Las Mujeres de la Reforma

Mujeres en la reforma

Las Mujeres de la Reforma. En el siglo dieciséis, la Europa católica romana desempeñaba diferentes roles para las mujeres, como madre, monja o reina. Pero estos roles (como fueron definidos en ese momento) a menudo estaban lejos de los roles bíblicos: las madres vivían con culpa por las relaciones sexuales conyugales, las monjas disfrutaban de la riqueza de la iglesia y a menudo competían por la posición, y las reinas ejercían su poder sin impedimentos, aunque a veces extraoficial, en las cortes decadentes.

Al expandirse la Reforma, se produjo un importante ajuste social a medida que la tradición católica romana, que se ocupaba de los roles de las mujeres se desmoronaba bajo el examen escritural. Monjas desenfrenadas, mujeres místicas y reinas católicas romanas despiadadas revelaron problemas reales a los que se enfrentó el principio del protestantismo. A medida que la iglesia desarrollaba una comprensión bíblica acerca de la feminidad, las mujeres protestantes vivieron el alcance total de esa feminidad. Una gama de personalidades, habilidades y posiciones nos muestran un ejemplo del espectro de cómo era el servicio fiel y fuerte a Cristo y su Iglesia en ese momento. Estos mismos principios y ejemplos son invaluables para ayudar a las mujeres de hoy a dar frutos dentro de los amplios límites que Dios nos da en Su Palabra.

A menudo, la iglesia de hoy no responde bíblicamente al feminismo. Esta es una de las formas en que la nube de testigos es tan útil para nosotros. Debido a que los principios que los guiaron fueron bíblicos, nosotros podemos usarlos también. Las diferentes culturas, siglos y personalidades crearán diferentes expresiones de la condición de la feminidad bíblica, pero los motivos y el fruto espiritual serán los mismos. Las mujeres de estos siglos fructíferos de protestantismo tienen mucho que enseñarnos.

Algunas empezaron la vida siendo ricas y otras eran pobres; muchas eran hermosas y envejecían prematuramente debido a las vidas difíciles que llevaban. Muchas simplemente hicieron aquello para lo que fueron criadas para hacer. Para otras, la rebelión contra su educación atea fue el comienzo de la fidelidad. Un gran número de ellas tuvieron matrimonios maravillosos, mientras que otras sufrieron a causa de sus esposos. Otras más eran solteras. Pero tenían características comunes todas estas mujeres creyentes.

Características de las mujeres de la Reforma

Las mujeres de la Reforma se dedicaron al crecimiento y la salud de la iglesia protestante, la mayoría de las veces expresado en el servicio de sacrificio a sus congregaciones locales. Pero ellas también hacían otro trabajo. A veces sus contribuciones eran directas: emitían edictos, escribían obras teológicas y ayudaban a establecer congregaciones. Una mujer, por ejemplo, pagó de su propio bolsillo por un edificio para la iglesia, supervisando la construcción ella misma. Otras se encontraron en una posición para llevar a cabo reformas indirectamente, por ejemplo, apoyando a sus esposos, revisando manuscritos de libros, albergando a los refugiados y educando a los niños para que continúen el trabajo. Independientemente de cómo se hizo, dedicaron sus vidas al establecimiento y crecimiento de una Iglesia reformada bíblicamente.

Estas mujeres también estaban dedicadas a la hospitalidad a un nivel que casi no se conoce en el Oeste hoy en día. Grupos de huérfanos, refugiados, pastores visitantes y muchos otros se amontonaron en sus hogares y estados. La hospitalidad era una herramienta que usaban para alimentar, vestir, alentar, enseñar y consolar al pueblo de Dios. Sacrificaron generosamente su energía, tiempo y finanzas.

