El servicio y mi comunión con Dios

Algunos de los que me conocen saben que me gusta hacer, me encanta, me deleita, ayudar, ser asistente de otros y colaborar. Servir y trabajar en el pueblo de Dios es mi lenguaje del amor, “S.E.R.V.I.C.I.O.” Pero debo predicarme el evangelio a mí misma y recordarle a mi alma que debo tener cuidado de no olvidar o confundir, que no obtengo el agrado de Dios y su favor por lo que hago, sino por lo que Jesús hizo por mí en la cruz.  Me compró con precio de sangre una vez y para siempre, pagó mi culpa, mi pecado y me libró de la ira de Dios y de la condenación.

Si en algún momento pienso o siento que Dios me acepta y se agrada porque leo mi biblia, oro, asisto a la iglesia y hago mis devocionales, sería como decir que la salvación es por obras (Ef.2:10). Sería negar que la Gracia de Dios es quien me hace acepta ante el Padre por Jesucristo, Su Hijo, y que hay algo bueno en mí. Todo viene de Él, por Él y para Él ¿qué tenemos que no hemos recibido? (1 Cor. 4:7).

Desde mi conversión, hacíamos estudios bíblicos en mi hogar que eran impartidos por un misionero, no me avergonzaba el colocar sillas alrededor de nuestra sala e invitar a vecinos y amigos. Luego, cuando se aprobó el reunirnos como iglesia, el enseñar escuela dominical, cuidar bebés en cuna, limpiar el lugar donde nos reuníamos, cantar en el coro, todo eso lo disfrutaba, era un verdadero deleite para mí. ¿Por qué sería esto? ¿Es porque soy extrovertida y la gente me energiza? ¿Es porque el hacer cosas y tener actividades me anima? ¿O es por amor y servicio al Señor?

No nos confundamos, Isaías 29:13 nos recuerda:

“Dijo entonces el Señor: Por cuanto este pueblo se me acerca con sus palabras y me honra con sus labios, pero aleja de mí su corazón, y su veneración hacia mí es sólo una tradición aprendida de memoria”.

Yo Soy el pan de vida 

Podemos servir por razones equivocadas

Podemos pensar de manera equivocada que poseemos una relación íntima con Dios por alguna de las siguientes razones:

  1. Ser cristiana virtual y no participar en los medios de Gracia como cuerpo local. No congregarme, no asistir a grupos de oración, e incluso volverme una creyente que ha dejado las disciplinas espirituales al centrarse en recibir únicamente a través de internet; como una especie de llanero solitario o un rambo, algo así como una cristiana solo de domingos.
  2. Solo hacer, es decir, servir. Y aquí incluyo el leer mi biblia, hacer mi devocional, orar, congregarme, ofrecerme a asistir y ayudar, pero solo por razones religiosas, de disciplina, ritos, y religiosidad olvidando que un día el Señor me salvó y compró, me llamó a ser su hija adoptiva y a vivir una vida de entero servicio a Él.
  3. Muchas veces me he inclinado hacia la otra dirección. Llenar mi mente y corazón solo de conocimiento, todo es conocer, recibir y nada de hacer, nada de servir. Debemos cuidarnos del peligro de sustituir el servicio a Dios por la relación y no volvernos unas “Marta”.

Respondiendo el Señor, le dijo: Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas; pero una sola cosa es necesaria, y María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada (Luc. 10:41-42).

  1. Ir a todas las actividades planificadas para los creyentes por motivos incorrectos o no bíblicos, por temor al infierno, para cumplir, para calmar mi conciencia, para ser vista. Cuando esas son mis motivaciones, descuido mi relación personal y comunión con Dios al no haber entendido el evangelio y el costo de una salvación tan grande, todo sin percatarme de que no tengo una relación genuina con Dios.

Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” 23 Y entonces les declararé: “Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad” (Mat. 7:22-23).

Y en realidad, siendo siervos, todo esto lo tendríamos que hacer sin descuidar lo más importante, que es nuestra relación con Dios.

Servimos por ser hijos

Servimos porque Jesús nos ha salvado, nos ha dado un nuevo corazón, nos ha hecho nacer de nuevo mediante el arrepentimiento, ha hecho de nosotras una nueva persona la cual ama la razón primaria de tener intimidad con Dios, una relación, una amistad y desea agradarle, servirle y vivir para Él obedeciéndole. Y como fruto de esto y por obediencia a nuestro Rey y Señor, le damos tiempo, nuestros recursos y talentos porque Él es el único digno. Jesús preparó de antemano (antes de la fundación del mundo) todas las obras, actividades y servicio que hacemos hoy.

Servir a Dios es un llamado, privilegio y honra

Es un honor que el Dios que hizo los cielos y la tierra, nos dé un propósito y un llamado dentro de los atrios de su casa, pues es mejor ser un guarda a sus atrios, que estar mil días fuera de ellos (Sal. 84:10). Siervos inútiles somos pues lo que se nos ha encomendado hacer eso hemos hecho (Luc. 17:10).

Servir es sinónimo de obediencia, sumisión y humildad

Sirvamos con gratitud, con gozo, con alegría al Rey de Reyes y Señor de Señores. Sirvamos con fidelidad sin olvidar que antes de hacer, hay que Ser hijos del Dios Altísimo.

 

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Vilma Mata de Méndez
Vilma Mata de Méndez, es consejera, entrenada por Faith Biblical Counseling y maestra de Estudios Bíblicos. Tiene un certificado Estudio de mujeres de AACC. La salvó el Señor en sus años de universidad cuando estudiaba Arquitectura. Está casada hace 30 años con el pastor Luis Méndez, tienen tres hijos, dos casadas. Sirvieron 11 años en Minneapolis, Minnesota bajo el ministerio del pastor John Piper, donde tomó clases de Fundamentos de Teología. Hoy día entrenan a consejeros bíblicos en la Iglesia Bautista Internacional y sirven a los jugadores de béisbol y a sus esposas en MLB en Arizona, lugar donde residen.