Fortaleza = buena, debilidad = mala

Me gusta ser fuerte; al menos me gusta parecer fuerte. Pienso que a ti también. La mayoría valoramos la fortaleza y desdeñamos la debilidad. Honramos a aquellos que tienen su vida controlada y miramos con suspicacia a los que no.

Fortaleza = buena, debilidad = mala. Esa es nuestra fórmula funcional. Pero no es la del Señor. 2 Corintios 12 habla muy distinto: «[El Señor] me dijo: “Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad”. Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades, para que permanezca sobre mí el poder de Cristo. Por eso me regocijo en debilidades, insultos, privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo; porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte».

Pablo vio que la debilidad, no la fortaleza, era clave para su ministerio. Él tenía que admitir su debilidad para que el Señor pudiera llenarlo de fortaleza. Mientras más fuerte fuera él, más débil sería el poder de Dios; mientras más débil fuera él, más fuerte sería el poder de Dios.

Kent Hughes lo dice acertadamente:

Lo que más necesitamos ver es que el poder en la debilidad es una expresión abreviada de la cruz de Cristo. En el plan redentor de Dios, tenía que haber debilidad (crucifixión) antes que hubiera poder (resurrección). Y esta conexión de «poder en debilidad» es en lo que reflexionaba Pablo cuando contempló a Cristo orando tres veces en medio de su debilidad e impotencia en el Getsemaní antes de su muerte en la cruz, ¡a lo cual le siguió el poder de la resurrección! Pablo llegó a entender y aceptar el hecho de que su espina en la carne era esencial para su continua debilidad y la experiencia del continuo poder de Cristo.

Pablo conocía a Jesús, quien no tenía miedo de dejar que los demás vieran su debilidad. Cuando estaba cansado y agobiado, simplemente se levantaba y desaparecía, y se dirigía al desierto a tener algún tiempo con su Padre. Cuando estaba en el huerto llevó consigo a algunos de sus amigos y les pidió que vigilaran y oraran. Él conocía la debilidad y no intentó fanfarronear en medio de ella.

Jesús fue débil. Pablo se alegraba en su debilidad. Y nosotros aún tememos y nos da vergüenza ser débiles. Preferiríamos fingir fortaleza antes que admitir debilidad.

Acaba de pasar el 2018 y comienza el 2019. Al mirar el año que pasó, y al considerar el año por delante, considera tu debilidad. Considera todas las formas en que fuiste débil el año que quedó atrás. Considera de qué forma Dios puede actuar en ti y lo hará este año solo si estás dispuesto a ser débil. Haz de este el año en que te regocijes en la debilidad para que puedas apoyarte en la fortaleza de Dios.