Maridos solitarios, esposas solitarias

El aislamiento no siempre es algo malo. Jesús mismo tenía como hábito aislarse regularmente de la muchedumbre y estar a solas con Dios, después de un día de trabajo en medio de la multitud. En esas ocasiones, él oraba y renovaba sus fuerzas.

Pero, existe una soledad maliciosa, característica de la sociedad en la que vivimos. Las personas pueden estar viviendo en una casa con muchas otras personas y de igual manera vivir en soledad, aislados de los demás. Ya que fuimos criados como seres sociales; vivir en aislamiento, generalmente causa tristeza, depresión, angustia y, en algunos casos extremos, el suicidio.

El aislamiento sucede incluso entre las personas más íntimas como marido y mujer. Diversas fuerzas activas en la sociedad moderna están separando al marido y a la mujer cada vez más el uno del otro, en vez de que produzcan intimidad y mutualidad:

  1. En una sociedad tan compleja como en la que vivimos, experiencias diferentes y sistemas de valores diferentes separan a las parejas. Antiguamente, las personas nacían y crecían juntas en un mismo lugar. Hoy día, las personas vienen de pasados completamente diferentes.
  2. La sociedad moderna nos ha hecho creer que el casamiento es una relación en base de 50/50; es decir, cada uno da un poco de sí mismo. Sin embargo, esto nunca funciona en la realidad. El patrón cristiano es de 100/100. En el matrimonio, nos tenemos que entregar completamente.
  3. El egoísmo es probablemente la mayor amenaza para la unidad de la pareja. Ser egoísta es buscar nuestra realización personal, dejando al cónyuge de lado. Una ilusión bastante común es que al ser “marido y mujer” pueden obtener el éxito independientemente el uno del otro, y todavía así tener un buen matrimonio. En la práctica, esto casi nunca termina bien.
  4. Otro factor de aislamiento son los problemas no superados. Las investigaciones  muestran que cerca del 70% de las parejas que pasaron por experiencias traumáticas –como perder un hijo en un accidente, o tener un hijo con una deficiencia grave– terminan separados o divorciados.
  5. Los medios de comunicación han popularizado la idea de que las experiencias extramaritales son algo normal. La realidad es que, no solamente el adulterio consumado, sino también el adulterio emocional –amistad muy íntima con alguien del sexo opuesto– causan aislamiento de los cónyuges.
  6. La presión prolongaday acelerada en la que vivimos, contribuye a que cada vez más tengamos estilos de vida separados unos de otros.
  7. Otro factor es la dependencia cada vez mayor de los medios sociales. Marido y mujer pueden estar sentados en la misma mesa, sentados en el mismo sofá o acostados en la misma cama, no obstante, cada uno está revisando sus correos, Facebook, Twitter, Google+ u otras aplicaciones. Están juntos solo físicamente. Los miembros de una familia pueden estar en la misma sala y estar completamente aislados unos de otros. A medida en que nos adentramos en nuestros capullos virtuales, más y más nos desconectamos unos de otros.

El aislamiento es una amenaza seria, incluso para las parejas cristianas. Estos cristianos necesitan percibir que si no toman las medidas necesarias y si no tratan juntos estas amenazas, acabaran por vivir aislados unos de otros; aun estando bajo el mismo techo. Muchas parejas casadas tienen sexo pero no por amor. El error típico que muchas parejas cometen es no anticipar que problemas de este tipo pueden ocurrirle a ellos. Y cuando los problemas surgen, son tomados desprevenidos.

Vivimos en un mundo lleno de problemas. La tentación de muchos, bajo presión, es aislarse, hibernar como un oso en su caverna en el invierno. Aunque esto parezca una alternativa atractiva, solamente con el apoyo de amigos podríamos soportar las miserias de esta vida.

¿Qué podemos hacer como cristianos, para vencer el aislamiento? Aquí algunas sugerencias:

  1. Busque mayor intimidad con Dios, por medio de la lectura de la Biblia y la oración diaria. Cuando nos acercamos a Dios, podemos aproximarnos mejor a los demás.
  2. Planee pasar tiempo con su cónyuge haciendo cosas que ambos aprecian.
  3. En ocasiones, el aislamiento tuvo origen en una mala actitud suya, por la cual su conyugue se ofendió o entristeció. Es imprescindible pedir perdón y buscar la reconciliación.
  4. A veces cuando la situación ya se volvió muy complicada y difícil, es necesario vencer al orgullo y buscar ayuda.

No permita que el aislamiento termine con la alegría de su matrimonio. ¡Casados, también pueden ser felices juntos!


Publicado originalmente en Tempora Mores | Traducido con permiso para Soldados de Jesucristo por Daner Quevedo.