¿Qué sueños tienes para el nuevo año? ¿Qué desearías que fuera diferente en ti, tu matrimonio, tu familia, tu trabajo o tu ministerio?

Algunos pudimos haber estado pensando en esto desde finales del pasado enero, cuando nuestras brillantes y nuevas resoluciones ya se habían puesto rancias y habían comenzado a podrirse. ¿Por qué nuestras buenas resoluciones parecen echarse a perder más rápido que un litro de leche y un cartón de huevos?

Demasiadas resoluciones fracasan porque fallamos al orar. Empezamos con valentía, ambición e incluso algo de euforia. Pudiéramos orar por nuestra(s) resolución(es) en ese primer día de enero, así como oramos en el estacionamiento antes de emprender un largo viaje en auto. Pero antes de que hayamos siquiera comenzado a manejar en la carretera del nuevo año, ya hemos dejado atrás la oración, y con esto, el poder necesario para perseverar en cualquier nuevo hábito o conducta.

Sin orar por la ayuda de Dios, nuestras resoluciones más significativas o bien se desvanecen y fracasan por completo, o lo que es peor, parecen tener éxito, pero no reflejan en nada a Dios. Antes de hacer nuevas resoluciones, proponte orar. Si no te propones hacer nada más este nuevo año, proponte perseguir un cambio y crecimiento a través de la oración, y no a través de tu propia resolución.

Con tan solo unas pocas horas restantes del 2016, y un nuevo año que viene rápidamente, estoy pensando menos acerca de lo que voy a hacer de manera diferente, y más acerca de todo lo que Dios puede hacer en mí y a través de mí. Los cambios que más necesito en mi vida: mi vida devocional, mi matrimonio, mis hábitos alimenticios, ejercicio, mi ministerio, no pueden empezar o terminar conmigo, así que debo orar.

Mi nueva oración, sobre cualquier otra oración para el próximo año, es la siguiente:

Señor, enséñame más de ti de lo que ya sé, hazme humilde otra vez con todo lo que no sé, y haz que lo que sé sea más vivo y real en mi corazón y mi vida.

Señor, ayúdame a ver más de Ti que nunca antes.

Cada nuevo día y cada nuevo año, comienza con la misma oración, “Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley” (Salmo 119:18). Con el Espíritu en nosotros, y las maravillas infinitas de las palabras mismas de Dios delante de nosotros, nunca tenemos razón alguna para estar contentos con lo que ya sabemos. Sin lugar a dudas, deberíamos esperar ver y entender este nuevo año cosas acerca de Dios que nunca hemos visto antes.

Nunca dejemos de orar para que Dios nos “dé espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor conocimiento de Él. Mi oración es que los ojos de vuestro corazón sean iluminados,” para que podamos conocer más de Él: Su esperanza, Su riqueza, Su poder (Efesios 1:17-18).

Satanás pasa cada segundo de cada día mintiéndonos acerca de Dios (Apocalipsis 12:9). Lo exponemos y derrotamos con “la espada del Espíritu que es la palabra de Dios. Con toda oración y súplica orando en todo tiempo en el Espíritu” (Efesios 6:17-18 ). Pide a Dios que te muestre más de Él en Su Palabra este año de lo que nunca has visto antes.

Señor, muéstrame lo poco que sé de Ti.

Satanás es tan desviado que torna incluso nuestro conocimiento de Dios en una tentación de pecado. La ignorancia de Dios siempre nos llevará al mal, pero incluso el conocimiento de Dios puede convertirse en algo malo. Podemos saber lo suficiente acerca de Dios para ser salvos, pero la mayoría de nosotros también sabe lo suficiente como para que este conocimiento nos haga orgullosos.

Como el apóstol Pablo advierte: “El conocimiento envanece, pero el amor edifica. Si alguno cree que sabe algo, no ha aprendido todavía como lo debe saber; pero si alguno ama a Dios, ése es conocido por El” (1 Corintios 8:1-3). Es trágico cuando la teología que totalmente debe hacernos más humildes extrañamente nos hace pensar más alto de nosotros mismos de lo que debemos pensar (Romanos 12:3).

La verdadera teología por más refinada que sea, por más desarrollada que fuera, por mejor articulada que sea, suena como adoración: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú has establecido, digo: ¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes, y el hijo del hombre para que lo cuides?”(Salmo 8:3-4). Mientras Dios muestra más de Sí mismo, pídele que te ayude a ver lo poco que sabes y lo poco que mereces saber lo que sabes. Pídele que te haga humilde.

Señor, haz que lo que sé de Ti sea real en mi corazón.

Desde una edad temprana, el mundo nos ha enseñado a medir el progreso en todas las formas equivocadas. Pasamos veinte o más años aprendiendo un poco más de matemáticas, o un poco más de historia, o un poco más de ciencias, y nos medimos a nosotros mismos año tras año por los resultados de los exámenes y las calificaciones finales. Pero la vida cristiana no es un simple curso de teología sistemática. La madurez es medida por un monitor espiritual en el corazón, no una hoja de respuestas múltiples en un examen de teología. Es a través del carácter, no del conocimiento que tienes en tu cabeza.

¿Cómo convertimos lo que sabemos en verdadero crecimiento cristiano? A través de la oración. La oración es el fósforo que enciende la astilla del conocimiento que hemos reunido con el tiempo. Tim Keller escribe:

“La oración convierte la teología en experiencia. A través de ella percibimos Su presencia y recibimos Su gozo, Su amor, Su paz y confianza, y por lo tanto nuestra actitud, comportamiento y carácter son cambiados. . . . La oración es la forma en que todas las cosas en las que creemos y que Cristo ha ganado, en realidad se convierten en nuestra fortaleza. La oración es la forma en que la verdad trabaja en tu corazón para crear nuevos instintos, reflejos y disposiciones” (Oración , 80, 132).

Con demasiada frecuencia hemos amado lo que hemos aprendido acerca de Dios más que a Dios mismo, y cuando lo hacemos, nuestras vidas permanecen esencialmente iguales. Aprendemos más y más, pero nunca cambiamos. Pero si en realidad nunca cambiamos, ¿hemos realmente conocido a Dios en absoluto? Keller sigue, a partir de Juan Calvino, “Tu puedes saber mucho acerca de Dios, pero no conoces realmente a Dios hasta que el conocimiento de lo que ha hecho por ti en Jesucristo ha cambiado la estructura fundamental de tu corazón” (78).

Más de Dios, menos orgullo y más como Cristo. A medida que el sol se pone en otro nuevo año, que el Hijo se eleve como nunca antes en el horizonte de nuestros corazones.


Una publicación de DesiringGod.org | Traducida con permiso por Alicia Ferreira de Díaz

Marshall Segal es un escritor y editor para desiringGod.org. Es graduado del Bethlehem College & Seminary. Él y su esposa tiene un hijo y viven en Minneapolis.