Tomar el nombre de Dios en vano

No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano, porque el Señor no tendrá por inocente al que tome su nombre en vano. (Éxodo 20:7)

Dios es santo. Tomar el nombre de Dios en vano es fallar en reconocer a Dios por lo que es. Tomar el nombre de Dios en vano es tratar a Dios, su Palabra o su obra en el mundo de una manera que lo degrada y le roba su gloria infinita. En respuesta a la pregunta: ¿Qué se requiere en el tercer mandamiento? El Catecismo de Heidelberg explica:

No debemos blasfemar o abusar del Nombre de Dios maldiciendo, perjurando o haciendo juramentos innecesarios, ni compartir en tales pecados horribles siendo espectadores silenciosos. En resumen, debemos usar el santo Nombre de Dios sólo con temor y reverencia, para que podamos confesarlo correctamente, invocarlo y alabarlo en todas nuestras palabras y obras.(traducción)

Que dejemos de blasfemar o profanar el nombre de Dios por medio de falsos juramentos y maldiciones, y aun inútiles juramentos; que no nos hagamos participes de tan horrendos pecados al callar cuando los oigamos. En una palabra: que no empleemos el santo nombre de Dios, mas que con temor y veneración, a fin de que El sea rectamente confesado, invocado y glorificado por nuestras palabras y hechos.(literal del catecismo) (Catecismo de Heidelberg 99)

Hay mucho que hablar aquí, demasiado para entrar en detalles en este breve ensayo. En vez de eso, quiero tratar el punto central del asunto: el cómo nuestra forma de hablar y de actuar se relaciona con nuestro amor, o falta de amor, hacia Dios.

Tomamos el nombre de Dios en vano cuando fallamos en amarlo con cualquier cosa menos que con todo nuestro corazón.

Cuando Jesús se encontró con los líderes religiosos de su tiempo, vio más allá de sus intentos de mantener a Dios feliz con leyes inventadas acerca de cuánto se debe dar al templo o cuántos pasos se pueden dar en un día santo. Los líderes religiosos se esforzaron por entender la ley de Dios y aplicarla correctamente, pero fracasaron donde más importaba. Ellos fallaron en amar a Dios. Esto hizo que sus intentos de mantener la ley fueran en vano.

¡Hipócritas! Bien profetizó Isaías de vosotros cuando dijo: “Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón esta muy lejos de mí. Mas en vano me rinden culto, enseñando como doctrinas preceptos de hombres.” (Mateo 15:7-9)

Los líderes religiosos se habían atado a <<juramentos innecesarios>>. Así que no habían podido <<usar el santo Nombre de Dios sólo con temor y reverencia, para que lo confesáramos correctamente, lo invocáramos y lo alabáramos en todas nuestras palabras y obras>>traducido) <<(usar)el santo nombre de Dios, mas que con temor y veneración, a fin de que El sea rectamente confesado, invocado y glorificado por nuestras palabras y hechos>>(literal Catecismo). Lo que Jesús dijo a los líderes religiosos se aplica a todos. Nadie ama perfectamente a Dios todo el tiempo. Así que cuando la gente busca honrar a Dios sin un amor perfecto, sus intentos de obedecer la ley de Dios se convierten en vana adoración. Todos, todo el tiempo, entonces toman el nombre del Señor en vano.

Tomamos el nombre de Dios en vano cuando hablamos de Dios de cualquier manera que obstaculice la verdad.

Las doctrinas falsas, las mentiras acerca de Dios, son la peor manera de tomar el nombre del Señor en vano. El apóstol Pedro habla de esto:

Pero se levantaron falsos profetas entre el pueblo, así como habrá también falsos maestros entre vosotros, los cuales encubiertamente introducirán herejías destructoras, negando incluso al Señor que los compró, trayendo sobre sí una destrucción repentina. Muchos seguirán su sensualidad, y por causa de ellos, el camino de la verdad será blasfemado; y en su avaricia os explotarán con palabras falsas. El juicio de ellos, desde hace mucho tiempo no está ocioso, ni su perdición dormida. (2 Ped. 2: 1-3)

La mayoría de la gente piensa que maldecir es usar lenguaje obsceno. En la Biblia, <<abusar del Nombre de Dios maldiciendo>> es hablar blasfemias contra Dios. La blasfemia, en su raíz, es hablar sacrílego/herejía contra Dios, tratarlo inapropiadamente o falsamente.

