El interior de la oración: La importancia de la oración en nuestras vidas

Durante las próximas semanas, estaremos desarrollando la serie titulada “El interior de la oración”. Rogamos a nuestro Dios, que nos guíe por Su Espíritu, para que podamos viajar de Su mano al interior de la misma, deseando que sea en nosotros un viaje sin retorno, que al descubrir su grandeza, poder y valor, podamos apreciarla como nuestro gran tesoro, para Su gloria y bendición de todos, amén.

La importancia de la oración en nuestras vidas

Junto a la lectura de la Biblia, la oración es una de las disciplinas espirituales más importante y es vital para poder alcanzar la madurez espiritual. Es por esto que debemos conocer el interior de ella, por decirlo de alguna manera.

¿Qué es el interior de la oración?, se preguntarán. Es la esencia de lo que ésta representa; el poder de Dios otorgado a través de Su gracia para tener una comunión íntima con Él. Estos son los personajes involucrados en la misma:

El Dios soberano

Dispuesto a escuchar, a derramar gracia, misericordia y amor. Jeremías nos recuerda:

29:12 “Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré;”

33:3 “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”

Jesucristo

Que como abogado; intercede por nosotros. La carta de 1ª Juan 2:1 así lo afirma:

“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” 

El Espíritu Santo

Según Romanos 8:26 nuestro gran Ayudador y Consolador:

“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” 

Sus hijos

Llamados, predestinados para ser santos, portadores de Su imagen. Juan 15:16 dice:

 “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, Él os lo dé.”

Como podemos notar, la oración en su interior es algo sobrenatural, que por gracia tenemos el beneficio de disfrutar, a través de una perfecta unidad, con el Dios Trino; viéndolo desde la perspectiva espiritual, es algo indescriptible.

Saber que somos bendecidos cada día al abrir nuestros ojos y hacer uso de ese poder otorgado por Dios para sumergirnos en Su gracia inmerecida y misericordias infinitas, es un privilegio. La oración nos permite tener una relación íntima con Él, conocerlo más;  es la vía por la cual con corazones arrepentidos,  podemos confesar nuestros pecados y culpas.

Nos habilita para dejar en Él nuestras cargas, para verbalizar nuestras necesidades y debilidades y reconocer nuestra dependencia; teniendo la certeza de que en la oración hay un poder que va más allá de nuestro entendimiento.

Nos recuerda que Fiel es quien ha hecho las promesas, que saldremos bendecidas, fortalecidas, alimentadas y edificadas; permitiéndonos ser testigos de un Dios que se revela y desvela, en el proceso, un poco más de quiénes somos en realidad.

Debemos meditar en su importancia, en el rol que desempeña en nuestras vidas, ya que ese tiempo de oración es el que define nuestro día, porque es ahí donde somos un todo con las tres Personas de la Trinidad, siendo sinceras pues ¿a quién le vamos hacer alardes?, ¿al Dios que nos creó?, ¿al Cristo que nos salvó?, ¿al Espíritu Santo que es nuestro Gran Ayudador?

Ese es el momento donde Dios nos preparará para poder afrontar los afanes, es la manera de hablar con Dios, de alimentarnos para desarrollar y ejercitar la fe, el amor, la humildad, la obediencia, la gratitud y las demás evidencias del fruto del Espíritu Santo.

Es donde nos despojamos un poco más de ese personaje carnal que nos acosa día a día, ya que nuestra carne va muriendo y el Espíritu va vivificándonos para la gloria de Su nombre. Es ese el momento oportuno para decirle líbranos del mal y no nos dejes caer en tentación, como nos enseñó Jesucristo.

En conclusión, la oración es un don, un privilegio, otorgado por Dios para que Sus hijos se deleiten en Él, al intimar sin ningún velo que nos separe; teniendo como recompensa todas las riquezas en gloria que ella encierra.

En nuestra próxima entrega estaremos hablando sobre cómo la oración debe ser prioridad en nosotros. Dios bendiga a Su pueblo, amén.