Tengo que confesar que desde muy temprana edad fui introducido a este dios. Cuando fui expuesto a lo que este dios me ofrecía, acepté su ofrecimiento. Aun cuando no podía tener acceso continuo a sus ofertas, buscaba la manera de buscarle y de adorarle.

Después de un tiempo cayendo en sus ofrecimientos aun cuando no eran tangibles, ya no me saciaba como antes pero el daño ya estaba hecho. La verdad es que lo que ofrece es tan poderoso, porque promete saciar un profundo anhelo de satisfacción y deleite que está dentro de mí.

Este anhelo de satisfacción y deleite no fue creado por este dios, más este dios usa ese anhelo de satisfacción y deleite que hay en todo ser humano para mostrarse como aquel que lo puede llenar.

Por ejemplo, Adán y Eva tenían todo en el huerto del Edén (Gen. 1–2), cuando la serpiente vio que podía ofrecerles algo para saciar este anhelo -aun cuando estaban completos en Dios-, ellos aceptaron ser saciados con una falsa oferta (Gen. 3:1–7).

No es que el pecado de Adán y Eva fue la pornografía, pero el pecado de Adán y Eva tiene la misma esencia. El fundamento de la oferta de la serpiente era saciar a Adán y Eva con una mentira. Esta satisfacción falsa fue recibida porque Adán y Eva fueron creados con un profundo deseo de ser saciados, con un deleite que les fue dado. El anhelo está en todo ser humano, sin embargo, la fuente para saciar este anhelo no está en nosotros sino en Dios. Por eso Satanás se presenta como aquel que tiene lo que anhelamos.

El dios de la pornografía ofrece saciar a todo ser humano, por lo tanto, se muestra como la fuente de la verdadera satisfacción. La pornografía no es un problema del hombre, sino un problema de la humanidad. Tanto el hombre como la mujer, hoy más que nunca buscan saciarse con esta oferta del dios de la pornografía.

Las estadísticas son alarmantes, de cada 3 personas que miran pornografía 1 es mujer. Ese mito que la pornografía es solo para hombres cada vez está siendo más desenmascarado, porque no es un problema de género, sino del corazón.

¿Cómo podemos acabar con este dios?  

La respuesta es la misma que Pablo nos dice en Romanos 7:24–25b, “¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte? Gracias a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.”  

La solución a este pecado, a este dios, a este anhelo profundo de satisfacción y deleite es la misma: Cristo. ¿Por qué Cristo? Porque Cristo ha vencido al pecado y nos ha hecho libres de seguir siendo sus esclavos. Tal como por Adán entro el pecado y todos morimos, por Cristo hemos recibo la gracia de Dios para vida, (Rom. 6).

Cristo, con su vida y muerte venció a la serpiente y a este dios falso (Gen. 3:15), Con su sacrificio perfecto, dio a su iglesia su justificación delante del Padre (Rom. 5).  Cristo es quien compro la satisfacción y deleite de Dios, que nuestra alma tanto anhela y que el Espíritu aplica a cada creyente. Este deleite es la fuente de satisfacción porque Cristo quien está sentado a la diestra del Padre, nos ha dado “a conocer la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra deleites para siempre.” (Salmo 16:11).

Cuando nos arrepentimos de todo pecado que busca aplacar la gloria de Dios, el Único que puede saciar nuestro corazón, y miramos a Cristo como el Salvador y quien nos da Su justicia; entonces hemos sido resucitados de la muerte por el Espíritu para estar vivos en Cristo.

El creyente aun cuando es tentado por Satanás para buscar satisfacción en este ídolo de la pornografía, puede ahora en Cristo mirar cara a cara con la armadura de Dios (Ef. 6) al tentador, y recordar por medio del Espíritu Santo que:

Un dios que no es cierto,

Un dios que no sacia,

Un dios que busca matar mi deseo por Dios,

Un dios que muestra una imagen corrupta de la creación de Dios,

Un dios que ciega aun cuando invita a ver,

Un dios que busca aislar al creyente de verdadera comunión,

Un dios que busca quitar la verdadera masculinidad y feminidad bíblica,

Un dios que muestra una vanagloria para que el creyente no vea la verdadera gloria.

Hemos sido llamados a ver la gloria de Dios en Cristo, para ser transformados día a día por el poder del Espíritu Santo que obra en cada creyente. Por lo tanto, nuestra obediencia es una obediencia activa bajo la soberanía y salvación de Dios. No caigamos en las mentiras del dios de la pornografía y confiemos en el “Dios de paz que resucitó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor, el Gran Pastor de las ovejas mediante la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda buena obra para hacer su voluntad, obrando Él en nosotros lo que es agradable delante de Él mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amen.” (Hebreos 13:20–21).

Michel Galeano es originario de Colombia, enamorado de su esposa Gaby y padre de Priscilla. Obtuvo su licenciatura de Ministerio Cristiano y Pastoral del seminario teológico Bautista de New Orleans y una Maestría en Divinidad en el seminario de Bethlehem en Minneapolis, MN. Esta plantando una iglesia en el Sur de la Florida. Puedes seguirlo en @MichelGaleano