El problema del mal (parte I)

RESUMEN: Examina tanto los argumentos lógicos y probabilísticos contra Dios desde la maldad y el sufrimiento. 

El problema de la maldad es, ciertamente, el mayor obstáculo para creer en la existencia de Dios. Cuando reflexiono acerca del alcance y la profundidad del sufrimiento en el mundo, sea por la inhumanidad del hombre o por los desastres naturales, debo confesar que me resulta difícil creer que Dios existe. No dudo de que muchos de ustedes han sentido lo mismo. Tal vez todos deberíamos ser ateos. 

Pero para eso hay que dar un paso bastante grande. ¿Cómo podemos estar seguros de que Dios no existe? Tal vez haya una razón por la que Dios permite la maldad en el mundo. Tal vez, de alguna manera todo cabe en el plan maestro de las cosas, el cual apenas podemos discernir si acaso es posible. ¿Cómo lo sabremos? 

Como cristiano teísta, estoy persuadido de que el problema de la maldad, tan terrible como es, a fin de cuentas, no constituye una refutación a la existencia de Dios. Más bien por el contrario, creo que el teísmo cristiano es la mejor y última esperanza del hombre de resolver el problema de la maldad. 

Con el fin de explicar por qué pienso de esta manera, será útil prestar atención a algunas distinciones para mantener las ideas claras. Primero, debemos distinguir entre el problema intelectual y el problema emocional de la maldad. El problema intelectual de la maldad se refiere a la manera de dar una explicación racional de cómo Dios y la maldad pueden coexistir. El problema emocional de la maldad se refiere a la manera de disolver el disgusto emocional de la gente por un Dios que permite el sufrimiento. 

Ahora, veamos primeramente el problema intelectual de la maldad. Hay dos versiones de este problema: primero, el problema lógico de la maldad, y segundo, el problema probabilístico de la maldad. 

De acuerdo con el problema lógico de la maldad, es lógicamente imposible que Dios y la maldad coexistan. Si Dios existe, entonces la maldad no puede existir. Si la maldad existe, entonces Dios no puede existir. Pero ya que la maldad existe, entonces Dios no existe. 

Pero el problema con este argumento es que no hay razón para pensar que Dios y la maldad son lógicamente incompatibles. No hay una contradicción explícita entre ellos. Pero si el ateo quiere decir que hay una contradicción implícita entre Dios y la maldad, entonces debe estar asumiendo que hay alguna premisa oculta de donde surge esta contradicción implícita. Pero el problema es que ningún filósofo jamás ha sido capaz de identificar tales premisas. Por tanto, el problema lógico de la maldad falla en demostrar cualquier inconsistencia entre Dios y la maldad. 

Pero más que eso: podemos demostrar verdaderamente que Dios y la maldad son lógicamente consistentes. Ya ves, el ateo presupone que Dios no puede tener razones suficientemente morales como para permitir la maldad en el mundo. Pero esta presuposición no es necesariamente cierta. Si aún fuera posible que Dios tuviera razones suficientemente morales como para permitir la maldad, de ahí se deduce que Dios y la maldad son lógicamente consistentes. Y, ciertamente, parece al menos ser lógicamente posible. Por tanto, me alegra sumamente poder informar que los filósofos contemporáneos concuerdan ampliamente en que el problema lógico de la maldad ha sido disuelto. La coexistencia de Dios y el mal es lógicamente posible. 

Pero aún no estamos fuera de peligro, pues ahora confrontamos los problemas probabilísticos de la maldad. De acuerdo con esta versión del problema, la coexistencia de Dios y la maldad es lógicamente posible, aunque es altamente improbable. El alcance y la profundidad de la maldad en el mundo es tan grande que es improbable que Dios pueda tener razones suficientemente morales para permitirla. Por tanto, dada la maldad en el mundo, es improbable que Dios exista. 

Ahora bien, este argumento es mucho más sólido, y por tanto deseo que enfoquemos nuestra atención en él. En respuesta a esta versión del problema de la maldad, quiero presentar tres puntos principales: 

  1. No estamos en una buena posición para evaluar si Dios tiene razones suficientemente morales para los males que suceden. Como personas finitas, estamos limitados en tiempo, espacio, inteligencia y en perspectiva. Pero el Dios trascendente y soberano ve el final desde el principio y ordena la historia providencialmente, de modo que Sus propósitos finalmente se cumplan por medio de las libres decisiones humanas 

Para lograr sus fines, es posible que Dios tenga que tolerar ciertos males a lo largo del camino. Los males que parecen no tener sentido para nosotros dentro de nuestro marco limitado pueden haber sido justamente permitidos dentro del marco divino más amplio. Para utilizar una ilustración del campo de la ciencia en desarrollo, la teoría del caos, los científicos han descubierto que ciertos sistemas macroscópicos, por ejemplo, los sistemas climáticos o la población de insectos, son extraordinariamente sensibles a las perturbaciones más pequeñas.

El aleteo de una mariposa sobre una rama en el oeste de África puede poner en marcha fuerzas que, eventualmente, originan un huracán sobre el océano Atlántico. Sin embargo, es imposible en un principio para alguien que observa a la mariposa palpitando en una rama predecir semejante resultado. El asesinato brutal de un hombre inocente o un niño que se está muriendo de leucemia puede producir una especie de efecto dominó a lo largo de la historia y de manera tal, que la idea de que Dios tiene razones suficientemente morales para permitirlo no podría surgir hasta siglos después y, tal vez, en otras tierras 

Cuando pensamos en la providencia divina a lo largo de toda la historia, creo que podemos ver cuán desesperanzador es para los observadores limitados especular sobre la probabilidad de que Dios pudiera tener una razón suficientemente moral para permitir cierto mal. No estamos en una Buena posición para evaluar tales probabilidades. 

