¿Qué le digo a mi amigo o amiga que no está conforme en su iglesia?

La situación se repite cada vez más a menudo y los testimonios son prácticamente iguales o con marcadas similitudes: Personas que no están conformes en sus iglesias porque no reciben una enseñanza bíblica sustanciosa, o porque lo que oyen no es coherente con lo que leen en la Biblia, o porque notan que la enseñanza tiene más un enfoque centrado en el hombre (antropocéntrico) que en la gloria de Dios y de Cristo (teocéntrico y cristocéntrico).  Muchos de los cristianos que atraviesan un dilema acerca de estas cosas tienen algún amigo o familiar que se congrega en alguna iglesia donde la realidad es opuesta y donde la comunidad disfruta de un entorno bíblico y sano; y entonces preguntan: “¿Qué hago? ¿Sigo congregándome ahí? ¿Puedo congregarme en tu iglesia?” Preguntas similares a estas se repiten una y otra vez.

Una bendecida realidad

Tenemos que dar gracias a Dios de que un regreso a la Palabra de Dios está siendo vislumbrado en muchos países. Más y más personas están buscando la verdad tal cual está revelada en la Biblia.  Quizá en la cima de esta búsqueda se encuentran lo que llamamos las doctrinas de la gracia y que se destacan principalmente por su claro énfasis en la soberanía de Dios, lo cual contrasta ciento por ciento con el evangelismo débil que se enseña en muchas iglesias, con énfasis en la decisión de las personas, como así también por su marcada enseñanza de carácter superficial.

El testimonio de algunas librerías cristianas es que se están vendiendo más libros de sana doctrina que nunca antes. Como resultado de esto hay más conversiones genuinas que bendicen a las iglesias y familias. Pastores están informándose y capacitándose sobre la predicación expositiva que afectará cualquier otro tipo de predicación en sus púlpitos. No hay duda que el internet ha acortado distancias y diseminado estos conceptos de manera más veloz que en cualquier otro momento de la historia de la iglesia.  Como el apóstol Pablo dijo a Timoteo “la palabra de Dios no está presa” (2 Tim. 2:9). Todo esto ha contribuido a despertar la sed en muchos cristianos, y como consecuencia, su discernimiento se ha vuelto más agudo.

Dios sigue siendo soberano

A la hora de pensar qué hacer con estas personas que se vuelven a nosotros buscando consejo y respuestas a sus preguntas tenemos que recordar la conocida frase proverbial que dice: “Los árboles no dejan ver el bosque”. Es decir, no podemos dejar de apreciar el verdadero asunto por prestar atención a los detalles.  En otras palabras, quienes sostenemos la soberanía de Dios como tema fundamental no podemos ignorarla al momento de tratar con las inquietudes de quienes nos consultan.

A menudo procurando resolver las dudas de los que buscan, nos concentramos en los detalles de sus testimonios, oímos historias, nos enteramos de circunstancias tristes, etc. Pero no será de ninguna ayuda tratar de resolverle a todo el mundo todas las inquietudes. Por otro lado, ¿Ha obrado Dios abriendo los ojos de tu amigo o amiga? ¿Bajo qué circunstancias esto ha ocurrido? ¿Cuál ha sido la respuesta que ha dado a la Palabra de Dios esta persona? ¿Su vida ha dado un vuelco completo con relación a su apreciación de Dios, Cristo, el pecado, la obra del Espíritu Santo y las Escrituras? Entonces, no te apures, el mismo Dios que ha obrado haciendo esto, es el mismo que seguirá tratando con estos corazones y allanando el camino para que su nombre sea glorificado en toda la situación (Fil. 1:6).

¿Qué hago cuando en mi iglesia no se predica la sana doctrina?