Al considerar nuestra doctrina o alabanzas, podemos empezar a ver el fracaso humano en ambas. Todos toman el nombre del Señor en vano cuando dicen algo falso sobre Dios, ya sea en voz alta o en sus pensamientos y sentimientos internos. Cada vez que alguien percibe a Dios como menos que todo lo bueno, omnisciente, omnipotente o cada vez que uno cuestiona las acciones de Dios en el mundo, esa persona está tomando el nombre de Dios en vano.

Encontrando a Cristo en los Diez Mandamientos: honra el nombre de Dios 

Tomamos el nombre de Dios en vano cuando lo representamos incorrectamente con nuestras acciones.

Siempre que una persona no cumple con lo que Dios requiere mientras dice ser un discípulo de Jesús, esa persona toma el nombre de Dios en vano. Tratar la santidad como algo sin importancia, tener pensamientos de odio, no amar a los demás, despreciar los sermones o la adoración: estas actividades toman el nombre de Dios en vano. Pablo lo dice bien:

Profesan conocer a Dios, pero con sus hechos lo niegan, siendo abominables y desobedientes e inútiles para cualquier obra buena. (Tito 1:16)

Somos llamados para alabar a Dios, no sólo con nuestras palabras sino también con nuestras vidas. Debemos <<alabarle en todas nuestras palabras y obras>>(traducciones) <<(alabarle con) nuestras palabras y hechos>>.(literal del catecismo). El tercer mandamiento, como todos los mandamientos de Dios, requiere perfección, en todo lugar, siempre. Intento decir esto claramente, porque con demasiada frecuencia la gente baja los estándares de Dios e imagina que guardan sus mandamientos, por lo menos lo suficientemente “bien”, a fin de hacer feliz a Dios con su desempeño. Y esto también viola el tercer mandamiento.

Aunque todos toman el nombre del Señor en vano de varias maneras, Jesús nunca lo hizo. Jesús cumplió perfectamente el tercer mandamiento.

Jesús guardó el tercer mandamiento en nuestro lugar.

Jesús amó a Dios perfectamente. Él tenía una consideración perfecta por las Escrituras. Cada vez que oraba, era importante. Movido por amor, honró el nombre de Dios en todo lo que hizo, pensó y sintió. Él enseñó la verdad sobre Dios. Él la habló. Vivió por ella hasta el punto de morir. Murió por la verdad.

Jesús hizo todas las cosas como representante de cualquiera que confiara en él para la salvación. Si la gente confía en Cristo para la salvación, pueden tener la confianza de que, aunque no cumplan perfectamente el tercer mandamiento, Dios todavía los acepta. En esta vida, los cristianos están libres de la condenación de la ley. Los cristianos son libres para esforzarse por honrar el nombre de Dios.

De hecho, los cristianos tienen más razones para honrar a Dios.

Ellos conocen al Dios que es misericordioso y lleno de gracia. La misma misericordia y gracia que Dios concede porque Jesús murió en tu lugar de ninguna manera te da una razón para ignorar la lucha por la obediencia. Jesús prometió que el Espíritu sería tu ayudador (Juan 14:16). El apóstol Pablo lo dijo de esta manera:

Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas. (Efesios 2:8-10)

Salvos sólo por gracia, Dios ha apartado a su pueblo, los cristianos, para hacer buenas obras.

Por medio del Espíritu Santo, comenzamos a obedecer, imperfectamente, débilmente, a menudo fallando. Sin embargo, nos esforzamos por amar y obedecer a Dios porque “no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1). Dios hizo por nosotros lo que nosotros no podíamos hacer por nosotros mismos:

Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo: enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne, para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. (Romanos 8:3-4)

Esta es la buena noticia del evangelio. Este evangelio te permitirá comenzar a honrar y amar el nombre de Dios porque sabes que Dios tiene una reputación que vale la pena mantener.