Si Dios me perdonó, ¿por qué no dejo de sentirme culpable?

“Nada me sale bien, seguro Dios no me ha perdonado”.

“Vuelvo a caer en este pecado, seguro Dios no me ha perdonado”.

“Todo lo que hago no es suficiente, seguro no tengo la fe que se requiere o como no he obedecido completamente, Dios no me ha perdonado”.

“Fue un pecado tan fuerte, que seguro aún tengo que demostrarle a Dios que sí estoy arrepentida”.

La conclusión:  algo está mal en LO QUE HAGO, yo tengo la culpa.

Contexto

Recordemos dos conceptos del problema de la culpa:

El Pecado: Primero entendamos que la raíz del problema es el pecado. Lo que está mal, es que somos pecadoras y pecamos no por accidente, pecamos porque somos pecadoras. Desde la caída en Génesis 3:1-5, nuestros pensamientos, perspectivas y afectos han sido totalmente corrompidos. El pecado lo ha estropeado todo. El resultado es que nuestra voluntad se esclavizó a cualquier cosa creada, personas o acciones que nos auto satisfacen sin tomar en cuenta a Dios. (Romanos 1:21-23). La fricción entre nuestro deseo de hacer “bien las cosas” está dañado aun cuando los resultados no son como queremos y nos frustramos. Buscamos salvación, aprobación, identidad y valoración en la creación sin tomar en cuenta el sacrificio de Cristo.

El yo: Segundo, debido al pecado, nuestra identidad se ve moldeada por todo lo que el corazón engañoso desea.  Has crecido en un mundo que te ha entrenado para confiar en ti misma.  Has crecido en un mundo de competencia, donde aparentemente quien obra mejor, quien gana más, quien tiene el mejor esposo, casa, hijos bien portados, fama, más likes en las redes sociales, etc., es mejor.

Aquellas que han sufrido abuso, que tienen una enfermedad recurrente, que han luchado con uno o varios vicios, que no tienen tanto dinero, que sufren de depresión o de relaciones fallidas, son menos. Entonces el mundo te dice: “esfuérzate más y lo lograrás”, y cuando no lo logras, piensas: hay algo malo en mí.  En cierto sentido, es cierto, pero te deprimes y te quedas allí, porque tu enfoque eres tú misma.  Tu frustración está en ti.  Buscas satisfacer tu ego o buscas redención en todo lo que este mundo ofrece para salvarte y satisfacerte.

¿Qué hacemos?

En el tiempo de Israel, cuando una persona pecaba por no cumplir la ley de Dios, debía hacer un sacrificio para buscar el perdón de Dios (Levítico 4 y 5). Toda ofensa a la ley debía ser castigada por medio del sacrificio de un cordero, dos tórtolas, una cabra, la décima parte de un efa para que el sacerdote le hiciera expiación por su pecado delante de Dios como un sacrificio suficiente para el perdón.  Cuando esto sucedía, la persona se sabía perdonada.

En la Biblia la ley tiene el propósito de mostrarnos nuestra pecaminosidad versus la santidad de Dios.  La ley es el camino para mostrarnos nuestra incapacidad de cumplir perfectamente la ley de Dios.  Sin embargo, pienso que esto era más fácil, pues, las personas realizaban este rito o costumbre, que era visible a sus ojos y al de otros, su obrar les aseguraba que eran perdonados y no debían sentirte culpables.

Quizás muchas de las situaciones dolorosas que pasaste, o que puedas estar pasando, te han marcado de una manera que tus pensamientos piensan obstinadamente acerca de tu pecado o el de otros.  A veces pensamos que si no hemos salido de un pecado en específico y que se ha convertido en una lucha, quiere decir que Dios no te ha perdonado, que debes hacer algo más.

La solución eterna

Podemos pensar que el pecado que hemos cometido es imperdonable porque nos fijamos en el resultado que nosotras esperábamos y no sucedió.  El sentimiento de desvalorización, de vergüenza, de tristeza, de frustración nos invade al punto que olvidamos el sacrificio de Cristo.

La mayor culpa ya fue pagada (Recordar el evangelio):

Por la fe en Cristo creemos en el sacrificio de Cristo hecho una sola vez y para siempre. Un sacrificio irrevocable que paga por todos nuestros pecados completamente.  Ahora tenemos un Señor y Salvador que gobierna nuestra vida por medio de Su Espíritu.

Elyse Fitzpatrick, autora del libro “Porque Él me ama”, menciona que la culpa sucede cuando nos olvidarnos de las verdades del evangelio, tenemos “amnesia espiritual”. 2 Pedro 1:5-9 “habiendo olvidado la purificación de sus pecados pasados”.

El fracaso durante el proceso de la santificación es el resultado directo de no recordar el amor de Dios por nosotras a través de Cristo.

