Juan Knox: «Dame Escocia o me muero»

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Este artículo pertenece al libro De vuelta a Cristo: Celebrando los 500 años de la Reforma escrito por pastores hispano hablantes y publicado por Soldados de Jesucristo. Estaremos regalando los archivos digitales de este libro el 31 de octubre de 2018, en celebración del aniversario de la Reforma protestante.

 

«Los hombres llamados a ser profetas para hacer hazañas como la de Elías no son por lo general sensibles al tacto, amables y varones metro sexuales. En la historia de la redención, los Elías han sido voces torturadas llorando en el desierto, figuras solitarias llamadas a oponerse a los críticos que crujen los dientes, hombres encargados de la tarea profundamente impopular de declarar la Palabra de Dios a las personas que se han aliado con los enemigos de esa Palabra. Aunque él no era un profeta bíblico, Knox fue hecho en ese molde» (Douglas Bond).[1]

Juan Knox fue un predicador escocés del siglo XVI. Knox es considerado el líder más influyente de la Reforma protestante en Escocia. Nacido en una granja en Haddington, un pueblo al sur de Edinburgh, a principios de los 1500, (la fecha exacta de su nacimiento se estima  entre los años 1503 y 1515). A pesar de que provenía de una familia de escasos recursos, Knox recibió una buena educación, forjada por su padre quien invirtió mucho dinero para ese fin.

La fecha de su conversión es desconocida. Él siempre tuvo una fascinación por la historia de la iglesia. Quizá esto, aunado su comprensión de las Escrituras, lo llevaron a concluir que la realidad de la iglesia de su tiempo distaba mucho del modelo bíblico que Dios mismo tiene para su pueblo. Esa fue la semilla que lo llevó a preocuparse por la condición espiritual de la iglesia y que más tarde dio fruto en su obra reformadora.

Sin embargo, su vocación protestante se debe también a la influencia de muchos otros hombres que dejaron un profundo impacto en él. Uno de ellos fue Jorge Wishart, un predicador escocés de quien se hizo muy cercano. En este sentido debemos decir que Knox fue un discípulo de Wishart. Cuando Jorge fue ahorcado y su cuerpo quemado bajo las órdenes del cardenal Beaton, Knox fue hecho líder de la ciudad de Saint Andrews, que en Escocia era como el cuartel general de los protestantes.

Cuando los franceses tomaron la ciudad a fines del 1548, Knox fue hecho esclavo y llevado a una galera francesa.[2]  En esta embarcación pasó 19 meses, que dadas las condiciones, las inclemencias del tiempo y las enfermedades de los esclavos, era como una sentencia de muerte. Eso resultó, para Knox, en una terrible experiencia que lo marcó para toda la vida y que lo dejó con su salud muy quebrantada.

Después de esta época, fue instalado en Inglaterra como predicador, pero tuvo que dejar el país (en el 1553) cuando María Tudor se convirtió en la reina. La nueva monarca, era católica romana, e inició una persecución contra los protestantes que resultó en la muerte de aproximadamente 340 mártires. Por esta empresa se ganó el apelativo de «María la sanguinaria». En respuesta a la actitud anti-protestante de la reina, más adelante Knox escribiría un tratado titulado El primer toque de la trompeta contra el monstruoso gobierno de las mujeres.[3] Por esto mismo, uno de sus biógrafos lo llamó «el trompetero de Dios».[4]

Su vida en Ginebra

Fue en este tiempo que llegó a Ginebra (1154) y pudo conocer a Calvino y estudiar bajo la enseñanza del reformador francés. Knox vivió como refugiado en Ginebra por casi 5 años, y parece esta fue una de las mejores etapas de su vida. Sorprendido y cautivado al ver cómo la causa de la Reforma había influenciado y transformado Ginebra, dijo de la ciudad años después con admiración: «Es la más perfecta escuela de Cristo desde los días de los apóstoles. En otros lugares se predica de Cristo, pero aquí, la Reforma afectó también la práctica».[5]

Fue durante su estadía en Ginebra que escribió el libro antes mencionado. Calvino nunca estuvo de acuerdo con la publicación de ese escrito y  hasta trató de persuadirlo para que no lo publicara.

Es importante notar que estando en Ginebra, Knox fue convencido por Calvino para ir a Fráncfort para ser pastor de la iglesia de ingleses refugiados en esa ciudad. Su estadía allá no fue larga y luego de ser expulsado regresó a Ginebra.

Ya en el tiempo en que Isabel I (hermana de María la Sanguinaria) reinaba en Inglaterra, Knox le escribió una carta para retractarse de esta publicación. Fue durante este reinado, (y luego de haber sido expulsado de su pastorado en Fráncfort) que la reina le permitió volver a Escocia. Fue allí donde inició su labor reformadora. Sin duda, la llegada de Isabel al trono favoreció a Knox en su afán reformador.

Su labor en Escocia

Knox permaneció en Escocia desde 1559 hasta que falleció en el año 1572. Aquí trabajó para que Escocia fuera protestante. Fue durante estos años que su labor reformadora no tuvo muchos impedimentos y dio los frutos que han perdurado. En un sentido, él quería ver en su país lo que había visto en Ginebra. Anhelaba que la Reforma produjera los efectos dentro y fuera de la iglesia que había visto en Ginebra. «Dame Escocia o me muero» era su memorable súplica a Dios por su nación.

