Mucho que aprender

Algunos personajes de la Biblia aparecen en la galería de la fe que nos muestra Hebreos 11. Otros, aunque no están allí, son conocidos tanto por cristianos como no cristianos. Pero hay un grupo más reducido de personajes casi anónimos, sus nombres hasta parecen raros o difíciles de pronunciar. Quizá no figuren en listas prominentes, pero aun así podemos aprender de sus vidas.

Al final de la carta a los colosenses encontramos exhortaciones de Pablo, algunos temas personales y los saludos a manera de despedida. Esta es una sección a la que a menudo no se le presta mucha atención. Sin embargo, hace años entendí que nada de la Biblia está allí innecesariamente, ¡incluidas las largas genealogías! Y lo mismo sucede con los finales de las epístolas. En estos breves párrafos se esconden estos personajes de los que hoy te hablo.

Tíquico, el que conforta

Lee conmigo Colosenses 4.7:

«En cuanto a todos mis asuntos, os informará Tíquico, nuestro amado hermano, fiel ministro y consiervo en el Señor. Porque precisamente para esto os lo he enviado, para que sepáis de nuestras circunstancias y que conforte vuestros corazones.»

Tíquico, un nombre nada común para nosotros. Colaborador de Pablo y procedente de Asia Menor según vemos en Hechos 20:4. Se menciona cinco veces en el Nuevo Testamento y muchos coinciden en que debe haber sido el portador de esta carta y también de la que se envió a los efesios.

¿Por qué hablar de Tíquico? Bueno, si relees el pasaje que mencionamos encuentras la respuesta. Tíquico fue enviado por Pablo para confortar, para dar ánimo. El apóstol sabía que una iglesia joven, con sus propias luchas y desafíos, necesitaba ser reanimada. ¿Y acaso no es la necesidad de cada cristiano en algún momento? Nuestro caminar con Cristo tendrán momentos de desánimo, momentos de frustración, momentos de tristeza. ¡Y para eso Dios nos envía agentes de ánimo!

Pero, al mismo tiempo, tú y yo podemos ocupar ese rol. ¿Sabes lo que he aprendido con los años? Que cuando nos enfocamos en animar a otros, ¡nosotras mismas nos reanimamos! Es un efecto boomerang, como nos enseña Proverbios 11.24:

«El alma generosa será prosperada, y el que riega será también regado.»

Otras versiones dicen que «el que reanima, será reanimado». Tenemos demasiada gente esparciendo desaliento, pero nosotros, que tenemos el Espíritu de Cristo, podemos ser de los que reanimamos y confortamos. ¡Tú y yo podemos ser Tíquico para alguien hoy!

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Epafras, el intercesor

Más adelante, en la misma carta a los colosenses, nos encontramos con Epafras. Según el versículo 12, era nativo de la región y también colaborador de Pablo y compañero de prisión (Filemón 1:23). Su nombre solo aparece tres veces, sin embargo, nos dejó un legado digno de imitar. Lee conmigo Colosenses 4.12:

«Epafras, que es uno de vosotros, siervo de Jesucristo, os envía saludos, siempre esforzándose intensamente a favor vuestro en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completamente seguros en toda la voluntad de Dios.»

No sabemos mucho de su vida, pero al leer esto queda claro que Epafras era un intercesor, alguien que no dejaba de clamar a favor de sus hermanos. ¡Oraba intensamente!  Y sus oraciones estaban enfocadas en el crecimiento espiritual de ellos. ¡Cuánto necesita la iglesia de los Epafras! En lugar de quejarnos por la gente que nos resulta difícil, olvidando que nosotros mismos también podemos ser así, seamos como este siervo de Dios, ¡oremos a favor de nuestra familia de la fe!

Mi abuela paterna fue un modelo para mi vida en muchos sentidos. Ella ya partió con el Señor. Por años fue maestra de la escuela dominical y solía verla estudiando su Biblia y la lección cada semana. Como es normal en el curso del tiempo, llegó un momento en que ya no pudo seguir; así que se convirtió en una intercesora. Recuerdo que en sus últimos días me llamaba por teléfono solo para decirme que estaba orando por mí, por el ministerio, por la iglesia, y muchas cosas más. ¡Es una bendición saber que alguien está orando por nosotros con ese fervor! ¿Por qué no hacer lo mismo?

En el cuerpo de Cristo todos tenemos una función diferente según los dones que hemos recibido. ¡Pero todo podemos confortar o animar a otros, y todos podemos orar! Hoy, en el siglo XXI, podemos ser para alguien Tíquico o Epafras, o los dos.