¿Hasta cuando Dios?

¡Oh Dios! ¿Por qué?

En medio de las aflicciones y el sufrimiento, donde nuestros ojos no ven más que dolor, donde pensamos que todo se terminará, que ya no hay salida posible. Cuando vemos que el justo sufre, que los escogidos de Dios padecen persecución, que son llevados al matadero como ovejas. Que nuestra vida se ve rodeada de tribulación por causa de los enemigos del Señor. Pensamos, ¿por qué Dios? ¿Hasta cuando Dios? ¿Hasta cuando dejarás que tu pueblo siga sufriendo? ¿Hasta cuando no actuarás?

“Oh Dios, ¿por qué nos has rechazado para siempre? ¿Por qué se enciende tu ira contra las ovejas de tu prado?”,Salmo 74:1.

El sufrimiento no es algo nuevo

A lo largo de la historia de la creación, trazando la línea hasta Caín y Abel, podemos ver que el justo sufre y es oprimido por el impío, Job fue oprimido por satanás durante 9 largos meses, José sufrió a la mano de sus hermanos, Faraón oprimía a la esclavizada nación de Israel, el pueblo de Dios fue azotado por las naciones que habitaban Canaán, fue atribulado por Asiria hasta quedar exiliado, y en un punto final Babilonia terminó de destruir Jerusalén y el templo de Dios hecho por Salomón en el 586 antes de Cristo.

Y el salmista pregunta: ¿Por qué Dios? ¿Por qué se enciende tu ira contra nosotros? Acuérdate de nosotros, somos tu pueblo, tu congregación, la que redimiste. Todo es gris en un momento así, al parecer, Dios ha cerrado su oído y el cielo se ha vuelto de bronce. El adversario blasfema, el enemigo desprecia el nombre del Señor, y el salmista solo clama: “¿Hasta cuándo, oh Dios, blasfemará el adversario? ¿Despreciará el enemigo tu nombre para siempre? ¿Por qué retiras tu mano, tu diestra? ¡Sácala de dentro de tu seno, destrúyelos!”, vv.10-11.

Veremos al justo sufrir, sufriremos como cristianos, seremos perseguidos por causa de nuestro Dios, seremos azotados, destruirán nuestras familias, nuestras casas, seremos contados como ovejas. ¿Y Dios? ¿Dios por qué no actúa? A toda esta incertidumbre llega claridad cuando el salmista recuerda quién es su Dios (vv.12-17):

Con todo, Dios es mi rey desde la antigüedad,
el que hace obras de salvación en medio de la tierra.
Tú dividiste el mar con tu poder;
quebraste las cabezas de los monstruos en las aguas.
Tú aplastaste las cabezas de Leviatán;
lo diste por comida a los moradores del desierto.
Tú abriste fuentes y torrentes;
tú secaste ríos inagotables.
Tuyo es el día, tuya es también la noche;
tú has preparado la lumbrera y el sol.
Tú has establecido todos los términos de la tierra;
tú has hecho el verano y el invierno.

¡Ese es Dios! Él es el Rey del Universo, de Él es todo, y nada puede contra Él y su poder. Sencillamente: Dios es soberano.

El sufrimiento bajo el control de un Dios Soberano

La respuesta a todas las preguntas anteriores es que Dios es soberano. Él podría liberar a Israel de Babilonia tan solo con decir una palabra de su boca, así como dijo “Sea la luz. Y hubo luz.” (Gn. 1:3).

Si has leído el Antiguo Testamento, especialmente 1 y 2 Reyes, verás que Dios no detuvo a Babilonia de destruir Jerusalén y el templo. Dios tenía un plan para todo lo que acontecía, Babilonia era sierva de Dios para sus propósitos. Dios nunca pierde el control de nada, todo esta regulado y determinado por su soberana voluntad, aún nuestros dolores, aflicciones, tribulaciones, enfermedades, discapacidades, cualquier cosa, todo está determinado en su voluntad que es buena, agradable, y perfecta.

¡Ciertamente Dios traerá la justa retribución al impío a su tiempo! Él ha determinado un día de juicio para todos sus enemigos. Y un tribunal de recompensas inmerecidas para sus redimidos. Si tu eres creyente, estaremos allí, no habrá más dolor ni sufrimiento, ni lágrimas existirán, ¡sino que disfrutaremos de la presencia de Dios para siempre!

Un sufrimiento temporal

¿Hoy sufres? ¿Hoy preguntas al cielo hasta cuando? Ten consuelo en que Dios no es ajeno a tu situación, sino que Él tiene un soberano plan para eso que estás atravesando. Dios no miró a un lado y se olvidó de sus hijos, Él está atento a nuestras necesidades, y antes de que abramos nuestra boca Él ya sabe que pediremos. Siéntete amado y amada por Dios, por un poco de tiempo sufriremos, pero no es nada comparado a la eternidad, donde no existe el tiempo ni tiene fin el gozo de su presencia.

¡Ven pronto, Señor Jesús!