Juan Calvino: El teólogo de la Reforma

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Este artículo pertenece al libro De vuelta a Cristo: Celebrando los 500 años de la Reforma escrito por pastores hispano hablantes y publicado por Soldados de Jesucristo. Estaremos regalando los archivos digitales de este libro el 31 de octubre de 2018, en celebración del aniversario de la Reforma protestante.

 

«Una regla se impone para todos los siervos de Dios, que no traigan sus propios inventos, sino que entreguen, como de mano en mano, lo que han recibido de Dios» (Juan Calvino).[1]

 

Cuando pensamos en la Reforma protestante, el nombre más famoso después de Martín Lutero es Juan Calvino. ¿Por qué tuvo tanto impacto su vida? ¿Cuál es el legado que tenemos hasta el día de hoy para nuestras vidas? La influencia más común y popular del calvinismo no es lo único que debemos saber sobre este hombre. Su vida demostró y ejemplificó una vida de devoción y fidelidad a Dios y a su Palabra en medio de la adversidad. Quiero dividir este capítulo en 5 aspectos que creo que su vida nos enseña.

 

Su disposición a seguir el llamado del Señor

Juan Calvino nació el 10 de julio de 1509 en Noyon, Francia. A los catorce años fue enviado a estudiar teología a la universidad de París por su padre. Cinco años después, cuando su padre tuvo problemas con la iglesia católica, fue enviado a estudiar leyes en Orleans y Borges. Su padre falleció en mayo de 1531, y Calvino finalmente regresó a estudiar a la universidad de París y volvió a estudiar literatura clásica y teología. Aunque él no lo sabía en el momento, Dios estaba guiando las circunstancias de su vida para llevarlo a donde quería tenerlo.

En los siguientes años Calvino fue expuesto a la teología y al movimiento de Lutero que ya estaba creciendo y esparciéndose en toda Europa. En noviembre de 1533, su amigo cercano Nicolás Cop, dio un mensaje en la universidad de París con la influencia de las doctrinas de Lutero y causó el enojo y la persecución de las autoridades. Ambos tuvieron que huir de la ciudad.

Después de pasar un tiempo en Basilea, Suiza entre 1534 y 1536 decidió irse a vivir permanente a Estrasburgo para continuar su vida de estudios en tranquilidad. Sin embargo, debido a la guerra entre Francisco I (rey de Francia) y Carlos V (el emperador romano), tuvo que tomar una ruta indirecta que lo obligó a pasar una noche en Ginebra. Esta desviación le permitió conocer a Guillermo Farel, quien había estado dirigiendo la influencia de la Reforma protestante en esta ciudad los últimos diez años.

Farel lo convenció que Dios lo había traído providencialmente a Ginebra, y que era su deber quedarse allí para ayudar con la obra que Dios había comenzado ya. Aunque no era el plan ni el deseo de Calvino en el momento, su deseo de seguir el llamado de Dios en su vida fue la convicción que lo llevó a quedarse.  Es en esta ciudad donde Dios permitiría que la principal influencia e impacto de su ministerio se desarrollaran hasta el día de su muerte.

Calvino fue un hombre dispuesto a seguir el llamado de Dios en su vida. Dispuesto a dejar sus propios planes y los planes de su padre para obedecer a Dios y permanecer en donde fuera más útil al servicio y avance del reino a través del evangelio.

 

Su pasión por escribir

Toda su vida Calvino tuvo una pasión por estudiar y escribir. A los 23 años escribió su primer libro, Comentario sobre Séneca.  En 1533 escribió Psychopannychia, un libro sobre el estado del alma después de la muerte. Durante su tiempo en Basilea, escribió una introducción a la Biblia en francés de Olivetanus, la introducción a una edición de sermones de Crisóstomo y, en 1536, escribió la primera edición de la Institución de la religión cristiana, su obra más famosa y de mayor influencia. La Institución pasó por varias ediciones desde la primera en 1536 hasta la última en 1559. El libro es una explicación teológica sobre la ley, el credo, el Padre nuestro, los sacramentos y la libertad cristiana.

