La disciplina en la iglesia comienza contigo

La disciplina en la iglesia comienza contigo

¿Qué te viene a la mente cuando piensas en la disciplina en la iglesia? Si eres como yo, inmediatamente te remitirás a casos complejos que requieren medidas robustas de parte de los líderes de la iglesia. Piensas en los “grandes pecados” y cómo responden “los pesos pesados” (es decir, ancianos / pastores o líderes de la iglesia).

La disciplina de la iglesia puede involucrar a toda la iglesia y sus líderes. Pero la disciplina de la iglesia realmente comienza, y por la gracia de Dios termina, contigo y conmigo. “Y si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas; si te escucha, has ganado a tu hermano.” (Mat. 18:15).

En amor, te enfrentas al pecado de tu hermano con la esperanza de crecer juntos en la piedad. Y lo haces una y otra vez a lo largo del curso normal del discipulado, de manera natural. Bastante simple, ¿verdad?

Sí y no. Es simple ¡pero da tanto miedo! Lucho con el miedo al confrontar a alguien. Me pregunto y me concentro demasiado en mí mismo preguntándome “¿Quién soy yo para juzgarlos? o ¿qué tal si me rechazan?”. De hecho, haría casi cualquier cosa para salirme de una conversación molesta e incómoda.

Pero la enseñanza de Jesús es clara: la disciplina de la iglesia comienza contigo. Por lo tanto, debemos tomarla en serio y trabajar para cultivar una atmósfera en la que la disciplina sea una parte saludable del proceso de discipulado.

Una vez escuché a un anciano decir que debemos poner la palabra “discípulo” de vuelta en disciplina. ¡Amén! El énfasis de la disciplina siempre debería estar en crecer como discípulos de Jesús. A medida que la aplicamos adecuadamente al discipulado, la disciplina se volverá menos “aterradora” y más natural. Dicho esto, aquí hay cinco cosas que aprendí en mis relaciones de discipulado que pueden aplicarse ampliamente a hombres y mujeres.

Construye Relaciones Significativas

Debes estar en una relación real con los demás en tu iglesia local, lo suficientemente cercana como para encontrarte con el pecado de otros de vez en cuando. No necesitas ser el mejor amigo de todos o convertirte en un extrovertido. Pero conoce las historias, vidas y familias de cada uno.

Pasen tiempo juntos, compartan comidas, hagan parte de sus alegrías y tristezas. Hagan todas esas cosas de la vida que construyen una relación significativa, incluyendo luchar juntos contra el pecado. En este contexto, una suave reprensión de uno a otro amigo no será el fin del mundo. Será lo normal. Pero comienza con el desarrollo de una relación real con al menos una persona de tu iglesia.

Establece el Tono

Establece un tono de redención para toda la relación. Hablen de Jesús, ¡hablen mucho de Él! Mediten en su gracia juntos, lean la Biblia juntos, hablen sobre cómo el Espíritu está obrando en sus vidas. Elijan ser transparentes y vulnerables, confesando su propio pecado y tentaciones regularmente. Pide disciplina a los que te rodean. Hazles saber que tu deseo principal es ser más como Jesús y que necesitas su ayuda para hacer esto.

Mi esposo y yo establecimos estas condiciones para nuestro matrimonio hace más de una década. Nos comprometimos con la santificación de cada uno por encima de todo lo demás, lo que significa que nos estamos disciplinando rutinariamente. Por ejemplo, la semana pasada le pregunté a Neal acerca de sus prioridades porque no lo había visto meditar en la Palabra. Asimismo, él me llamó la atención por desear un reconocimiento en un área irrelevante. ¿Siempre nos gusta esto? ¡claro que no! ¿Pero amamos a Jesús más que hace diez años? Absolutamente. Ese es el don de la disciplina.

¿No es la disciplina de la iglesia una excusa para controlar y abusar de la gente?

Deposita Amor Frecuentemente

Esta es una lección básica sobre relaciones. Anima 10 veces a una persona por cada vez que debas disciplinarla. Busca evidencias de gracia y crecimiento en las vidas de otras personas y luego comparte esto con ellas para animarlas.

¿Has notado que tu amigo es más tierno con sus hijos? ¿O a una joven madre que lucha por pasar más tiempo en la Biblia? Si es así, ¡díselos! Acumula amor mientras alientas constantemente a otros, para que cuando llegue el momento de hacer un “retiro por disciplina” no se vacíe tu cuenta.

Soy mucho más rápida para ser corregida por alguien que sé que está de mi lado e incondicionalmente para mí. Cuando esa persona me dice: “Whitney, has sido demasiado crítica últimamente”, soy toda oídos. Alentarlas frecuentemente, les dice a esas personas que las amas y estás ahí para ellos.

Haz Buenas Preguntas (y ¡ESCUCHA!)

Una buena pregunta te llevará más lejos que diez acusaciones. Las preguntas te ayudan a comprender mejor la situación y a desarmar el mecanismo de defensa de la otra persona, haciendo que la conversación sea más fructífera.

Es mejor acercarte a una hermana y decirle: “Me he dado cuenta de que has estado hablando de fulanita últimamente. ¿Por qué no te has acercado a ella?” que sentarla y decirle: “Eres una completa chismosa y aquí están las diez veces que te he sorprendido haciéndolo”.

