Un resumen de 500 años de influencia global: la Reforma que cambió al mundo

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Este artículo pertenece al libro De vuelta a Cristo: Celebrando los 500 años de la Reforma escrito por pastores hispano hablantes y publicado por Soldados de Jesucristo. Estaremos regalando los archivos digitales de este libro el 31 de octubre de 2018, en celebración del aniversario de la Reforma protestante.

 

«Los principios establecidos en las Escrituras afectan todas las áreas de la vida… cuando nos alejamos de los estándares y del diseño de Dios en dichas Escrituras, esto se refleja en todas las esferas de la sociedad. Las diez enseñanzas centrales del período de la Reforma tuvieron un impacto tal, que catapultaron el desarrollo de las naciones» (Miguel Núñez).[1]

 

Muchos piensan que la Reforma fue principalmente un movimiento negativo en contra de la Iglesia Católica Romana que terminó estableciendo una nueva religión «protestante»; pero la Reforma que empezó hace 500 años, fue mucho más que eso. Fue el atrevimiento de los reformadores de recuperar el entendimiento histórico de la verdad de la Escritura, lo que trajo a su vez una nueva forma de ver el mundo en sí. Era mucho más que un cambio religioso, era un cambio en la manera de entender la realidad y la vida del ser humano. Los conceptos fundamentales de la Reforma acerca de la autoridad de la Escritura, la fe en la gracia salvadora de Jesucristo y de un Dios Soberano que busca comunión personal e íntima con el ser humano, y que hace todo para su gloria, trajeron implicaciones que tuvieron repercusiones en el mundo medieval y que son el fundamento de realidades modernas muy significativas. Es importante que reconozcamos esas repercusiones para valorarlas como parte de la gracia de Dios mostrada al mundo entero a través del movimiento de la Reforma.

 

Todo empezó con un Libro

La Reforma abrió una nueva era en la historia del mundo. Con la traducción al alemán contemporáneo del Nuevo Testamento en 1522, y la Biblia completa en 1534, por Martin Lutero, la gente pudo recibir y entender la enseñanza de Jesús y sus apóstoles de manera directa y sin tener que ser administrada e interpretada por un clero institucional. La gente por sí misma pudo darse cuenta de la gracia de Dios en Cristo Jesús y tener esperanza de que Dios prometía obrar en la vida de aquellos que confiaran en él.

Con la abundancia de Biblias y traducciones accesibles en nuestros días, tal vez no nos damos cuenta de lo significativo que era que una persona del siglo XVI pudiera tener una copia impresa de la Biblia en su propia casa y en su propio idioma. Esto significaba que, por primera vez, la gente tenía acceso personal y directo a Dios mismo. Algo que para nosotros es absolutamente normal, para ellos significaba un cambio radical en su entendimiento de cómo opera Dios en el mundo. Lutero hizo que la Biblia se convirtiera en el libro popular por excelencia y eso lo cambió todo. El libro que contiene la Palabra de Dios se puso en las manos del pueblo.

Aunque esto produjo una revolución en la religión cristiana, también debemos suponer que hubo consecuencias adicionales al hecho radical de que, por primera vez en muchos siglos, las personas comunes y corrientes podían tomar una Biblia en sus manos, y por sí mismos, verificar la verdad que ésta contiene. Eso significaba que se le daba al individuo la oportunidad del conocimiento e interpretación personal de la verdad. Y aunque los reformadores no desecharon el valor de la interpretación histórica y de la necesidad de que la iglesia sirviera como un «tutor sabio que te ayuda a encontrar tu camino en un libro no familiar»,[2] si enseñaban que cada individuo debe tener el derecho de aprender y discernir por sí mismo la verdad de la Biblia. Hasta ese entonces, sólo aquellos pertenecientes al clero dentro de la Iglesia Católica Romana, tenían el derecho de interpretar o enseñar las Escrituras. Con su traducción, Lutero ahora había abierto la puerta a que se enseñara la Biblia a todos, incluyendo a los niños y a las mujeres. Fue por medio del acceso público a la Palabra de Dios que la sociedad fue reformada. «No hice nada; la Palabra lo hizo todo», afirmó Lutero al reflexionar sobre los efectos que la Palabra de Dios tuvo en su época. Sin lugar a dudas, la traducción al vernáculo de la Biblia fue la obra más importante y útil de la vida de Lutero.

 

Libertad religiosa y educación

Pero la accesibilidad a la Biblia se dio gracias a que recientemente (en 1440) había sido inventada la imprenta, y eso ayudó a que diferentes teólogos y pensadores pudieran publicar sus ideas y propuestas sobre doctrina bíblica que alimentaron y extendieron la Reforma en el mundo occidental. Uno de ellos, que aprovechó este nuevo potencial, fue Juan Calvino, quien pudo defender sus perspectivas por escrito y así asegurar que tuvieran un impacto hasta nuestros días.

