Soldados de Jesucristo

Predicador, ¡necesitas la teología bíblica! – Parte 2

Nota del editor: Este artículo es parte de la Revista 9Marcas publicada por el ministerio 9Marks. Puedes adquirir la Revista impresa o en formato Kindle. También puedes descargarla gratuitamente directamente del sitio en internet es.9marks.org. En esta serie de artículos, el Dr. Schreiner comparte qué significa estar llamado a presentar todo el consejo de Dios y cómo pueden los predicadores usar la teología bíblica para cumplir con esa gran responsabilidad.


DESCUBRIMIENTO: ¿QUÉ ES LA TEOLOGÍA BÍBLICA?

La solución a los problemas de la predicación superficial descritos en el primer artículo de esta serie (el cual puedes ver aquí) es muy sencilla: los pastores deben aprender a utilizar la teología bíblica en su predicación. Sin embargo, aprender a hacer esto nos obliga a preguntar, ¿qué es la teología bíblica?

Teología bíblica y sistemática

La teología bíblica, a diferencia de la teología sistemática, se centra en la historia bíblica. La teología sistemática, aunque está sustentada por la  teología bíblica, es intemporal. Don Carson afirma que la teología bíblica está más cerca del texto que la teología sistemática, apunta a lograr una verdadera sensibilidad con respecto a la especificidad de cada cuerpo, y busca conectar los diversos cuerpos utilizando sus propias categorías. Por lo tanto, lo ideal es la teología bíblica que se erige como una especie de puente entre la exégesis y la teología sistemática responsable (aunque cada una de estas influye inevitablemente las otras dos).1

En otras palabras, la teología bíblica se limita más conscientemente al mensaje del texto o cuerpo en consideración. Esta pregunta qué temas son centrales a los escritores bíblicos en su contexto histórico, así como los intentos de descubrir la coherencia de esos temas. La teología bíblica se centra en la historia de la Escritura, el desarrollo del plan de Dios en la historia de la redención. Como vamos a examinar más detenidamente en la parte 3, esto significa que debemos interpretar y predicar cada texto en el contexto de su relación con el conjunto de la historia bíblica.

La teología sistemática, por otra parte, plantea preguntas sobre el texto que reflejan las preguntas o inquietudes filosóficas de la época. También puede, al final, explorar los temas que están implícitos en escritos bíblicos pero que no reciben atención sostenida en el texto. Aun así, debe ser evidente que toda la teología sistemática digna de este nombre se basa en la teología bíblica.

El acento peculiar de la teología bíblica, como Brian Rosner observa, es que «permite que el texto bíblico establezca la agenda».2 Kevin Vanhoozer articula el papel específico de la teología bíblica al decir que «la “teología bíblica” es el nombre de un método de interpretación de la Biblia en la que se supone que la Palabra de Dios es textualmente mediada a través de las diversas obras literarias, e históricamente condicionada a las palabras de los seres humanos»3 o «de manera más positiva, la teología bíblica corresponde a los intereses de los propios textos».4

Carson expresa bien la contribución de la teología bíblica: idealmente, la teología bíblica, como su nombre lo indica, incluso en momentos en los que funciona por inducción de los diversos textos de la Biblia, trata de descubrir y articular la unidad de todos los textos bíblicos en su conjunto, recurriendo principalmente a las categorías de los propios textos. En este sentido, es teología bíblica canónica, teología bíblica de toda la Biblia.5

La teología bíblica puede limitarse a la teología del Génesis, el Pentateuco, Mateo, Romanos o incluso a la totalidad de los escritos de Pablo. Sin embargo también puede comprender todo el canon de la Escritura, en la que se integra la trama de las Escrituras como un todo. Muy a menudo los predicadores expositivos se limitan a Levítico, Mateo o Apocalipsis sin considerar el lugar que ocupan en la historia de la redención. Así aíslan una parte de la Escritura de otra, y por lo tanto predican de manera dividida en lugar de proclamar todo el consejo de Dios. El Dr. Gerard Hasel enfatiza que tenemos que hacer teología bíblica de manera que «hagamos justicia a todas las dimensiones de la realidad a la que los textos bíblicos atestiguan».6 Tal teología no es simplemente la tarea de profesores del seminario, ¡es la responsabilidad de cada predicador de la Palabra!

Meditemos una vez más sobre las diferencias entre la teología bíblica y la sistemática para lo cual Carson traza la línea.7 La teología sistemática considera la contribución de la teología histórica, y, por ende, las fuentes de la labor de Agustín, Aquino, Lutero, Calvino, Edwards y un sinnúmero de otros a la hora de formular la enseñanza de la Escritura. La teología sistemática busca hablar la Palabra de Dios directamente a nuestro entorno cultural y nuestros días. Entonces, obviamente, cualquier buen predicador debe tener sus raíces en la teología sistemática para hablar con una profunda y poderosa palabra a sus contemporáneos.

