Soldados de Jesucristo

Honra a tu padre y a tu madre, ¿qué es eso?

No matarás, no robarás, no cometerás adulterio. Si preguntáramos por el top 3 de los mandamientos, no cabe duda que el podio estaría entre ellos.

Cuando se trata de los diez mandamientos, tenemos la tendencia a categorizarlos. Pensamos entre aquellos que son a nuestro parecer “más graves” y otros más “inocentes”. Pero esto no es una buena idea. De acuerdo con el Supremo Legislador, todos tienen exactamente la misma relevancia y el mismo castigo para quien los quebrante, aunque fuera el que consideremos más pequeño (Stg. 2:10).

Uno de esos mandamientos que consciente o inconscientemente se pone en una lista menor, es el mandamiento relacionado con honrar padre y madre, el quinto del decálogo.

Pero ¿qué significa eso? ¿Cuál es la razón de un mandato tan específico? Esperamos poder mostrar no sólo la importancia de este mandamiento sino la relevancia que tienen para nosotros como creyentes el día de hoy.

La naturaleza del mandamiento

No voy a discutir la vigencia que tienen los mandamientos, asumo que quien lee comprende que los creyentes en la actualidad continuamos con la responsabilidad de observar la ley moral de Dios (Jn. 14:15-25). Por tanto, conviene que nos detengamos a pensar no solo en las implicaciones del quinto mandamiento sino en su naturaleza.

La ley de Dios fue consagrada en dos tablas las cuales agrupan las diez ordenanzas. Una buena manera de dividir el decálogo es ver los cuatro primeros mandamientos como los que regulan nuestra relación con Dios y los otros seis los que regulan nuestra relación con nuestro prójimo, después de todo, ese es el resumen mismo de la ley (Mt. 22:40).

El mandamiento de honrar a padre y madre aparece como la transición entre lo que representa amar y servir a Dios y amar y servir al prójimo. Pudiéramos pensar que se trata de una casualidad; sin embargo, cuando vemos el propósito del mismo, notamos una intencionalidad de parte de Dios.

Honrar a padre y madre es un mandato familiar y hay dos cosas involucradas en la relación que describe. Por un lado, deja claro que en este mundo vivimos bajo una autoridad, una autoridad divina, pero también una autoridad humana. Por otro lado, nosotros hemos sido creados para relacionarnos con personas que Dios también creó a su propia imagen, en una relación de respeto y honra; de hecho, la palabra hebrea da la idea de valorar, apreciar y estimar.

Como verá, honrar padre y madre es la recreación a pequeña escala de lo que es someterse a Dios como autoridad y amar a nuestro prójimo. Es el resumen práctico de toda la ley.

Cómo se ve el mandamiento

Ahora bien, ¿cuáles son las implicaciones de este mandamiento? Bueno, hay esencialmente dos perspectivas: una perspectiva inmediata y otra extensiva.

La implicación inmediata

Al respecto de la perspectiva inmediata, la ordenanza natural es que debemos honrar a nuestros padres. El significado es bastante simple. Honrar a nuestros padres significa obedecerlos. Pablo hizo mención de esto en Efesio 6: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo” (v.1).

Esta obediencia está sujeta al grado relacional. Es obvio que no obedecemos a nuestros padres en el mismo grado cuando somos adultos que cuando somos niños o adolescentes. Sin embargo, la obediencia sigue manifestándose en la medida en que mostramos respeto y damos valor a sus opiniones.

Pero honrar también implica un reconocimiento económico y cuidado de ellos. Jesús se refirió a esto cuando exhortó a los fariseos por la hipocresía de condenar a los discípulos del Señor por comer con las manos sucias, lo que era evidentemente un reproche no basado en la Palabra de Dios, pero sí en sus propias tradiciones. Así que Jesús les muestra cómo ellos han llevado al extremo eso de menospreciar el mandamiento de Dios por sus propios preceptos:

Porque Dios dijo: “Honra a tu padre y a tu madre,” y: “Quien hable mal de su padre o de su madre, que muera.”  Pero vosotros decís: “Cualquiera que diga a su padre o a su madre: ‘Es ofrenda a Dios todo lo mío con que pudieras ser ayudado’, (Mt 15:4-5).

Por increíble que parezca, los fariseos habían creado una ley para no tener que estar obligados a reconocer económicamente a sus padres, la ley consistía en declarar su patrimonio como parte de lo que ellos daban en el templo (corbán) invalidando así el mandamiento.

Es nuestro deber como hijos participar en las necesidades y el cuidado de nuestros padres. De la misma manera en que pensamos en nuestro deber de participar con nuestros bienes en las contribuciones para la obra del Señor, debemos hacerlo, y con una mayor responsabilidad, por nuestros padres.

Honrar la obra del Señor y honrar a nuestros padres no son dos cosas en pleito. Es necesario hacer lo uno sin dejar de hacer lo otro y en eso debemos ser enfáticos e intencionales.

Algunas personas pueden ser muy sistemáticas en apartar el dinero que dan en la iglesia, lo cual no es malo en sí, pero ellos mismos son extremadamente tacaños cuando se trata de atender alguna necesidad de sus padres.

La implicación extensiva

Por otro lado, hay una implicación extensiva de este mandamiento. Honrar padre y madre es la manera en que nosotros aprendemos a reconocer las autoridades. Es la forma en que se nos muestra el orden del sistema en el que vivimos.

En efecto, una persona que no reconoce a sus padres, no tendrá problemas en desconocer las autoridades civiles o de cualquier orden. Este es uno de los grandes fracasos de esta generación. Los pensamientos de anarquía y subordinación social provienen del deterioro de este valioso mandamiento que en últimas instancias es el laboratorio mismo del funcionamiento de una sociedad. Como bien lo describe el pastor Thomas Montgomery:

La obediencia a este mandamiento tiende a preservar la vida de la familia, la sociedad y las naciones en general. La rebelión y la desobediencia por parte de los hijos produce efectos desastrosos en la familia, la sociedad y en el país en general. Produce hijos irresponsables, negligentes y desobedientes a toda clase de autoridad.[1]

En efecto, es a este hecho que está ligada la promesa que sigue a este mandamiento: para que tus días sean prolongados en la tierra que el Señor tu Dios te da.

Hay un sentido de preservación y prevención aquí. Los hijos que obedecen a sus padres, no significa que literalmente morirán con más edad, sino que resultará que sus vidas serán menos golpeadas por errores y desaciertos, al aprender de la experiencia y la madurez que sus padres proveen por medio de la corrección y el consejo (Pr. 4:10-13 y Pr. 6:20-23).

No debemos nosotros menospreciar la ley de Dios. El cristianismo y la vida de piedad no son consecuentes con hijos rebeldes, desobedientes a sus padres y altaneros.

No puedes decir que tienes una profesión de fe verdadera si no respetas y obedeces a tus padres y si ese es el caso, entonces debes arrepentirte como quien adultera, mata o roba.

El Señor nos ayude a obedecer su ley.

[1] Thomas Montgomery, El creyente y la ley moral de Dios, 21.

Jacobis Aldana

Esposo, padre, pastor de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia, y un apasionado por el evangelio. Sirvo como Director de IgleRed. Mi único propósito es que el evangelio sea proclamado y el Nombre de mi amado Salvador glorificado. Gracias por estar aquí; ¡Solo a Dios Gloria!

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