Nota del editor: Esta es la séptima y última entrega de una serie especial titulada “Hombre y Mujer: Dignos y Diferentes”, donde el Pastor Daniel Puerto explora lo que las Escrituras nos dicen acerca del hombre y la mujer y su relación como criaturas dignas y diferentes. Te invitamos a leer la Introducción a la serie y los subsecuentes artículos: ¿Quién es un hombre?¿Quién es una mujer?; ¿Complemento o Igualdad Total?; y El rol de la esposa en el matrimonio.


Posiblemente has escuchado el nombre Charles Spurgeon. Un predicador inglés que vivió en los años 1800s, pastoreó la iglesia más grande de su tiempo y llegó a millones de personas con sus poderosos sermones. Es conocido como “El Príncipe de los Predicadores”. Sus sermones y libros continúan siendo leídos hoy, de manera que el impacto de su vida y ministerio se conocerá en la eternidad. Nosotros damos gloria a Dios por la vida de este hombre y nos preguntamos, ¿cómo llegó a ser lo que fue?

Él mismo nos responde: “Cuando ya no esté entre ustedes, muchos escribirán sobre mi vida. Tendrán dificultad al explicar la posición que Dios me ha dado. Yo mismo puedo decir la razón por la cual soy lo que soy. Mi madre y la verdad de mi mensaje”. Uno de sus biógrafos explica: “Spurgeon le debió mucho a la mujer humilde y llena de gracia que le contó la antigua historia [de Jesús]”.[1] Nosotros también damos gloria a Dios por la vida de esta mujer llamada Eliza, madre de Charles.

Dios se complace en integrar tanto a hombres como a mujeres en el trabajo de la iglesia local. Él nos ha colocado como miembros del cuerpo de Cristo para que, en unidad, anunciemos las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable (1 Pedro 2:9). Dios usó a Eliza para sembrar en Charles la semilla de la Palabra y usó a Charles para que el evangelio llegara a millones de personas.

Eres irremplazable

En su carta a los Efesios Pablo expone sobre la unidad que existe en el cuerpo de Cristo. “Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también vosotros fuisteis llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos” (Efesios 4:4-6, LBLA).

Sin embargo, al cuidar y mantener esa unidad no podemos olvidar que “a cada uno de nosotros se nos ha concedido la gracia conforme a la medida del don de Cristo” (Efesios 4:7). Cada persona que pertenece al cuerpo de Cristo es diferente y tiene funciones diferentes que los demás. El ser unidos no quiere decir que todos vamos a ser iguales, a realizar las mismas funciones, hablar las mismas palabras y tener las mismas posiciones o responsabilidades.

Todo creyente ha recibido de Dios un regalo (una habilidad espiritual) y la gracia para usarlo (la capacidad espiritual). “Dentro de la unidad del cuerpo, cada miembro tiene un servicio distinto que prestar para el funcionamiento efectivo de todo el cuerpo”.[2] De Efesios 4:7 aprendemos que:

  1. Cada uno de nosotros tiene un don único

Así como las huellas de nuestros dedos o como los copos de nieve son únicos – no existen dos iguales en el mundo – de la misma manera cada uno de nosotros ha sido capacitado por Dios con un don o una habilidad espiritual única. En 1 Pedro 4:10 leemos: “Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndoos los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”.[3]

  1. Dios es el dador del don

Soberanamente Dios ha escogido el don de cada creyente y lo ha entregado según su perfecta voluntad. Esto nos indica que nosotros no debemos buscar un don o pedir un don espiritual porque Dios ya decidió cómo capacitarnos para servir al cuerpo de Cristo que es la iglesia. En 1 Corintios 12:18 leemos: “Ahora bien, Dios ha colocado a cada uno de los miembros en el cuerpo según le agradó”.

  1. La iglesia es afectada cuando un creyente no usa su don

Ningún cristiano – hombre o mujer – debería estar como un espectador en la iglesia porque todo creyente tiene un don espiritual para usarlo para el bienestar del cuerpo. Si un cristiano no usa su don o habilidad espiritual no existe nadie que le reemplace porque esa persona es única y su aporte es único al cuerpo de Cristo.