En la Institución Calvino muestra su compromiso y devoción a la autoridad de las Escrituras así como a la doctrina ortodoxa desde los primeros padres de la iglesia. Desde entonces, el fundamento de teología propia, bibliología, soteriología y cristología que establece se ha convertido en la mejor guía para la teología sistemática. Su deseo al escribir no era el obtener popularidad sino ayudar de una manera real al creciente número de cristianos protestantes en Francia que estaban enfrentando persecución en su fe. John Piper afirma:

Cuando sostienes la Institución de Juan Calvino en tu mano, recuerda que la teología, para Juan Calvino, fue forjada en el horno del martirio, y que Calvino no podía quedarse sentado indiferente sin algún esfuerzo para vindicar a los fieles y al Dios por el que sufrieron. Creo que, posiblemente, haríamos mejor nuestra teología hoy si hubiera más en juego en lo que decimos.[2]

Phillip Johnson añade:

Calvino fue un escritor prolífico y casi obsesivo. Prácticamente todo lo que enseñó, predicó y debatió se escribió y fue publicado—sus sermones, sus comentarios, sus puntos de vista de teología, sus intercambios polémicos sobre puntos disputados de doctrina y práctica, y un gran volumen de sus cartas personales. Ninguna otra mente de esa generación está tan bien documentada, y es gracias en gran parte al esfuerzo exhaustivo del mismo Calvino como escritor que tenemos ese registro invaluable. Calvino no fue el autor más prolífico del protestantismo cristiano. Ese honor probablemente sería para Charles H. Spurgeon (si el criterio es el número de palabras publicadas) o a Cotton Mather (si contáramos el número de libros escritos). Pero Calvino supera a todos, sin lugar a dudas, si evaluamos la profundidad, importancia, nivel académico, ingenio e impacto a largo plazo en cada colección de su trabajo. Spurgeon y Mather reconocieron su deuda a Calvino y lo consideraron como un modelo, y lo mismo se puede decir de prácticamente cada teólogo protestante importante y comentarista desde la generación de Calvino hasta ahora. Ninguna otra luminaria protestante de su tiempo al presente le llega cerca a él en términos de su significado y alcance como autor.[3]

 

Su convicción de predicar expositivamente

Otro de los legados invaluables que nos dejó todo el avivamiento de la Reforma, fue el retorno de la predicación expositiva como fundamento de las reuniones públicas de la iglesia. El catolicismo romano había intercambiado el estudio de la Biblia por la liturgia y las tradiciones y la gran influencia de todos los reformadores tuvo simplemente que ver con regresar a un estudio exhaustivo y apasionado de la Biblia, libro por libro.

Durante su tiempo de pastoreo en la iglesia de San Pedro en Ginebra, Calvino desarrolló un ministerio de predicación expositiva que modeló no solo la forma, sino el resultado de cómo estudiar y enseñar la Biblia, sin importar el nivel de educación ni el trasfondo cultural de la congregación. Durante sus años en Ginebra entre 1536 hasta 1564 cuando murió, predicó 123 sermones sobre Génesis, 201 sobre Deuteronomio, 159 de Job, 353 de Isaías, 189 de Hechos, 110 de 1 Corintios y una armonía de los evangelios de 65 sermones, solo por nombrar algunos.

Calvino creía que la Palabra de Dios es una lámpara que se le había quitado a las iglesias. Sus sermones fueron consistentes en la iglesia de San Pedro los domingos sobre un libro del Nuevo Testamento en la mañana, otro en la tarde (o de los Salmos), y sobre libros del Antiguo Testamento entre semana, a excepción de los tres años en que se fue a Estrasburgo después de ser expulsado por las autoridades civiles por desacuerdos sobre la Santa Cena entre 1538 y 1541. Cuando lo volvieron a llamar, regresó a predicar en San Pedro justo donde se había quedado tres años antes.

Calvino era conocido en toda la ciudad como un predicador de la Palabra que lo hacía con increíble sencillez y claridad. De él aprendemos que la mejor predicación de la Palabra es profunda, pero clara, exhaustiva y comprensiva. Su predicación trajo un cambio a Ginebra que llevó a Juan Knox a describir la ciudad como lo más cercano al cielo que había visto.

