¿Por qué leer a Jonathan Edwards?

¿Por qué leer a Jonathan Edwards?

¿Por qué leer a Jonathan Edwards? Cada semestre cuando enseño teología a estudiantes universitarios, los hago leer uno o dos fragmentos de Jonathan Edwards, y cada vez recibo una de dos respuestas. Primero, ¡él es difícil de leer! La segunda respuesta que recibo de algunos estudiantes es sobre como Edwards simplemente ve la vida de manera diferente a como ellos la ven. Son sorprendidos, enfadados, y en ocasiones, son inspirados por las maneras en que Edwards habla del Dios de la Escritura.  Hay detalles, pasión, y una intimidad que no están acostumbrados a escuchar, la cual explica por qué los hago leer Edwards en primer lugar.

Tres razones del por qué

Hay muchas razones del por qué los cristianos de hoy deberían leer Edwards. Pero por un tema de espacio, déjenme ofrecerles solo tres.

1. Para ver a Dios más claramente

Al igual que con cualquier figura en la historia de la iglesia, leer a Edwards es en ninguna manera equivalente a leer la Biblia.  Sin embargo, como un primer beneficio, leer a Edwards es ganar un pasaje para entender la gran historia de las Escrituras de manera profunda y de mucha ayuda.  Como Dane Ortlund expresa, “Leer a Jonathan Edwards es como mirar a Dios. No porque Jonathan Edwards se pareciera a Dios, sino porque él miraba a Dios de manera constante, exacta e insistentemente. Y luego escribía lo que veía.

Leer a Jonathan Edwards es tener el horizonte de alguien con visión interna que ha sido abierta hacía una belleza irresistible y alegría desbordante… Es ser entrenado hacia ser verdaderamente humano: radiante y profundamente tranquilo; deleitándose en este mundo de incesante dolor y banales deleites alternativos, para recibir y devolver amor del amor mismo.”

De tal manera, leer a Edwards prueba ser grandemente beneficioso para la vida del cristiano porque posee una mayor habilidad para ver a Dios tal como es y ser transformado de gloria en gloria (2 Cor. 3:18).

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2. Para situarte en un contexto histórico importante

Una segunda razón para leer a Edwards es para situarte en un contexto histórico importante que es clave en la trayectoria del evangelismo.  Edwards sirvió como pastor de la iglesia en Northampton en la América de mediados del siglo XVIII. Esta era es conocida también como el Primer Gran Despertar, un tiempo de inmenso avivamiento en Inglaterra y en las colonias americanas. Edwards, junto con otros como George Whitefield y John Wesley, sirvió como un importante catalizador en medio de estos avivamientos. Ellos lo apoyaron y defendieron de los detractores, mientras también desafiaron los excesos emocionales en varios momentos.

Cerca de 300 años después, las maneras en que practicamos las disciplinas espirituales, evangelizamos y evaluamos los avivamientos se debe en gran manera a la cuidadosa evaluación de Edwards al gran despertar.  Él fue un pensador cuidadoso que escribió bien sobre las doctrinas de la conversión, seguridad, perseverancia y las verdaderas marcas de la religión. Estamos en gran deuda con él.

3. Para beneficiarnos de lo extenso de la teología de Edwards

Finalmente, los cristianos pueden beneficiarse de lo extenso de la teología de Edwards. Mientras que la cantidad de material que él logró escribir en toda su vida es enorme (actualmente en edwards.yale.edu se pueden consultar sus 73 volúmenes), es también de ayuda ver lo que esta gran mente pensó de muchos temas teológicos. Si uno quiere considerar los pensamientos de Edwards sobre el libre albedrío, el pecado original, ética, conversión, la historia de la redención, tipología, eclesiología, o escatología, podemos hacerlo porque él escribió sobre cada uno de estos temas y más.

Los lectores no estarán de acuerdo con todas sus conclusiones, pero tendrán la oportunidad de ver la lógica de Edwards, considerar su trato de la Escritura y reconocer la manera en la cual él buscó ser un fiel pensador bíblico.  Sus sermones preservados son también de mucho beneficio. Demuestran que este hombre era en gran manera un teólogo de la iglesia y no simplemente un escritor para académicos.

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¿Dónde debería comenzar?

Los pastores en particular se beneficiarán de Edwards al obtener una visión más clara de Dios, asentándose en una histórica e importante etapa considerando su sabiduría en una vasta cantidad de temas.

Muchos se preguntarán dónde deberían comenzar con Edwards, al escribir tan prolijamente.  Por esto es que Nathan Finn y yo estábamos tan ansiosos de editar el reciente libro Una guía del lector a las principales obras de Jonathan Edwards. Queríamos poner a disposición las mayores obras de Edwards y dar tanto a laicos como pastores una ayuda.

Sin embargo, uno no puede hacer nada mejor que ir directamente a las fuentes primarias. Así que comienza leyendo algunos de los sermones de Edwards.

Dos sermones que yo sugeriría son “Una luz divina y sobrenatural” y “La excelencia de Cristo”. Para una serie de sermones, considera “La Caridad y sus frutos” que es una excelente exposición de 1 Corintios 13. Después de algunos sermones considera leer “Los afectos religiosos”. Esta, junto con “Una narrativa fiel, las marcas distintivas de la obra del espíritu de Dios” y “Algunos pensamientos sobre el avivamiento” constituyen sus escritos del despertar y detallan su teología de la conversión diciendo que la verdadera religión consiste de los “afectos santos.” Mientras que hay muchos otros tratados, después que hayas leído alguna de estas obras, yo recomendaría “El fin por el cual Dios creó todas las cosas” un excelente discurso sobre la gloria de Dios como el centro y resumen de todas las cosas.

Los pastores están ocupados con un sinnúmero de tareas y puede ser difícil bajar el ritmo y alimentar sus propias almas. Sin embargo, si nosotros vamos a alimentar bien a nuestra gente debemos estar llevando nuestras mentes y corazones a las verdades de la palabra de Dios. Y estas verdades pueden venir a nosotros desde aquellos que han meditado gozosamente en el texto por toda una vida de ministerio, como Edwards. Como pastores y predicadores, podemos aprender a sondear las profundidades de la Escritura y alimentar a nuestra gente en ambos niveles, privado y corporativo incluso si esperanzadamente evitamos su ejemplo de pasar hasta 13 horas al día en su estudio.

Si nuestra visión de Dios es débil, nuestra consejería, exhortación y predicación lo serán también. Si ignoramos la historia de la iglesia y sus puntos de inflexión, así como la coherencia de las disciplinas teológicas, nuestro ministerio carecerá de profundidad.  Pero, si perseguimos aquellas cosas por el bien de nuestra gente y la gloria de Dios, ellos serán bendecidos.

Durante el camino, Jonathan Edwards servirá como una guía útil.  Junto con desafiar, él beneficiará grandemente a aquellos que perseveran. Estoy agradecido por este santo de antaño que sigue apuntándome de vuelta a la Biblia para que pueda ver y disfrutar al Dios de todas las cosas.