Eres irremplazable en el cuerpo de Cristo. No hay otro como tú. En el plan de Dios todos los miembros deben llevar a cabo su función para que el cuerpo funcione. Tanto hombres como mujeres, jóvenes como adultos, ricos como pobres. Todos están llamados a participar porque su parte no puede ser realizada por nadie más. “Sin una diversidad de dones la iglesia no es saludable y no puede funcionar completamente”.[4] 

Una tarea reservada para hombres

Si bien es cierto que Dios nos ha capacitado a todos para que le sirvamos, existe una tarea que Dios ha reservado para algunos hombres dentro del cuerpo de Cristo. Esta es la tarea de servir como pastores o ancianos de las congregaciones locales. En el Nuevo Testamento encontramos 3 palabras que se utilizan como sinónimos para referirse a la misma posición dentro de la iglesia. Estas son:

  1. Pastores (poimén): hombres que dan dirección y alimentan el rebaño
  2. Ancianos (presbúteros): hombres que son ejemplo por su madurez espiritual
  3. Obispos (epíscopos): hombres que supervisan y protegen a la congregación

Esta función dentro de la iglesia está reservada para algunos hombres que cumplen con los requisitos específicos que Dios ha delineado en su Palabra (1 Timoteo 3:1-7; Tito 1:5-9). La responsabilidad de los pastores/ancianos/obispos es conocer, alimentar, dirigir y proteger al rebaño del Señor. Por los pasajes que tratan el tema[5] podemos concluir que esta tarea está reservada exclusivamente para hombres maduros que sean ejemplo para la congregación.

Una tarea reservada para mujeres

De la misma manera, Dios ha reservado una tarea muy específica para mujeres maduras en la fe y en su conducta. Dios desea “que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tito 2:4-5).

Una escritora que ha sido de gran bendición para muchos creyentes escribió las siguientes palabras a las mujeres: “Así como nunca se nos ocurriría ignorar a alguien con una necesidad médica que requiere atención inmediata, nunca deberíamos ignorar a alguien con necesidad de ayuda espiritual. Las mujeres jóvenes están rogando que llegue esta ayuda. Dios ordena que ayudemos. Toda mujer sin Cristo está en una condición desesperada en extremo. Toda mujer que no es obediente a la Palabra de Dios le está deshonrando. Somos responsables delante de Dios de ayudarles”.[6]

Conclusión

Hombres y mujeres hemos sido creados por Dios dignos y diferentes. Dignos porque llevamos en nosotros la imagen de Dios y diferentes porque estamos llamados a obedecer un diseño que Él nos reveló en Su Palabra. Tanto en el hogar como en la iglesia local tenemos diferentes funciones y responsabilidades que nos hacen apreciar en diseño de nuestro Creador y entender que nos hizo para complementarnos. Charles fue de bendición para millones porque su madre Eliza cumplió el rol que Dios le encomendó. Confiemos en el diseño de nuestro Creador.


 

[1] Dan Harmon, Charles Spurgeon (Uhrichsville, Ohio: Barbour Publishing, Inc., 1997), 19.

[2] Peter O’Brien, The Letter to the Ephesians (Grand Rapids, MI: W.B. Eerdmans Publishing Co., 1999), 287.

[3] Las listas de dones espirituales que aparecen en las Escrituras las encontramos en Romanos 12, 1 Corintios 12, 1 Pedro 4 y Efesios 4. Estas listas no son exhaustivas (no contienen todos los dones que existen). Lo cual nos aclara que estas listas que encontramos en el Nuevo Testamento son diferentes áreas de operación en las cuales los cristianos se desenvuelven, no son estrictos patrones de conducta que se esperan de todos los cristianos.

[4] James Montgomery Boice, Ephesians (Grand Rapids, MI: Ministry Resources Library, 1988), 134.

[5] Hechos 14:21-23; Hechos 20:17-28; Efesios 4:11; Filipenses 1:1; Tito 1:5-9; Hebreos 13:7, 17; Santiago 5:13-14; 1 Pedro 5:1-5.

[6] Martha Peace, Becoming a Titus 2 Woman (Bemidji, Minnesota: Focus Publishing, Inc., 1997), 157.

Daniel es pastor de la Iglesia Bautista La Nueva Esperanza en Tampa, Florida. Estudió en el Instituto Bíblico Rio Grande (Edinburg, Texas) y actualmente cursa una maestría en el Southeastern Baptist Theological Seminary. Está casado con Claudia y es padre de una preciosa nena de 1 año llamada Emma. Lo puedes seguir en Twitter