 

Su fidelidad en medio de la adversidad

La vida de Calvino nunca podría ser descrita como una vida fácil. A los 5 años de edad perdió a su madre, a los 21 a su padre, su esposa de 9 años Idellette de Bure, murió de lo que probablemente fue tuberculosis, tuvo tres hijos que murieron al nacer o poco después y él mismo sufrió de muchas enfermedades agonizantes, especialmente durante su tiempo como pastor en Ginebra. Tenía un estómago débil, migrañas constantes, cólicos, vómito de sangre, la gota, hemorroides y piedras en los riñones.

No solo su salud enfrentaba constantes amenazas, sino su propia vida corría peligro por el inminente peligro de guerras, turbas y la oposición del gobierno y las autoridades civiles al movimiento protestante.

 

Su corazón pastoral

La principal amenaza que enfrentó Calvino fue de carácter doctrinal y moral por la oposición de los libertinos (la clase alta y privilegiada de Ginebra), quienes consideraban la libertad cristiana y la comunión de los Santos como pretexto para vivir vidas de promiscuidad sexual y borracheras. La convicción de Calvino sobre el valor de la Santa Cena lo llevó a excomulgar a varios libertinos y a proteger el testimonio y la santidad de los miembros de la iglesia.

Su constante denuncia contra las herejías y los errores doctrinales del papa y de la iglesia Católica fortalecieron la fe de nuevas generaciones que estaban siendo ahora transformadas por el avivamiento de la Reforma protestante.

Con todo lo anterior, se debe notar que no todo en la vida de Calvino fue un ejemplo a seguir. Su participación en la sentencia de ejecución de Miguel Serveto en 1553 por negar la doctrina de la trinidad es una mancha que muchos han usado para desacreditar a Calvino por completo. Sin embargo es importante señalar que aunque bíblicamente la convicción de la doctrina no se impone por la fuerza sino por la transformación del corazón con el poder de la Palabra, Calvino formó parte y creció en un sistema y una sociedad barbárica que, junto con la inquisición romana, acostumbraba a dar la pena de muerte a herejes que se oponían a la trinidad o a la encarnación.

Calvino trató de persuadir a Serveto de retractarse de su error por horas durante y después de su juicio y pidió que se le diera una sentencia más digna en decapitarlo en lugar de quemarlo aunque su petición fue negada. La sentencia de pena capital de Serveto no fue aprobada solo por Calvino, sino por el Concejo de Ginebra de 25 miembros, así como de otros reformadores como Bucer y Melanchthon.

 

Conclusión

A la luz de 1 Tesalonicenses 5:12-13, reconozcamos a los que con diligencia trabajaron entre nosotros y nos dirigieron en el Señor y nos instruyeron, teniéndolos en alta estima con amor por causa de su trabajo.

Juan Calvino fue un hombre que entendió su condición de pecado y la necesidad del arrepentimiento, así como la gracia de Dios, su soberanía en la elección incondicional y el propósito de todas las cosas: la gloria de Dios. Él demostró esas convicciones al seguir el llamado de Dios, escribir con profundidad, predicar con pasión, soportar la aflicción y amar a la gente.

 

 

 

[1] Juan Calvino, Commentaries on the Book of the Prophet Jeremiah and the Lamentations [Comentarios sobre el libro del profeta Jeremías y las Lamentaciones], trad. John Owen (repr. Grand Rapids: Baker, 1979), 1:43. Citado por Steven Lawson en “The Preacher of God’s Word” [«El predicador de la Palabra de Dios»], Burk Parsons, ed., John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, Doxology John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology [Juan Calvino: un corazón apasionado por la devoción, la doctrina y la doxología] (Orlando, FL: Reformation Trust Publishing, 2008), pos. 1049 de 2889.

[2] John Piper, John Calvin and His passion for the majesty of God [Juan Calvino y su pasión por la majestad de Dios] (Wheaton, IL: Crossway Books, 2008), 30.

[3] Phillip R. Johnson, “The Writer For the People of God” [«El escritor para el pueblo de Dios»] en John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology [Juan Calvino: un corazón apasionado por la devoción, la doctrina y la doxología] (Orlando, FL: Reformation Trust Publishing, 2008), 96-97.