Las publicaciones de Calvino no sólo ayudaron a formalizar la teología de la Reforma, sino que también contribuyeron a la creación de iglesias libres del control externo, jerárquico o cívico. La Reforma generó nuevas ideas por las nuevas interpretaciones que surgían y con ello se incrementó el deseo de una verdadera libertad religiosa. Esto a su vez produjo una nueva diversidad de agrupaciones y denominaciones de iglesias cristianas. El derecho de formar y ser parte de una iglesia independiente era algo inimaginable en el siglo XVI. Aunque esto también introdujo la posibilidad de que se formaran sectas pseudo-cristianas o hasta heréticas. Los reformadores introdujeron y fomentaron la idea de la libertad religiosa que disfrutamos en muchos de nuestros países y que permite que la iglesia florezca y avance en su misión evangélica.

Esa nueva libertad de aprendizaje directa del individuo que los Reformadores promovían, trajo consigo otra consecuencia significativa, la necesidad de la educación popular. Hasta entonces, el derecho a la educación se limitaba a una élite aristocrática. Ya que el pueblo ahora tenía acceso a las Sagradas Escrituras, la educación popular se volvía absolutamente necesaria. Algunos afirman que la contribución a la sociedad más significativa de Juan Calvino fue el establecimiento de su Academia en Ginebra[3]. Él fue el primero de los reformadores que logró fundar una universidad que perduró por siglos.

El entendimiento de Lutero y Calvino de que el mundo sería reformado y prosperado por medio del conocimiento de la verdad, promovió la educación popular, no sólo en estudios religiosos, sino también en las leyes, medicina, historia y pedagogía. Podríamos asumir que estas iniciativas de los reformadores abrieron la puerta para que el mundo medieval empezara a salir del oscurantismo prevaleciente en que el conocimiento y diseminación de la verdad se restringía intencionalmente a una elite. La mayoría de nosotros en el mundo moderno, tenemos acceso libre al conocimiento y posibilidades de educación gracias a hombres como Lutero y Calvino que arriesgaron sus vidas para poner la Biblia al alcance de la gente, y varios libros valiosos que vendrían a transformar al mundo.

 

El arte y nuevas vocaciones

Los reformadores promovieron también que se escribiera y se tradujera música al idioma coloquial de la gente para que pudiera ser parte de la liturgia de adoración de las iglesias. Los cantos e himnos debían ser inteligibles, al igual que la predicación expositiva de la Biblia, para que la gente al escuchar recibiera un beneficio formativo para sus vidas. Por medio de entender y participar en el servicio de adoración se podían reiterar las verdades bíblicas en forma poética y artística. De esa forma la música se convertía en un medio formativo más, y la gente podía ser partícipe de la liturgia; no sólo observadores pasivos. Al mismo tiempo, esto promovió el esfuerzo creativo artístico.

La Reforma no apagó el arte, sino que lo promovió, dándole valor en la iglesia y separado de la religión. Los reformadores vieron el arte y las diferentes vocaciones como expresiones de la multiforme gracia común de Dios. La Reforma transformó la perspectiva del arte secular como algo que podía verse con una nueva luz espiritual, y estableció un fundamento piadoso que alimentó el genio de artistas como Rembrandt (1606-1669) y Johann Sebastián Bach (1685-1750).

Pero, los reformadores no sólo cambiaron y democratizaron la vida litúrgica de la iglesia, sino que cambiaron la perspectiva hacia todas las vocaciones seculares del hombre. Calvino veía las diferentes vocaciones de los hombres como una asignatura directa de Dios quien a su vez es quien nos guía y conduce en la vida. Calvino afirmó que «Toda obra, por despreciable o baja que sea, resplandece ante Dios y es de gran precio, si corresponde a nuestra vocación».[4] Ese entendimiento de lo «secular» elevaba toda vocación humana a un verdadero llamado divino que debía cumplirse para la gloria y el agrado de Dios. Ellos introdujeron la idea de que el clero no era el único que cumplía los propósitos de Dios en su vocación, sino también el campesino, el juez y gobernante, el comerciante y el panadero. La Reforma establecía los fundamentos de una democratización de la sociedad al elevar el valor, la preparación y la participación de todos los sectores de la sociedad. La labor aparentemente insignificante tenía valor para Dios y, por lo tanto, debería tenerlo para la sociedad.

 

El valor de la familia

Lutero es famoso por su afecto hacia la familia. El clero católico debía vivir en el celibato, pero Lutero considerando esa limitación como contraria a la enseñanza bíblica contrajo matrimonio en 1525 con su amada Katie, con quien procreó una familia de seis hijos. Lutero reconocía que la familia había sido ordenada por Dios, pero él se distinguió por promover una nueva perspectiva del valor y la bondad de las mujeres, así como del honor de la intimidad sexual entre los esposos y la importancia del afecto y el cariño en la relación matrimonial.

