluso por encima de todo el que sirve detrás de un púlpito, sin embargo, es muy cierto que hay una percepción social generalizada muy negativa al respecto de esta labor que viene precisamente por hombres avariciosos y probados estafadores que han cultivado con creces esta reputación mayormente en América Latina.

La biblia no es escasa en advertencia al respecto de cómo deben conducirse los pastores en relación con el dinero. Una y otra vez se amonesta acerca del peligro del amor al dinero (1 Tim 6:9), la avaricia (2 Ped 3) y las ganancias deshonestas (Tít. 1:7), en efecto no se trata de un tema menor. Los creyentes, y en mayor medida los pastores, deben vivir al margen de escándalos que puedan estar asociados al dinero.

Si bien es cierto que los pastores son administradores, no es acerca de asuntos materiales principalmente, sino de los misterios de Dios. De modo que la conducta de un pastor respecto al dinero no va más allá que la que debe caracterizar la buena mayordomía de cualquier creyente.

Lo que pretendo en este escrito, es mostrar a través del ejemplo del apóstol Pablo algunos principios acerca de cómo deben conducirse los pastores y líderes en la iglesia en relación con el dinero, considerando no solo la autoridad, sino la forma de vida del Apóstol y como él mismo nos instruye en 1 Corintios 11:1:  “sed imitadores de mí, como yo lo soy de Cristo”.

Pablo como ejemplo de contentamiento

“Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. (Fil 4:12-13)

No cabe duda de que el combustible de la avaricia es la falta de contentamiento. El no estar conformes con lo que el Señor provee, y aunque este es un principio para todo creyente, lo es mayormente para los que sirven en el púlpito como pastores y administradores del rebaño del Señor.

El propósito del ministerio no es que tengamos estabilidad económica o hacernos ricos. Dios llama a los suyos para servir con amor, es cierto que algunas garantías deben estar dadas en cuanto al sustento necesario, finalmente, lo que hacemos lo hacemos para el Señor y es de Él de quien dependemos.

El Señor mismo dio ejemplo no siguiendo las riquezas de este mundo. También lo estableció como principio al ordenar a sus discípulos no buscar recibir muchos bienes, porque no es esa la meta final del ministerio.

Ver el ministerio como una fuente de ganancias es tener una perspectiva equivocada del llamado de Dios. Los pastores, entonces, deben desarrollar una actitud que reconozca la soberanía de Dios en cualquier circunstancia. Ya sea de eventual abundancia, o de eventual escases.

En Palabras del mismo Pablo a Timoteo:

“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto”. (1 Tim 6:6-8).

Pablo como ejemplo de transparencia

“y no sólo esto, sino que también fue designado por las iglesias como compañero de nuestra peregrinación para llevar este donativo, que es administrado por nosotros para gloria del Señor mismo, y para demostrar vuestra buena voluntad; evitando que nadie nos censure en cuanto a esta ofrenda abundante que administramos, procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres”. (2 Cor 8:19-21)

Después de andar por las iglesias de la región de Macedonia, Pablo se disponía a llevar una ofrenda que había sido recogida durante su peregrinación para los hermanos necesitados de Jerusalén; sin embargo, lejos de abusar de su autoridad como Apóstol, lo que hace es pedir a la iglesia que designe a unos hermanos piadosos que vayan con él para que den testimonio de cómo iba a administrar esta ofrenda entre los santos, considerando que era mucha.

El motivo de Pablo no es otro que cuidar su propio testimonio, y al mismo tiempo, dar un ejemplo de transparencia y honradez.

Esto no se parece mucho a la manera oculta en que muchos pastores actualmente manejan sus finanzas, o en su defecto, están rodeados de familiares o personas de su círculo cercano con quienes administran grandes riquezas y en muchos de los casos, a espaldas de la congregación y hasta las leyes civiles.

No es recomendable para un pastor inmiscuirse en asuntos de dinero en la iglesia y las iglesias deberían proteger a sus pastores de esto. No es el pastor o su familia quienes deben contabilizar el dinero o administrar las cuentas de banco, y menos tener las propiedades a su nombre. Esto no es sano para él y tampoco para el testimonio del Evangelio.

Creo que hay un problema cuando el liderazgo de una iglesia reserva los informes contables solo para un círculo muy cerrado y reservado Sin presentar con claridad las cuentas a quienes son los aportantes: la iglesia.

Se requiere de mucha sabiduría. Cada iglesia tendrá sus propios retos, pero no es algo que deba pasarse por alto o dejarlo en el olvido.

Los pastores y las iglesias deben procurar la transparencia y la honestidad en todo esto. Es cierto que podrán llegar a administrarse grandes sumas de dinero, pero esto no puede ser un negocio ajeno a la piedad y la santidad que ha de caracterizar al pueblo de Dios.

El pastor conforme al evangelio

Pablo como ejemplo de laboriosidad

Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir”. (Hch. 20:34-35)

Ser pastor es una labor, es un trabajo (1 Tim 5:17), y un trabajo arduo ciertamente. Sin embargo, no hay ninguna razón para pensar que el hecho de tener la responsabilidad espiritual del liderazgo de una congregación da cierto derecho a recibir dinero de manera desproporcionada.

Los pastores no son reconocidos económicamente por algo intrínseco al llamado, los pastores son retribuidos por su labor, y dicha retribución debe ser en función de su servicio.

En parte, muchos de los hombres que hoy se hacen ricos a expensas del abuso de la fe, sugieren de manera directa o indirecta que ellos merecen riquezas solo por tener un grado de liderazgo y espiritualidad mayor, si es que existe tal cosa.

Pablo fue un ejemplo de laboriosidad y decidió voluntariamente renunciar a sus derechos salariales a fin de no poner tropiezo al Evangelio (1 Cor 9:12). No estoy diciendo que todos los pastores tengan que ser bi-vocacionales como lo fue Pablo, mas bien quiero hacer énfasis en la motivación del Apóstol, él no quería que lo que podía ser la retribución por su trabajo en el Señor (aun cuando fuera justa), se convirtiera en un tropiezo para el evangelio de Cristo.

Él decidió dar en lugar de recibir, mostrando que el fin de la labor ministerial no es recibir abundantes riquezas solo por el hecho de ser pastor, sino servir a la causa del Señor.

Él mismo escribió a Timoteo lo siguiente: “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”. (1 Tim 6:9-10)

Las iglesias deben reconocer con justicia el trabajo de los que le presiden en el Señor, esto es un mandato. Y los que presiden, esto es, los pastores, deben servir con gozo y alegría, no quejándose, sino teniendo contentamiento en el servicio.

¿Quién es suficiente para estas cosas? La respuesta es: Nadie. Todos estamos expuestos a ver  nuestra vida sucumbir ante el abismo de la avaricia, pero siempre podemos acudir al evangelio de Cristo en quien encontramos fortaleza en medio de nuestras necesidades económicas o abundancias (Fil 4:13), y también el mayor ejemplo de la verdadera naturaleza del ministerio pastoral, vivir para servir a otros y no vivir para ser servidos.

El Señor nos ayude a poner toda nuestra vida bajo el Señorío de Cristo, y como pastores, no solo imitar el ejemplo de Pablo sino el del Pastor de pastores, nuestro Señor Jesucristo.