2. La fe cristiana acarrea doctrinas que aumentan la probabilidad de la coexistencia de Dios y el mal. Al hacerlo, estas doctrinas disminuyen la improbabilidad de la existencia de Dios pensada como resultado de la existencia del mal. ¿Cuáles son algunas de esas doctrinas? Permíteme mencionar cuatro: 

El objetivo principal de la vida no es la felicidad, sino el conocimiento de Dios 

Una razón por la que el problema de la maldad parece tan desconcertante es que tendemos a pensar que, si Dios existe, entonces su objetivo para la vida humana es la felicidad en este mundo. El papel de Dios es proporcionar un entorno cómodo para sus mascotas humanas. Pero según la perspectiva humana, eso es falso. No somos las mascotas de Dios, y el fin del hombre no es la felicidad en este mundo, sino el conocimiento de Dios, que en última instancia traerá la felicidad verdadera y duradera 

Suceden muchos males en la vida que pueden parecer sin sentido con respecto al objetivo de producir la felicidad humana en este mundo, pero pueden justificarse con respecto al conocimiento de Dios. El sufrimiento de seres humanos inocentes nos da la ocasión para cultivar una dependencia y una confianza más profunda en Dios, sea de parte del que sufre o de aquellos que lo rodean. Por supuesto, si el propósito de Dios se ha de lograr por medio de nuestro sufrimiento, eso dependerá de nuestra respuesta. ¿Respondemos con enojo y amargura con Dios, o nos volvemos a Él en fe para obtener fuerzas para soportar? 

La humanidad está en un estado de rebelión contra Dios y Sus propósitos

En vez de someterse y de adorar a Dios, la gente se rebela contra Él y siguen sus propios caminos y de ese modo, se encuentran alejados de Dios, moralmente culpables delante de Él, y andando a tientas en una oscuridad espiritual, yendo tras dioses falsos fabricados por ellos mismos. Los terribles males humanos del mundo son el testimonio de la depravación del hombre en su estado de alejamiento espiritual de Dios. El cristiano no se sorprende por la maldad del hombre en este mundo; por el contrario, la espera. La Biblia dice que Dios ha dejado a la humanidad en el pecado que ha elegido; Él no interfiere para detenerla, sino que deja que la depravación humana siga su curso. Esto solo sirve para realzar la responsabilidad moral de la humanidad delante de Dios, al igual que nuestra impiedad y nuestra necesidad de perdón y de limpieza moral. 

El conocimiento de Dios nos lleva a la vida eterna

En la perspectiva cristiana, esta vida no es todo lo que hay. Jesús prometió vida eterna a todos los que pongan su confianza en Él como su Salvador y Señor. Luego en la otra vida, Dios recompensará a aquellos que han soportado su sufrimiento con valor y verdad dándoles una vida eterna de un gozo indecible 

El apóstol Pablo, quien escribió la mayor parte del Nuevo Testamento, llevó una vida de sufrimiento increíble. Con todo, escribió, “Por tanto no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día. Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación, al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. (2 Co. 4:16-18).  

Pablo se imagina como si estuviera en una balanza, en la cual todos los sufrimientos de esta vida son colocados de un lado, mientras que del otro se coloca la gloria que Dios otorgará a sus hijos en el cielo. El peso de Gloria es tan grande que literalmente sobrepasa toda comparación con sus sufrimientos. Además, cuanto más tiempo pasemos en la eternidad, nuestros sufrimientos de esta vida se reducirán a una infinitésima de segundo. Es por eso por lo que Pablo la llama una aflicción leve y pasajera, simplemente estaban abrumados por el océano de la eternidad y del gozo divinos que Dios les concede a los que confían en Él. 

El conocimiento de Dios es un bien inconmensurable

Conocer a Dios, la Fuente de bondad y amor infinitos, es un bien incomparable, la satisfacción de la existencia humana. Los sufrimientos de esta vida ni siquiera pueden compararse a él. De este modo, la persona que conoce a Dios, sin importar cuánto sufre, sin importar cuán horrendo es su dolor, aún puede decir, “Dios es bueno conmigo, simplemente en virtud del hecho de que conoce a Dios, un bien incomparable. 

Estas cuatro doctrinas cristianas reducen grandemente cualquier improbabilidad de que la maldad pueda aparentar un disparo contra la existencia de Dios. 

3. En relación con el alcance total de la evidencia, la existencia de Dios es probable. Las probabilidades son relativas a qué tipo de información general consideras. Por ejemplo, supón que Joe es un estudiante en la universidad de Colorado. Ahora, supón que se nos informa que el 95% de los estudiantes de la universidad de Colorado practican esquí. En relación con esa información es altamente probable que Joe practica esquí. Pero entonces, supón que nos enteramos de que Joe es un amputado y que el 95% de los amputados de la universidad de Colorado no practican esquí. ¡De repente, la probabilidad de que Joe practique esquí se ha reducido drásticamente! 

De manera similar, si todo lo que consideras como información general es la maldad en el mundo, entonces casi no es de sorprender que la existencia de Dios parezca improbable en relación con eso. Pero esa no es la verdadera cuestión. La verdadera cuestión es si la existencia de Dios es improbable en relación con el total de la evidencia disponible. Estoy persuadido de que cuando consideras el total de las evidencias, entonces la existencia de Dios es bastante probable.