Dios ha mostrado en Cristo: que Él nos amó. “¿Pero porque no lo veo?” ¡Porque dejamos de alimentarnos de Él! Leemos la Biblia, escuchamos un mensaje, pero solo pensamos: “porque no tengo esto, porque me siento así, porque, porque”. Lo que está diseñado para motivar nuestra obediencia, crecimiento en piedad, es el hecho de que Él nos ama. Nuestros fracasos nos culparán si no tenemos el consuelo que Su amor y Su purificación quieren suplir. Nuestros fracasos nos culparán por nuestros pecados del ayer.  Su sacrificio en la cruz ha pagado nuestra mayor culpa, nuestra identidad de culpables ha sido cambiada por nuestra identidad de justas. (Romanos 8:1)

Jesús es El Salvador (Un mejor sacerdote, la sustitución):

Cristo no solo murió en la Cruz por ti.  Te sustituyó.  Tú y yo éramos las que debíamos morir en la Cruz y recibir la ira justa de un Dios Santo.  Sin embargo, porque Dios nos amó primero, desde antes de la fundación del mundo, Él te escogió en Cristo para darte libertad de todo lo que te esclaviza.  En Gracia, por fe, Cristo es la vida perfecta que Dios acepta en tu lugar.  Tu vida, por desastrosa que se vea, no es tomada en cuenta para perdonarte y salvarte, sino la vida perfecta de Cristo delante de Su Padre.  Dios te ve a través de la vida santa y obediente de Jesús.

Eres perdonada en Cristo:

Cuando sientes que no das la talla, que no mereces lo que te sucede, que no puedes más, recuerda las verdades del evangelio. Has sido perdonada, eres justa y Él te ama.  Esta es la única manera.  Para ser aprobada por Dios, no se trata de cuánto te esfuerzas, o cuánto te determines o desees los cambios, esto tiene que ver muy poco con nuestro amor por Dios.

¿Cómo puede crecer nuestra fe si todo lo que vemos es el historial de nuestros fracasos? Nuestra virtud o excelencia moral crecerá como resultado directo de nuestra asimilación del hecho de que hemos sido limpiadas, perdonadas y amadas. Caminaré como perdonada, porque recordaré cuán amada soy.

Nuestra constancia crecerá en respuesta al reconocer su constante amor por nosotras, especialmente cuando nos enfrentamos a las pruebas y al sufrimiento. Cuando seamos tentadas a claudicar, no nos cegaremos por nuestro dolor, sino que lo veremos a Él parado firmemente ante nosotras con manos y pies perforados por los clavos, intercediendo por nosotras asegurándonos que nuestra fe no fallará.

Una fe activa

Realmente las verdades del evangelio son poderosas, pero por el pecado que maximizamos le restamos ese poder en nosotras, son momentos de ateísmo práctico dice Miguel Núñez.

No nos resultan tan poderosas porque: 1. no nos queremos arrepentir de nuestra falta de fe y 2. debemos dejar de leer otros libros o hacer cualquier otra cosa, y enfocarnos en las verdades que necesitamos hasta que nos quebranten.

No hay pecado más grande que Él no pueda perdonar.  Su sacrificio es perfecto y completo.  Si te sientes desanimada o culpable, debes tornar tus ojos a Aquel que no está como juez señalando tu pecado, porque ya lo juzgó justamente en Cristo.  Somos más pecaminosos y defectuosas de lo que pensamos y reconocerlo es bueno.  No tienes que fingir más. No necesitas pretender ser buena, porque Él ya dijo que no tienes culpa. (Rom.7:25; 8:1)

Sí, estamos llamadas a una vida de obediencia, a leer Su Palabra, orar y consagrar nuestros pensamientos y acciones para Su gloria.  Sin embargo, cuando recuerdas que eres amada y le amas, obedecerás y creerás, harás tus disciplinas espirituales en respuesta a Su amor.  Él obra en ti para que crezcas en el conocimiento de Él. Incluso los momentos donde te sientes culpable, Él los usará para que corras a Cristo.

No te quedes estancada en ese sentir que no es más que un pensamiento erróneo por el agotamiento de tu circunstancia o por enorgullecerte.  Arrepiéntete delante de Él, porque Él es fiel y justo para perdonarte. Hasta que creas esto con todo tu corazón y mente, lo amarás, y vivirás como perdonada.

Nada te separa de Su amor. Corre a la Fuente de Agua Viva que es Cristo, recuerda que Él te ha sustituido, que estás sentada en los lugares celestiales con Él, que eres hija sin culpa, y sumamente más amada de lo que mereces. Esto querida hermana, hace más deseable a Cristo.  Él te ama a pesar de ti. Corre a Él.