El interior de la oración: No hay tiempo para excusas

En nuestra serie “El interior de la oración” hemos visto hablado sobre la importancia de la oración en nuestras vidas y sobre como la oración debe ser nuestra prioridad. Hoy hablaremos de la más trillada de las excusas por la cual oramos muy poco o nada: la falta de tiempo.

Elevamos una plegaria al cielo para que nuestro Gran Yo Soy, nos permita ser edificados y al mismo tiempo nos confronte con Su Palabra, rogamos que Su Espíritu nos guíe al camino de toda verdad a través este tema, amén.

¿Qué hacemos con las 8 horas restantes del día?

La Biblia nos habla sobre el uso del tiempo en Efesios 5:16 “aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos”.

En Eclesiastés 8:5-6 (NVI énfasis agregado) encontramos: “El que acata sus órdenes no sufrirá daño alguno. El corazón sabio sabe cuándo y cómo acatarlas. En realidad, para todo lo que se hace hay un cuándo y un cómo, aunque el hombre tiene en su contra un gran problema: que no sabe lo que está por suceder, ni hay quien se lo pueda decir.”

Nuestra principal excusa para no orar, es que no tenemos tiempo. Vivimos en una sociedad tan convulsionada y apresurada que lamentablemente nos hemos dejado seducir por un sinnúmero de actividades que no aportan nada a nuestra santidad; trayendo como consecuencia una vida de oración pobre o prácticamente nula.

Muchos de nosotros, solo hacemos un devocional sin ni siquiera estar en una actitud de reposo y reverencia delante de Dios, nuestros corazones están latiendo al ritmo de la sociedad.

Necesitamos analizar nuestro día de cara al tiempo, teniendo al Dueño del tiempo y a Su Palabra como guía. Aquí analizamos un día común en nuestras vidas, lo estándar si tienes una familia:

  • 8 horas para dormir
  • 8 horas para trabajar
  • Nos quedan 8 horas

¿Cómo las utilizamos?, Debajo vemos a cuáles cosas damos prioridad durante esas horas:

  • Aproximadamente 1 hora, preparándonos y desayunándonos
  • En el tránsito ida y vuelta, 1½ horas
  • Preparando e ingiriendo la cena, 1 hora
  • Ayudando a los niños para ir a dormir ½ hora
  • Redes sociales, el celular, intercambiando mensajes, 2 horas
  • Bañándonos, preparándonos para dormir ½

Ya hemos consumido 6 horas y ½; solo nos resta 1 ½ hora libre, ¿qué hacemos con la misma? ¿por qué no usamos ese tiempo para dedicárselo bien temprano en la mañana al Dueño del tiempo orando y leyendo la Biblia?

Los fines de semanas donde muchos no trabajan, debemos evaluar qué hacemos con esas 16 horas, cuántas horas dedicamos a la oración; Su Palabra nos exhorta a ser sabios. El pastor John Piper dice que: “la mejor prueba de que sí teníamos tiempo para orar, van a ser las redes sociales” y la razón es porque en ellas nos sumergimos fácilmente por varias horas.

Si evaluamos bien el uso de nuestro tiempo (hazlo como un ejercicio), nos daremos cuenta de que le dedicamos tiempo a tantas cosas triviales y banales, que no aportan nada a nuestra edificación como cristianos. ¡Démosle el valor a lo que en verdad lo tiene!

Dios es el Dueño del tiempo, si le dedicamos nuestras primeras horas de la mañana, Él pondrá el tiempo a nuestros pies para que nuestra agenda diaria lo glorifique, pero para ello debemos ser diligentes.

Él nos ha prestado Su tiempo, pero cuando rindamos cuentas, que encuentre que hemos sido sabios e intencionales.

Que vea que hemos aprovechado el tiempo en cultivar intimidad con Él, en la lectura de Su Palabra, en las actividades que nos edifican, que edifican a otros y siendo todos bendecidos, Él es glorificado.

Junto con la lectura de Su Palabra, la oración es el oxígeno que respiramos los cristianos.

Seamos sabios, eliminemos las excusas. Cristo es nuestro mejor ejemplo, en Su agitada agenda, siempre se apartó para orar como en Mateo 14:23 vemos:

“Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo.”

Lucas 5:16 dice también: “Más él se apartaba a lugares desiertos, y oraba”. Es nuestra oración, que podamos ser motivados por la exhortación, el amor y el ejemplo de Cristo, para transformarnos en administradores sabios de Su tiempo en nuestras vidas.

Oramos para que Su Espíritu nos guíe y Él nos encuentre haciendo todo conforme a Su voluntad, y así podamos glorificarlo, amén. En la próxima entrega estaremos exponiendo el tema “El poder de la oración”.

Dios bendiga a Su pueblo, amén.