La Palabra de Dios sigue siendo la regla

El salmista dijo en Salmo 119:24 “También tus testimonios son mi deleite; ellos son mis consejeros.” Si tú vas a responder a las inquietudes de los que inquieren sobre las características de una iglesia sana y de una buena enseñanza, entonces es menester que recuerdes que no son tus consejos sino los de la palabra de Dios los que han de primar en cualquier respuesta que ofrezcas.

Quizá suene obvio pero lo cierto es que a veces nuestras experiencias personales ocupan el lugar de la verdad bíblica y, aunque sean experiencias gloriosas y demostraciones de la gracia de Dios, son experiencias y nada más. Lo que es importante entender entonces, es que el ente regulador de cualquier pregunta es la biblia, no mis opiniones. No todas las cosas funcionan igual para todos.

Cuando hables con alguien no utilices tu historia como algo que debe homologarse en la vida de otra persona; tus decisiones en el pasado están afectadas por tu circunstancia particular y tu madurez al momento de aconsejar no es la misma que la de tu amigo o amiga que pueden evaluar de manera equivocada porque no tienen el mismo discernimiento que tú. Entonces, la cosa más segura para hacer es utilizar la palabra de Dios, refiriéndose a ella una y otra vez para responder toda consulta. Claro está que necesitas conocerla bien, pero, en definitiva, lo que esa persona recordará en el futuro es que alguien le apreció lo suficiente como para tomarse el tiempo para señalar en la biblia lo que Dios decía de su situación.

Los principios bíblicos siguen teniendo vigencia

A veces no hace falta más que responder a las preguntas más básicas para aclarar las cosas. Esto pasa como cuando tienes un artefacto electrónico nuevo que no te funciona; en las instrucciones tendrás algo como, “Revise que el cable esté conectado a la corriente”. Parece gracioso, pero más de una vez ha resuelto un potencial dolor de cabeza. Una pregunta que puede ayudar a los que inquieren sobre sus problemas en su iglesia es: “¿Has hablado con tu pastor?” Verás, el pastor es la autoridad dada por Dios en la iglesia y solamente por esa razón debemos aconsejar que quienes están batallando por una iglesia sana hablen con quien corresponde. Eso es honrar a Dios y su palabra. Quizá eso solucione los problemas. O quizá sea el próximo paso para decidir congregarse en otro lado; pero no deben hacerlo sin hablar con su pastor.

Otra actitud que hay que considerar es la de fijar la atención en la necesidad de mostrar actitudes espirituales maduras en el lugar que la persona se congrega. Si un individuo está diseminando dudas o sembrando inquietudes a otras personas sobre la iglesia donde se congrega, no está haciendo lo correcto. En Levítico 19:26 dice “No andarás de calumniador entre tu pueblo; no harás nada contra la vida de tu prójimo; yo soy el Señor.” Debemos cuidar nuestros labios, es un principio bíblico básico.

También hay que recordar que una práctica de rendición de cuentas periódica disminuye la posibilidad de roces y alteraciones innecesarias dentro de la iglesia.  “Antes exhortaos los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: Hoy; no sea que alguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado”  (Heb. 3:13). Podemos animar a nuestros amigos a enfocarse en esa dirección también.

La verdad sigue siendo absoluta

Finalmente, no hemos de torcer la verdad. Lamentablemente, muchas iglesias y pastores no precisan un escrutinio muy profundo para determinar que carece de una estructura y enseñanza saludable (bíblica). En tal caso es importante igualmente mostrar lo que la Biblia dice sobre eso y permitir que sea ella quien demuestre la verdad.

No podemos aconsejar a alguien a seguir congregándose donde se predica la palabra de Dios de manera descuidada, o donde Cristo no es presentado como el único camino a Dios, o donde los mandamientos claros de la biblia están siendo ignorados flagrantemente.  Tengamos temor, pero jamás sacrifiquemos la verdad por la paz. Daremos cuenta a Dios por cada palabra de nuestra boca y cada consejo que demos, “Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mat. 12:37).

Es mi oración que Dios te de claridad para ayudar a tus amigos y familiares que buscan la verdad.