La teología bíblica es más inductiva y fundamental. Carson afirma con razón que la teología bíblica es una «mediación», en tanto que la teología sistemática es un «proceso que culminó en disciplina». Podemos decir, entonces, que la teología bíblica es el intermedio, funcionando como un puente entre el estudio histórico y literario de la Sagrada Escritura y la teología dogmática.

La teología bíblica, entonces, funciona desde el texto en su contexto histórico. Eso no quiere decir que la teología bíblica es puramente neutra u objetiva. La noción de que podemos separar perfectamente lo que significa de lo que pretende, como afirma Krister Stendahl, es una quimera. Scobie dice lo siguiente acerca de teología bíblica:

«Sus afirmaciones, basadas en un compromiso de fe cristiano, incluyen la creencia de que la Biblia transmite la revelación divina, que la Palabra de Dios en la Escritura constituye la regla de fe y vida cristiana, y que todo el diverso material en el Antiguo y Nuevo Testamento puede, de alguna manera, relacionarse con el plan y propósito del Dios de la Biblia. Este tipo de teología bíblica se sitúa entre lo que la Biblia “pretende” y lo que “significa”».8

Se desprende, entonces, que la teología bíblica no se limita sólo al Nuevo Testamento o al Antiguo Testamento, sino que considera ambos Testamentos juntos como la Palabra de Dios. De hecho, la teología bíblica trabaja la noción de que el canon de la escritura funciona como la norma, y, por tanto, ambos Testamentos son necesarios para descubrir la teología de las Escrituras.

Equilibrio entre el Antiguo y el Nuevo Testamento

Existe una maravillosa dialéctica entre el Antiguo y el Nuevo Testamento al hacer teología bíblica. El Nuevo Testamento representa la culminación de la historia de la redención iniciada en el Antiguo Testamento, y por lo tanto la teología bíblica es, por definición, una teología narrativa. Captura la historia de las obras salvíficas de Dios en la historia. El desarrollo histórico de lo que Dios ha hecho puede ser descrito como la historia de la salvación o historia de la redención.

También es útil considerar las Escrituras desde el punto de vista de promesa y cumplimiento: lo que se prometió en el Antiguo Testamento es cumplido en el Nuevo Testamento. Debemos tener cuidado de borrar la particularidad histórica de la revelación del Antiguo Testamento para erradicar el contexto histórico en que nació. Por otro lado, tenemos que reconocer el progreso de la revelación del Antiguo Testamento en el Nuevo. El progreso de la revelación reconoce el carácter preliminar del Antiguo Testamento y la palabra definitiva que viene en el Nuevo Testamento. Decir que el Antiguo Testamento es preliminar no anula su función primordial, pero sólo podemos entender el Nuevo Testamento cuando hemos comprendido el significado del Antiguo Testamento, y viceversa.

Algunos se resisten a abrazar la tipología, pero este tipo de enfoque es fundamental en la teología bíblica, ya que es una categoría empleada por los escritores bíblicos. ¿Qué es la tipología? La tipología es el divino propósito de establecer correspondencias entre los eventos, personas y las instituciones en el Antiguo Testamento y su cumplimiento en Cristo en el Nuevo Testamento,9 como cuando Mateo se refiere en su Evangelio al regreso de Egipto de María, José y Jesús en el lenguaje de la salida de Israel de Egipto (Mt. 2:15; Ex. 4:22-23; Os. 11:1). Por supuesto, no sólo autores del Nuevo Testamento observan estas «correspondencias divinas», autores del Antiguo Testamento también lo hacen. Por ejemplo, Isaías y Oseas al predecir un nuevo éxodo que tomó como modelo el primer éxodo. De la misma manera, el Antiguo Testamento espera un nuevo David, que será aún mayor que el primer David. Podemos ver en el Antiguo Testamento, entonces, una escalada en la tipología, por lo que el cumplimiento de este tipo siempre es mayor que el propio tipo. Jesús no es sólo un nuevo David, sino el mayor David.

La tipología reconoce un patrón divino y un propósito en la historia. Dios es el autor final de la Escritura – la historia es un drama divino. Y Dios conoce el fin desde el principio, de modo que los lectores pueden ver esbozos de su cumplimiento en el Antiguo Testamento.

Este artículo ha sido extraído y adaptado de la Revista de Teología de los Bautistas del Sur 10,2 (2006). Usado con permiso. 

Thomas Schreiner

Thomas Schreiner es profesor de interpretación del Nuevo Testamento en el Southern Baptist Theological Seminary en Louisville, Kentucky, Estados Unidos, y pastor de predicación en Clifton Baptist Church.

X