Knox fue un gran reformador. Su anhelo por reformar la iglesia fue el motor que lo impulsó. Abolió el uso la hostia,[6] condenó el uso obligatorio de las vestimentas sacerdotales en la misa y abandonó la práctica católica de arrodillarse para recibir la Santa Cena. Todo esto fue revolucionario en su época. Para Knox, no estamos obligados a incluir ni añadir prácticas que no están prescritas en la Escritura. Todas esas cosas son más bien invenciones de los hombres. Además, Knox abogaba por un gobierno de ancianos (presbíteros) dentro de la iglesia, y ese énfasis es uno de sus legados. Es decir, que la iglesia debe ser dirigida y pastoreada por un cuerpo de presbíteros (pastores). Por otro lado, su influencia en cuanto a la educación fue también importante, sobre todo porque él creía que todo niño debía tener la oportunidad de estudiar.

Para sintetizar el alcance de su influencia no solo dentro de la iglesia, sino también en la sociedad europea, Arthur Henman en su libro How the Scots Invented the Modern World [Cómo los escoceses inventaron el mundo moderno] dijo: «Knox dejó una marca indeleble en su cultura nacional. Algunos se atreven a decir que la influencia de Knox también cruzó el océano para llegar a los Estados Unidos».

Knox fue un predicador. Un potente predicador. Sus sermones eran muy provocadores. El efecto de Knox por medio de sus predicaciones fue tremendo. Era vehemente y golpeaba su púlpito cuando predicaba. Es en virtud de su predicación que en la iglesia St. Andrews se conserva una pintura que muestra a Knox predicando como si estuviera volando desde el púlpito.[7]

Suele hacerse referencia al efecto que producían sus prédicas en María, Reina de los Escoceses: era capaz de hacerla llorar, no de convicción sino de rabia.[8] María tenía fama de ser una mujer de muchos hombres, y Knox la confrontaba desde su predicación por su estilo de vida licencioso. El reformador escocés era un hombre que prefería ofender a los hombres antes que ofender a Dios.

Knox fue también un escritor. Aunque su mayor legado no fue el literario, debemos decir que Knox también era un prolífico escritor. El libro contra el reinado de las mujeres (que mencionamos anteriormente) no fue su único aporte literario. Escribió también una confesión de fe, el libro de orden de culto y, junto a otros 5 teólogos,[9] redactaron El primer libro de disciplina (1560). Este libro sería como el manual de orden dentro de la iglesia, del gobierno eclesiástico, del manejo de dinero, de la educación gratuita y de la ayuda para los pobres. Fue un documento muy usado en la Iglesia de Escocia por muchos años. Estos escritos influyeron y contribuyeron a transmitir el protestantismo en Escocia con un sabor presbiteriano. Esta influencia también cruzó al otro lado del Atlántico, al continente americano. Además, Knox también escribió The History of the Reformation in Scotland [La historia de la Reforma en Escocia].

 Su legado

Knox fue un hombre de profundas convicciones y un hombre de oración. Por estas razones, se le ha considerado como el padre de los puritanos.[10] La disposición a no acomodarse al status quo, es el espíritu que caracterizó a los reformadores del siglo XVI, y Knox ocupa un lugar de honor entre ellos. Es por eso que en el monumento a los reformadores en Ginebra, su estatua se encuentra junto a la de Calvino, Beza y Farel. Sus últimos años los pasó en Edinburgo. Falleció el 24 de noviembre del 1572 en su hogar, acompañado de familiares y amigos. Antes de morir, le pidió a su joven esposa que le leyera el capítulo 15 de la primera carta a los Corintios.

Knox nos recordará en cada generación el poder de la Palabra cuando es predicada con autoridad y fidelidad. Las personas que han sido usadas por Dios para cambiar el curso de la historia, lo han hecho por medio de su Palabra. Es cierto que los hombres pasarán y las causas de Dios avanzarán. Lo más glorioso es que las causas divinas avanzan, cual tren, por los rieles de  hombres de Dios comprometidos con su Palabra, como Knox.

[1] Douglas Bond, The Mighty Weakness of John Knox [La ponderosa debilidad de Juan Knox] (Orlando, FL: Reformation Trust Publishing, 2011), pos. 59 de 1325.

[2] Una galera es un antiguo barco de velas y remos.

[3] Juan Knox, The First Blast of the Trumpet Against the Monstrous Regiment of Women (1558).

[4] W. Stanford Reid, Trumpeter of God: A Biography of John Knox [Trompetero de Dios: una biografía de Juan Knox] (Grand Rapids, MI: Baker Publishing Group, 1982).

[5] Citado en parte por Steve Lawson en John Knox: Fearless Faith [Juan Knox: fe sin miedo] (Fearn, Scotland: Christian Focus Publications, 2014), pos. 606 de 1742.

[6] En los tiempos de Knox ya se usaba las obleas en lugar de pan.

[7] Esta es la obra del pintor Sir David Wilkie que muestra a Knox predicando ante los hombres del congreso escocés.

[8] Martyn Lloyd-Jones, Los puritanos: sus orígenes y sucesores (Edinburgh, UK: El Estandarte de la Verdad, 2013), 388.

[9] Estos son conocidos como «los seis Juanes», pues todos eran de nombre Juan.

[10] Llamado así por Martyn Lloyd-Jones en su libro Los puritanos.