Al hacer una pregunta, no solo estás sacando a la luz el pecado del chisme, también estás extrayendo las razones por las que ella pueda ser propensa a los chismes, como la inseguridad o el temor a las personas; que por supuesto, también deben abordarse en el contexto del discipulado amoroso.

Es como un “2X1”. Los confrontas, pero también intentas entender dónde están y qué necesitan en esta etapa de sus vidas. Comenzar con preguntas en lugar de juicios predeterminados permite abordar la complejidad de la vida y las diferentes capas que puede tener una situación.

Elige Tus Batallas

Queremos practicar la disciplina con regularidad, pero no nos convirtamos en una comunidad que siempre está cazando el pecado en otros. He sido parte de una iglesia donde hacen cacería de pecado y eso es desalentador, por no decir raro. Sentí que tenía que inventar pecados solo para encajar. Este no es el corazón de Mateo 18.

El verdadero discipulado es saber cuándo confrontar el pecado y cuándo cubrirlo. Pedro nos recuerda que, sobre todo, debemos amarnos profundamente “porque el amor cubre multitud de pecados” (1 Pedro 4:8). Algunos días verás el pecado y necesitarás guardar silencio hasta una próxima vez.

Esto no significa que cubramos el pecado (el pecado siempre debe tomarse en serio); más bien, lo cubrimos para proteger y amar a esa persona. Si condenas cada pecado que ves, crearás una cultura de ansiedad, ya que las personas se quebrarán bajo la carga de tu escrutinio. Entonces, con mucha oración y sabiduría guiada por el Espíritu, elige tus batallas.

La incorporación de estos puntos contribuirá en gran medida a construir una cultura donde la disciplina sea una pieza natural del discipulado. Sin embargo, debido a que este es un tema delicado, sería negligente si no tratara un área más.

Revísate Antes de Arruinarte ¡Y arruinar tus relaciones!

Ya todo se supo: soy una adicta del hip hop, el rap y el R&B. Me criaron con esta música y el funk aún corre por mis venas. Entonces, cuando pienso en ideas concluyentes sobre la disciplina en la iglesia, no puedo evitar escuchar las palabras atemporales del rapero Ice Cube, “Revísate antes de que te arruines”. Aquí hay sabiduría. Cuando nos dejan por nuestra cuenta, los humanos tendemos a destruir lo bueno.

Con la disciplina en la iglesia pasa lo mismo. Si no somos cuidadosos, podemos echar a perder algo bueno. Es por eso que necesitamos asegurarnos de que nosotros mismos estamos bien, para que no terminemos haciendo más daño que discipulando. Nadie abordará la disciplina “perfectamente”, pero todos podemos hacerlo con humildad, revisándonos a nosotros mismos para asegurarnos de que estamos amando, sirviendo y protegiendo a las personas involucradas:

Revisa tu Vida

No estarás sin pecado antes de confrontar el pecado de otra persona, pero no ignores la viga en tu propio ojo. Pregúntate: “¿Hay algún pecado oculto o habitual en mi vida que deba confesar?” Es posible que debas comenzar la confrontación confesando tu pecado antes de hablar del pecado de la otra persona.

Revisa tu Corazón

La disciplina está motivada por el amor genuino por alguien. Si estás más preocupado por “ganar” la conversación o por probar tu punto de vista, entonces no tienes las mejores intenciones en mente.

No hay lugar para venganzas personales o rencores enraizados en una confrontación piadosa. Si no puedes reprender a alguien en amor, entonces deja que alguien más se encargue de la disciplina.

Revisa tus Emociones

Si estás particularmente acalorado por una ofensa, yo sugeriría esperar hasta que te calmes antes de confrontar a alguien. No tienes que esperar hasta no sentir nada, pero querrás tener el control de tus emociones.

A menudo, cuando resaltamos el pecado en el calor de nuestra ira o frustración, terminamos pecando nosotros mismos. Es mejor esperar y recuperar el control que decir algo de lo que no te podrás retractar.

Revisa tus Palabras

Las palabras importan. Las palabras descuidadas que se dicen, incluso con buenas intenciones, pueden causar un mundo de dolor. Tus palabras deben ser claras y firmes, al mismo tiempo que son amables y restauradoras. Si necesitas anotar algunas cosas de antemano para asegurarte de que no ser demasiado casual o demasiado agresivo, ¡definitivamente hazlo!

Revisa tu Objetivo

El objetivo de la disciplina es siempre el arrepentimiento, la restauración y la reconciliación, si es necesario. Al igual que Jesús que dio su vida para reconciliarte con el Padre, estás buscando el bienestar de otro, aunque tengas que pagar un precio.

Siempre pregúntate: “¿Por qué estoy haciendo esto?”. Si se trata de algo que no sea el arrepentimiento y la restauración, espera y ora hasta que tus objetivos sean los correctos.

Con todas estas ayudas a la mano, te insto a ser audaz en la disciplina dentro de la iglesia, ya que es un medio vital de la gracia. Una iglesia amorosa será una iglesia que disciplina. Y la carga de esa disciplina recae principalmente en nosotros los “cristianos comunes” que formamos la comunidad del discipulado.

Que podamos amarnos lo suficiente como para confrontar el pecado y que nos llamemos unos a otros al arrepentimiento para que podamos movernos juntos hacia Jesús.

Traducido por Samuel David  Lasso Llanos