¿Ser o no ser?

Ben era un lobo como cualquier otro, sólo que en el fondo envidiaba a las ovejas al ver cómo el pastor las trataba. Un día quiso ser parte de ellas y se acercó. Las ovejas al principio estaban un poco temerosas pero al final lo aceptaron, pronto Ben se dio cuenta que aullar las incomodaba mucho, así que aprendió a balar, y a pesar de que el pasto no lo satisfacía, se esforzó enormemente (aunque a escondidas no dejaba de comer carne de algún animal que encontraba). Incluso contuvo las fuerzas para no dar una gran mordida a esas molestas ovejas que se la pasaban señalando sus errores, ¿Por qué no valoran el esfuerzo que estoy haciendo? -pensó-. Sin embargo, no aguantó y atacó a una oveja, el pastor de inmediato intervino. Ben, desconcertado, preguntó por qué no podía ser como las demás; la respuesta del buen pastor fue simple: Eres un lobo, tu naturaleza tarde o temprano domina sobre tu esfuerzo. Tu única esperanza sería nacer de nuevo como una oveja. Pero eso es imposible, eres lo que eres y nada puedes hacer al respecto.

Este es un resumen de un cuento para niños que alguna vez escribí para ilustrar lo que es y no es el nuevo nacimiento.

En una ocasión Jesús enseñó del peligro de ser sólo moralmente correctos:

«Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, pasa por lugares áridos buscando descanso y no lo halla. Entonces dice: “Volveré a mi casa de donde salí”; y cuando llega, la encuentra desocupada, barrida y arreglada. Va entonces, y toma consigo otros siete espíritus más depravados que él, y entrando, moran allí; y el estado final de aquel hombre resulta peor que el primero. Así será también con esta generación perversa». Mateo 12:43-45

CAMBIAR SÓLO LO EXTERNO

Charles Spurgeon decía que quien no tenía un corazón renovado, pero sí apariencia de piedad, estaba al borde del infierno. Tener únicamente un cambio externo es muy peligroso y por desgracia es lo que muchos buscan y enseñan como evidencia de un nuevo nacimiento. Y aunque es necesario en un cristiano, no es lo más elemental; ya que puede llegar a ser un esfuerzo por lograr aceptación en un círculo social, o pensar que es mejor hacer las cosas correctamente porque nos ahorra muchos problemas.  Esto no es un cambio interno, sino haber encontrado una mejor manera de lograr lo que se quiere.

Se puede barrer y limpiar la casa, pero dejarla vacía es altamente peligroso; y quien solo hace cambios en su comportamiento pero no deja que Cristo sea el Rey y Señor de su corazón, está expuesto terriblemente.

LOS FARISEOS ERAN EXPERTOS EN HACER GENTE MORAL

«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorréis el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros.» Mateo 23:15

A los fariseos les encantaba ganar seguidores, buscando en ellos cambios externos, que cumplieran con la ley y con todos los estatutos del judaísmo, y así, hacerlos moralmente correctos; no obstante, los hacían “doblemente hijos del infierno”. Porque, como Jesús enseñó, el espíritu inmundo vuelve con siete peores, lo cual puede ilustrarse de esta forma: Un hombre adicto al alcohol, que es corrupto y engaña a su mujer puede estar consciente de que necesita ser salvado, uno moralmente correcto puede llegar a creer que no lo necesita, pues ahora confía en su nuevo cambio, eso convierte su estado espiritual siete veces peor que el que tenía.

EL NUEVO NACIMIENTO

Si nuestra confianza está en nuestro comportamiento actual, que ya no robamos, ya no miramos cosas que no debemos y vamos a la iglesia cada domingo sin faltar, lo que estamos haciendo es confiar en nuestras obras y en nuestra nueva moralidad. Debemos examinar si verdaderamente anhelamos a Dios más que a la vida misma, si Cristo se ha convertido en nuestro mayor y único tesoro, si podemos decir como el salmista: “A quién tengo yo en los cielos sino a ti, y fuera de ti nada deseo” (Salmos 73:25). Es decir, mi confianza no está en lo bueno que ahora hago, sino en la evidencia de la obra de Cristo en mi vida. Esta evidencia obviamente afectará lo externo, me hará una persona santa y que busca crecer en esa santidad día a día, no por miedo al infierno sino por amor a Dios.

CONCLUSIÓN

¿Qué haríamos si no hubiese recompensa o castigo eterno? ¿Seguiríamos honrando a Dios porque Él es digno? Es una buena pregunta a hacernos, y la respuesta la tenemos en el fondo de nuestros corazones. Es un peligro cambiar sólo lo externo, eso no salva, el único capaz de salvar es Cristo. ¿Amo pasar tiempos a solas con el Señor? ¿Lo amo más que a mis sueños, anhelos y metas?

La historia de Ben termina cuando el buen pastor le pregunta si está dispuesto a morir a su naturaleza y olvidar a su vieja manada para siempre. Entonces le cambia el corazón por uno de oveja y lo hace nacer de nuevo con sólo una orden: Renovar su mentalidad de lobo. Pero su naturaleza nueva le hace amar comer pasto, y aunque de vez en cuando se peleaba con sus hermanas ovejas, se da cuenta que su nueva naturaleza le impide morder como antes. Poco a poco su pelaje va cambiando por lana y sobretodo cada día se parece más al pastor que le salvó, ahora sí puede estar seguro de ser parte del rebaño; ya no confía en sus esfuerzos, esta vez descansa en la obra perfecta de su buen pastor y no hay nada más maravilloso para Ben que estar cerca de Él.