Soldados de Jesucristo

No olvidarás la promesa

“Miren, he puesto la tierra delante de ustedes. Entren y tomen posesión de la tierra que el Señor juró dar a sus padres Abraham, Isaac y Jacob, a ellos y a su descendencia después de ellos”, Deuteronomio 1:8.

Los padres en ocasiones hacemos promesas a nuestros hijos que tienen carácter temporal: prometemos algo que luego se nos olvida, se le olvida a nuestros hijos y todos siguen felices porque nadie lo recuerda. En ocasiones, los padres especulan a su favor con que sus hijos olvidarán esa promesa pronto. “Si dejas ese juguete donde estaba al llegar a la casa comeremos helado”, quizás no haya helado en la casa, pero como falta aún una hora para llegar a la casa, los padres esperan que se olviden sus palabras. Escribiendo esto recordaba yo mismo cosas que mi papá me había dicho que luego él esperaba que yo olvidara y ciertamente las olvidé con el tiempo. ¿A quién no le ha pasado?

Ciertamente me asombra este pasaje del libro de Deuteronomio, están frente a la tierra prometida. ¿Y quién prometió la tierra? ¿Y a quién se la prometieron? Acá vemos la fidelidad de Dios, generaciones y generaciones atrás, Dios prometió al viejo Abraham que de él saldría una nación que nadie podría contar y que les daría una tierra llena de abundancia. Abraham murió, Isaac nació. Y Dios vino a Isaac y le recordó la promesa que le hizo a su padre y que la cumpliría. Isaac murió, Jacob nació. Y Dios recordó a Jacob la promesa que había hecho a Abraham y a Isaac, y que la cumpliría. Y así, generaciones vinieron y se fueron, pero Dios no especuló con que el pueblo olvidaría esa promesa.

Piensa en esto: Dios podría haber permitido que la promesa se olvidara, nadie lo recordaría y Él no debería cumplir la promesa. Todos felices. Pero Dios no es como los hombres, Él es fiel. Siempre fiel. Y si Él prometió, Él cumplirá, honrará Su Nombre y Su Palabra para siempre. ¡Esto me maravilla! Piensa en el momento en que Dios mencionó por primera vez su promesa a Abraham, pasaron muchas generaciones, y ahora está el pueblo de Israel, que son millares, ¡frente a la tierra que Dios prometió! Lo que primero eran palabras de promesa, en ese momento se convertían en realidad frente a sus ojos. Dios prometió que Abraham tendría un hijo, y lo tuvo. Dios prometió que serían esclavos en Egipto y que Él los liberaría, lo hizo. Dios cumplió Su Palabra vez tras vez. Y ahora estaban viendo una vez más la fidelidad de Dios.

Nosotros estamos en un lugar privilegiado, mira hacia atrás, Dios prometió muchas cosas y cada una se fue cumpliendo en su tiempo justo. Dios anunció la venida de un Mesías, de un Salvador, y la Segunda Persona de la Trinidad se encarnó en el vientre de una virgen. Jesús vivió una vida en obediencia perfecta, murió en la cruz como un cordero que es sacrificado por el pecado del pueblo que se identifica en Él. Resucitó y ascendió al cielo. ¡Y prometió volver! Allí estamos nosotros, mirando y esperando esta preciosa promesa.

¿Acaso Dios no ha mostrado su fidelidad cada vez a lo largo de la historia? ¿No mostrará Dios su fidelidad en tu vida diaria? ¿No te dará Él todo lo que ha prometido (incluyendo sufrimientos)? ¡Claro que Dios lo hará! Él es fiel, siempre fiel. Eso es maravillosamente esperanzador para todos los cristianos, no hay sufrimiento tan profundo que no haya de ser disipado en el día final, no hay pozo tan oscuro que la gracia de Dios no pueda iluminar,  no hay un solo día en que estemos solos… ¡Él prometió! ¿Y no lo hará? Que el fiel Señor nos permita confiar día a día en cada una de sus promesas.

Enrique Oriolo

Director Ejecutivo de Soldados de Jesucristo. Miembro de la Iglesia Bíblica de City Bell. Esposo de Tamara, padre de Luz y Paz.

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