Lutero también consideró como sagrado el llamado a criar hijos en el Señor. Lo puso así: «Todos los padres y madres que regulan sus hogares sabiamente y forman a sus hijos para el servicio de Dios, están involucrados en la santidad pura, en una labor santa y orden santa».[5] Podemos acreditar esta perspectiva a la tradición cristiana de valorar no solo el matrimonio y la familia, sino el cuidado y formación de la niñez. La iglesia cristiana moderna dedica múltiples y extensos esfuerzos en promover matrimonios sanos y en cuidar y servir a la niñez como labores dignas al llamado divino (Ef. 5:25-28; 6:1-4). La Reforma fue el instrumento que Dios utilizó para recuperar esos valores que desgraciadamente la iglesia y el mundo medieval habían perdido.

 

La ley y el gobierno

Hemos hablado del aire democrático que la Reforma introdujo al hacer accesible al pueblo en común el conocimiento de la verdad y su participación activa en la liturgia de la iglesia. Además, los esfuerzos educativos, la multiplicación de recursos impresos y la valorización de las vocaciones elevaron la capacidad y deseo de la participación popular en la vida social y política de la sociedad medieval europea. Pero los reformadores, en particular Juan Calvino, fueron los instrumentos para promover que la Ley de Dios fuera considerada no sólo necesaria para el desarrollo de carácter cristiano sino como el pilar ético para la sociedad.

Hasta ese entonces, la Iglesia Católica Romana y el Santo Imperio Romano, eran los únicos que podían establecer y ejercer la Ley. Pero, los reformadores entendían que la naturaleza humana no sólo era falible, sino pecaminosa y, por lo tanto, digna de desconfianza. A la vez, tenían una alta estima de la Palabra de Dios y sus ordenanzas. Por ello, los seguidores de la Reforma fueron una influencia directa y positiva en la creación y promoción del constitucionalismo.[6]

Calvino también argumentó intensamente que el gobierno estaba limitado en su capacidad de hacerse cargo de todas las necesidades de la sociedad. Por lo que promovió en Ginebra la creación de concejos locales de gobierno que actuaran en acuerdo con otros concejos para evitar acciones unilaterales. Aún el mejor de los líderes podía caer en la ceguera espiritual y la insensatez del egoísmo y, por ello, era necesario crear contextos de corrección mutua y de rendición de cuentas. La tradición democrática moderna y sus beneficios que ahora a veces menospreciamos son el producto de la extensión y refinamiento de esas ideas de los reformadores.

 

Agradecidos por la Reforma

La Reforma revolucionó el entendimiento teológico del mundo y nos benefició de gran manera al recuperar la luz del evangelio de la gracia de nuestro Señor Jesucristo. Pero podemos ver que, como resultado de esa nueva luz, también generó una nueva perspectiva del valor del individuo. La Reforma puso en las manos de los hombres la Palabra de Dios y eso colocó al hombre en la posibilidad de acceso al conocimiento de la verdad. Ese cambio fundamental abrió la puerta a toda una serie de nuevas ideas, radicales en ese tiempo, que sirvieron para introducir al mundo occidental libertades y derechos que forman el fundamento de nuestra sociedad moderna. Y todo como una manifestación de la bondad de la gracia de nuestro Señor para el hombre. Tenemos mucho que agradecer a nuestro Dios por el viento reformador de hace 500 años y por los hombres que él utilizó para llevarla a cabo.

[1] Miguel Núñez, Enseñanzas que transformaron el mundo: un llamado a despertar para la iglesia en Latinoamérica (Nashville, Tennessee: B&H Publishing Group, 2015), 14.

[2] Rick Ritchie, “Servants of Freedom: Luther on the Christian Life” [«Sirvientes de la libertad: Lutero sobre la vida Cristiana»] (5 de julio de 2007; WhiteHorseInn.org).

[3] David W. Hall, “Ten Ways Modern Culture is Different Because of John Calvin” [«Diez maneras en que la cultura moderna es diferente debido a Juan Calvino»] en The Reformation Then and Now: 25 Years of Modern Reformation Articles Celebrating 500 Years of the Reformation [La Reforma antes y después: 25 años de la reforma moderna celebrando los 500 años de la Reforma], eds. Eric Landry and Michael Horton (Peabody: Hendrickson Publishing, 2017).

[4]Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2012), 603.

[5] Martín Lutero, “Confession Concerning Christ’s Supper” [«Una confesión sobre la Cena del Señor»] (1528) en Luther’s Works, Volume 37: Word and Sacraments III [Las obras de Lutero, Volumen 37: Palabra y Sacramentos III] ed. Robert H. Fischer (Philadelphia, PA: Fortress, 1961), 364.

[6]David W. Hall, op. cit.