Soldados de Jesucristo

La sal de la tierra

“Pero la mujer de Lot, que iba tras él, miró hacia atrás y se convirtió en una columna de sal” —Génesis 19:26

Muchas veces leemos la Biblia como si fuera un cuento y no apreciamos tanto lo que realmente sucedió. En este capítulo de la Biblia, dos ángeles visitaron el pueblo de Sodoma, donde Lot, —como buen judío y conocedor de la maldad de la cultura donde estaban viviendo— ofreció su casa como protección para ellos. Una multitud de hombres, tanto jóvenes como viejos, rodearon su casa ¡para acostarse con ellos!

Los ángeles le avisaron que debían huir del pueblo porque el Señor lo iba a destruir por su maldad, y le instruyeron a seguir sin mirar hacia atrás. Cuando Lot explicaba a sus yernos lo que iba pasar, la reacción de ellos no fue muy diferente a lo que vemos hoy, no le creían y pensaron que él estaba bromeando. Al amanecer, los ángeles apremiaban a Lot a salir y ¿notas lo que él hizo? ¡Él titubeaba! Ellos tuvieron que tomarlos de la mano para sacarlos.

¿No suena esto como nosotros hoy en día? Dios, a través de Su Palabra, a través de las prédicas, a través de los libros cristianos, los devocionales, la consejería, y a través del Espíritu Santo nos habla al corazón y ¿qué hacemos? …titubeamos. Dios tiene que tomarnos de la mano para que no nos quedemos, y para evitar que después suframos las consecuencias.  En nuestra mente, siempre vemos el cambio como algo difícil y creemos que es más fácil quedarnos haciendo lo que conocemos, sin tener la necesidad de aprender nuevas cosas o aprender de nuevas culturas; sin embargo, fallamos en reconocer que Dios sabe lo que es mejor y que Él usará el cambio para nuestro bien (Romanos 8:28). Titubear es falta de fe y confianza en Él.

¿Y qué hizo la esposa de Lot? Exactamente lo que el ángel dijo no hacer, miró hacia atrás. Ahora nos preguntamos: ¿Sodoma fue un pueblo donde un creyente quisiera vivir?  Claro que no. Dios estaba ofreciéndoles una vida nueva, una vida lejos del pecado, lejos de la destrucción, pero también lejos de su familia y lejos de lo conocido. Cuando vivimos como la esposa de Lot, nos acomodamos al pecado. No nos molesta tanto porque el pecado nos ha desensibilizado y ya no nos horrorizamos. Y entonces, el resultado natural es que nuestra pasión para las cosas de Dios disminuya y el pecado del mundo no luce tan malo, y en ocasiones hasta nos parece hasta agradable.  ¿Cómo podemos ser sal y luz en las tinieblas cuando no amamos lo que Dios ama? Nuestra meta debe ser como Pablo nos dijo en Hebreos 12:1-2:

“Despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”.

Nuestra fe tiene que crecer al punto de que ya no miremos hacia atrás.  Nuestro deseo por la santidad debe ser más grande que nuestro deseo por las cosas del mundo.

Dios destruyó Sodoma con fuego y azufre, sin embargo, el corazón de la esposa de Lot todavía anhelaba al pueblo. El azufre y el fuego son una analogía del infierno (Apocalipsis 21:8), y ella prefería quedarse en el pecado que aceptar la vida que Dios estaba presentando delante de ellos. El Señor entonces, la convirtió en una columna de sal.

Nosotros como creyentes debemos ser la sal y la luz de la tierra, pero Él nos ha dicho que cuando la sal pierde su sabor, será echada fuera y pisoteada por los hombres (Mateo 5:13). La sal es usada para preservar y cuando somos usados por Dios para preservar Sus enseñanzas, entonces Él nos usa como sal viviente para Su plan redentor y el beneficio de la humanidad; pero cuando nos rehusamos, estamos preservando las formas pecaminosas del mundo, por lo que el Señor nos alejará y convertirá nuestro corazón en columnas duras de sal que han de ser echadas fuera  donde el mismo mundo nos pisotee. La decisión es nuestra. ¿A quién vamos a creer, a Dios que es siempre fiel y donde Sus bondades son nuevas cada mañana? (Lamentaciones 3:22-23) ¿O al mundo que eventualmente nos destruirá? (Ezequiel 23:7, 29)?


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Catherine Scheraldi de Núñez

Catherine Scheraldi de Núñez es la esposa del pastor Miguel Núñez, y es doctora en medicina, con especialidad en endocrinología. Está encargada del ministerio de mujeres Ezer, de la Iglesia Bautista Internacional y es conductora del programa radial “Mujer para la gloria de Dios”. Puedes seguirla en twitter.

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