Además, estaban comprometidas con la educación de manera consistente. Las mujeres protestantes diligentemente administraban sus propias capacidades intelectuales, trabajaban para entender las Escrituras y la teología, leían, discutían y se relacionaban con los teólogos con el  fin de conocer más de la Palabra. Esta no fue una experiencia sencilla porque aunque las mujeres tuvieran todo el deseo y anhelo de estar en quietud, en silencio y concentradas en el estudio de teología y seguir aprendiendo , ¡había demasiados bebés y labores domésticas por realizar! En su lugar, utilizaron su intelecto dado por Dios para llevar fruto en la educación. Para algunas mujeres, la educación comenzó en la infancia; otras tuvieron que compensarla por la falta de ella durante su crianza. Sin embargo, para todas ellas, la educación fue un esfuerzo de por vida, una herramienta más en su arsenal para luchar la buena batalla.

Las mujeres reformistas en este período también tendían a ser muy valientes. Una vez que vieron el curso de acción correcto, obedecieron incluso en circunstancias aterradoras. Enfrentarse a los monarcas enojados, los asesinos, las persecuciones, el exilio y otros desafíos con fortaleza parecía haber sido la norma. Es posible que hayan sido princesas, pero no había un “complejo de princesas”, ya que sufrían privaciones, hambre, amenazas y violencia con valentía y determinación.

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La centralidad de la santificación

Estas disposiciones no ocurrieron de manera programática. Su servicio a la iglesia no llegó porque querían una plataforma. No era un movimiento de liberación de mujeres. No salió de un ministerio de mujeres eficiente. Ni siquiera venía de la mera ortodoxia, aunque la ortodoxia era algo que todas perseguían. La razón por la que estas mujeres pudieron vivir como lo hicieron, fue la santificación.

Cuando el amor desinteresado reemplazó al egoísmo natural, se volvieron fructíferas por la gracia de Dios.

Las mujeres de la reforma buscaron activamente la santidad. No estaban en las redes sociales ni en los blogs de mamás esperando que la madurez espiritual sucediera. Se dedicaban regularmente a la lectura de la Biblia, la oración, la adoración (a menudo asistían varias veces a la semana), el compañerismo con los santos, el estudio teológico, las discusiones y un renunciamiento consciente las maduró y las equipó para servir a siervos útiles que Dios bendijo. Los proyectos personales, la comodidad y los planes estaban sometidos a la misión de la Gran Comisión.

El gran fruto que las mujeres creyentes dieron en esta era surgió de un amor por Jesús. Amaban a su Salvador, y la conformidad a Su imagen daba como resultado una santidad fructífera. El amor por Cristo y Su iglesia se desbordó en una acción santa que Dios usó para transformar una cultura.

5 lecciones de las mujeres de la Reforma

La fidelidad en lo mundano.

Cada mujer tenía su propia fuerza intelectual, emocional o física. Pero la fortaleza espiritual era algo que tenían en común, fortaleza extraída del conocimiento de las Escrituras y la comunión personal con Dios. Fue la conformidad con la Palabra de Dios lo que les enseñó cómo vivir y cómo ofrecer sus cuerpos como sacrificios vivos a su Redentor. No existe tal cosa como una “súper mujer”, pero sí existe una mujer obediente y santificada. En una variedad de talentos, situaciones, personalidades, gustos e incluso puntos ciegos, cada mujer llevó frutos del reino cuando cada una de sus almas tomó forma bíblica. El atributo principal que éstas mujeres tenían en común era la semejanza a Cristo. Y cada creyente hoy tiene el mismo llamado.

Cuando estudiamos las vidas de las mujeres de la era de la Reforma, sus hechos inusuales se destacan ante nosotros. Huyeron disfrazadas, dirigieron la guerra y soportaron la persecución. Pero, a menudo es su fidelidad cotidiana la que es más formativa para la iglesia: apoyar a los esposos, enseñar a los niños, proteger a los santos, leer y distribuir Biblias. Pocas mujeres hoy tienen la oportunidad de comandar un ejército, pero todas las mujeres creyentes pueden ser fieles en lo ordinario y mundano, obedecer y servir a Cristo en sus propias circunstancias. Tal vez ese sea el llamado más desafiante e intimidante. Es el ejemplo de la fidelidad cotidiana que cambia familias, iglesias y naciones, es lo que hace que las historias de estas mujeres sean tan valiosas para nosotros hoy.