Soldados de Jesucristo

¿Esperabas que tu matrimonio fuera fácil?

Cuando nos casamos, la mayoría de nosotros en el fondo creemos que aunque hay una gran cantidad de matrimonios realmente difíciles, nuestro matrimonio será diferente. Todos empezamos con tantas ganas de alentarnos, apoyarnos y complacernos el uno al otro. Estamos casados con una persona maravillosa que amamos hasta la luna y más allá, y con la que elegimos casarnos. No vamos a estar solos nunca más. Vamos a tener buen sexo tantas veces como queramos. La soltería era difícil; en comparación el matrimonio debe ser fácil. De seguro puede haber una que otra cosa dura, pero cuando nos arropamos en los brazos de nuestra alma gemela, las montañas se derriten bajo nuestros pies.

Adán parecía sentirse de la misma manera. Cuando Adán vio por primera vez a la mujer que Dios había creado para ser su compañera, no pudo contener su alegría diciendo: “Esta es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne” (Génesis 2:23). En su interior, Adán apreció que la mujer, siendo formada por Dios de la propia carne de Adán para ser su ayuda, satisfaría las necesidades de compañía, apoyo y placer como ninguna otra cosa que Dios había creado. Y ella lo haría, porque Dios vio que “no es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18), y en su compasión, Dios creó la compañera perfecta para Adán.

Las expectativas de Adán eran tan altas como podrían serlo aquel primer día. A diferencia de nosotros, Adán aún no había sido corrompido por el pecado ni había visto sus consecuencias cuando vio a Eva por primera vez. Pero su ingenuidad comprensible, incluso correcta, no le impidió la realidad por venir. El bonito cuadro de amistad e intimidad, trágica y violentamente se desmoronó en Génesis 3.

¿Cometió Dios un error de algún modo? ¿No vio Él que la debilidad en el juicio de esta mujer los llevaría a ambos —y a toda la humanidad— a la destrucción? ¿No vio Él que el matrimonio entre Adán y Eva sería más difícil de lo que ellos podrían haber imaginado? Literalmente abandonaron el paraíso para luchar por cada bocado de comida. Ningún matrimonio ha sido fácil.

Lo sorprendente es que siempre parece que esperamos que sí lo será para nosotros. 

El amor en la tierra de lo fácil

Por supuesto, el matrimonio no es el problema. El pecado es el problema. El pecado de Adán. El pecado de Eva. Nuestro pecado. Cada matrimonio desde Adán y Eva lucha bajo el peso del pecado. El pecado hace el matrimonio difícil. Todo matrimonio, y punto. Así que, ¿ por eso no deberíamos casarnos? Evitar el matrimonio no hará de ninguna manera que nuestra vida sea más fácil. Solo pregúntale a una persona soltera.

Aparentemente Dios no creó el matrimonio para hacer la vida más fácil. Dios creó el matrimonio para desplegar la belleza, la profundidad, la fuerza y el amor que nunca podría ser descubierta en la tierra de lo “fácil”. Dios creó el matrimonio para ayudarnos a entrar en el mundo en el que vemos realmente cómo luce el amor. Si somos capaces de mirar más allá de la irritación que vivimos a diario, las molestias y los resentimientos egoístas, obtendremos una visión de lo real, poniéndonos de rodillas en adoración. No de nuestro matrimonio, sino de Dios mismo. Dios creó el matrimonio para mostrarnos a lo que se parece su amor por nosotros.

El mejor matrimonio y la peor novia

Nosotros, la iglesia, tenemos el indescriptible privilegio de ser la novia de Cristo (Efesios 5:25; Apocalipsis 19:7-9). En este matrimonio, vemos el amor como Oseas —un amor que es derramado abundantemente por el novio sobre la novia, aun y cuando ella lo desprecia y lo insulta, y busca placer en otros (Oseas 2:14-23).Vemos un amor persistente —un amor que nunca se da por vencido, no importa cuántas veces la novia corra a dioses menores para encontrar una alegría que solo puede encontrar en el verdadero Esposo (Romanos 8:38-39). Vemos un impresionante sacrificial e inexplicable amor — sacrificio hasta la muerte del novio con el fin de mantener y preservar una novia, una novia que a diario parece considerar ese regalo menos importante que las comparativamente insignificantes necesidades terrenales que ella espera que el novio las llene hoy (Romanos 5:8 ; Isaías 53:1-12).

Este no es un cuadro muy bonito. Pero, paradójicamente, es un cuadro impresionante y bello. ¿Podría alguien buscarme, protegerme, perdonarme y abrazarme, incluso cuando diariamente lo ignoro, y, tal vez en mis pensamientos o acciones, lo desprecio? ¿Lucharía alguien hasta el punto de la muerte para rescatarme cuando yo, en horas o días enteros, escasamente reconozco su existencia? ¿Por qué esto no me causa todo el tiempo quedarme sin aire al maravillarme de todo esto? Entre más duro esté Dios dispuesto a luchar para demostrar su amor, más hermoso es.

¿Por qué Dios te dio el matrimonio?

El matrimonio —y todas las cosas tan duras que experimentamos en esta vida— son un medio que Dios ha ideado para ayudarnos a beber profundamente la gloria inconmensurable del amor genuino. Nunca veríamos esta belleza y profundidad paseando por un camino fácil. La persistencia, el esfuerzo, el esfuerzo de superación alimentado por el poder sustentador de Dios nuestro Creador, en definitiva produce una profunda alegría y satisfacción que un egoísta, malcriado y “fácil” amor nunca experimentará o mostrará. El mejor cuadro que tenemos es la cruz. Alabado sea Dios que Jesús no esperaba que su matrimonio con su novia fuera fácil. Pero debido a que Él fue fiel en el más duro, en el más feo matrimonio que hay, ahora podemos disfrutar de delicias para siempre.

¿Es tu matrimonio difícil? Si hay en algún modo abuso, por favor busca ayuda. Acerca a otros a tu situación inmediatamente. Pero si la dificultad tiene sus raíces en la clase de egoísmo pecaminoso que se puede encontrar en todos nosotros, ¿cómo podría Dios estar llamándote para que muestres las maravillas de la profundidad y belleza del verdadero amor sacrificial?

En el matrimonio, Dios te llama a exponer el amor que Él te ha mostrado con quien te ha unido, esa preciosa persona hecha a su imagen. Dios no te ha mandado a buscar toda tu satisfacción en tu cónyuge —sólo Dios puede ser la fuente de tu satisfacción. Antes bien, Dios te ha llamado a mostrarle a tu cónyuge y a los demás a lo que se parece el amor de Dios. No un amor entre personas sin pecado, sino un amor lleno de gracia, paciente y perdonador. Un amor como el de Cristo. Qué elevado y santo llamado. Los esposos que comprenden esto encontrarán que las cosas más difíciles que tienen que soportar juntos son de hecho algo hermoso y santificador.


Un artículo de DesiringGod.Org. Usado con permiso. Traducido por María Andreina Cerrada.

Adrien Segal

Adrien Segal vive in Minneapolis, MN con su esposo, Rick. Son miembros de la Iglesia Bautista Belén y sirven en el Bethlehem College & Seminary. Tienen cuatro hijos y dos nietos.

Adrien Segal

Adrien Segal vive in Minneapolis, MN con su esposo, Rick. Son miembros de la Iglesia Bautista Belén y sirven en el Bethlehem College & Seminary. Tienen cuatro hijos y dos nietos.

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