Ulrico Zwinglio: «Volvamos a las fuentes»

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Este artículo pertenece al libro De vuelta a Cristo: Celebrando los 500 años de la Reforma escrito por pastores hispano hablantes y publicado por Soldados de Jesucristo. Estaremos regalando los archivos digitales de este libro el 31 de octubre de 2018, en celebración del aniversario de la Reforma protestante.

 

«La Palabra de Dios es como un poderoso, imparable río. Ella puede ser predicada con la mayor confianza porque es el poder efectivo de Dios para crear, salvar y cambiar el mundo» (Ulrico Zwinglio).[1]

 

Al hablar de la Reforma protestante nos viene a la mente nombres como Marín Lutero y Juan Calvino, quienes fueron usados grandemente en el avance de la Reforma; pero estos no fueron los únicos reformadores. Mientras Lutero comenzaba la redacción de las 95 Tesis en Alemania y aún cuando Calvino no aparecía en el panorama de la Reforma, un sacerdote en Suiza llamado Ulrico Zwinglio había comenzado a redactar críticas públicas en contra de la Iglesia Católica Romana, el papa y sus tradiciones anti-bíblicas.

Zwinglio nació en una pequeña aldea Suiza en 1484 —menos de dos meses después del nacimiento de Lutero— en el seno de una familia económicamente bien acomodada. Por lo tanto, tuvo la oportunidad de acceder a la educación, una oportunidad que muy pocos tenían en la época. Estudió en la universidad de Viena y también en Basilea, donde continuó su carrera religiosa. En 1506 recibió el título de Maestro en Artes y fue ordenado sacerdote católico, oficiando como párroco en diferentes localidades.

En 1513 fue nombrado capellán del ejército al servicio del papa. En 1515, se produjo una cruel matanza, tras la cual Zwinglio hizo conocer su disgusto con los excesos del ejército y sus motivaciones. Tras madurar sus ideas y ministrar y liderar en Zúrich, en 1522 Zwinglio estaba listo a emprender su obra reformadora, y el Concejo de Gobierno de la ciudad lo respaldaba.[2]

 

«Volvamos a las fuentes»

El pastor Sugel Michelén relata cómo Zwinglio descubrió la Biblia en una época de oscuridad espiritual:

Se dio cuenta que durante años había estado leyendo los comentarios de la Biblia aprobados por la Iglesia, pero que nunca había leído la Biblia directamente. Fue así como en 1516 compró una copia del Nuevo Testamento griego que Erasmo de Rotterdam acababa de publicar con la anuencia del papa… El entusiasmo de Zwinglio por las Escrituras fue tan grande que se dedicó a copiar casi todas las cartas de Pablo y memorizar el Nuevo Testamento en griego.[3]

Con este descubrimiento tan importante, Zwinglio surgió con un grito de guerra, el grito de guerra de la Reforma en Suiza: «regresemos a la Biblia». En este punto, el reformador fue influenciado por el concepto ad fontes («volver a las fuentes»), que fue usado comúnmente en el siglo XVI para referirse a un regreso a la antigüedad en todos los ámbitos (el arte, la arquitectura, la literatura, etc.). Pero «mientras los humanistas regresaron a clásicos antiguos y revivieron el espíritu del paganismo griego y romano, los reformadores regresaron a las Sagradas Escrituras en los idiomas originales y revivieron el espíritu del cristianismo apostólico».[4] Zwinglio era un hombre comprometido a obedecer la Palabra de Dios. El historiador Shelley confirma esto, explicando que,

En un aspecto importante, Zwinglio siguió la Biblia incluso más estrictamente que Lutero. El de Wittenberg permitía cualquier cosa que la Biblia no prohíbe; Zwinglio rechazaba lo que la Biblia no ordena. Por esta razón, la Reforma en Zúrich tendió a quitar los símbolos más tradicionales de la iglesia romana: velas, estatuas, música e imágenes. Después, en Inglaterra, los hombres llamaron este espíritu «puritanismo».[5]

En el año 1517, a raíz de volver a las fuentes, Zwinglio se opuso a la idea de que uno obtiene el perdón de los pecados por medio de las peregrinaciones. La salvación es solamente por la fe en la obra perfecta de Cristo en la cruz y su muerte sustitutiva. En 1518 él atacó la venta de indulgencias. Para este tiempo, su autoridad se había acrecentado tanto que logró que el gobierno expulsara de la ciudad a quien las vendía.

El sábado 1 de enero de 1519, el día de su cumpleaños 35, anunció a los feligreses que en lugar de predicar en el orden de las lecturas bíblicas señaladas por la iglesia, comenzaría a exponer el Evangelio según Mateo versículo por versículo.[6] Comenzando a predicar de manera expositiva todo el Nuevo Testamento. En el año 1519 ocupó el púlpito importante de Zúrich. Se casó y predicó contra el celibato. Convenció al Consejo de la Ciudad para que abolieran la misa y las imágenes, en lo cual lo apoyaron.

Zwinglio afirmaba que si Cristo es nuevamente sacrificado cada domingo, el sacrificio que ofreció un día sobre la cruz no basta para toda la eternidad, rechazando así la doctrina católica romana de la misa. El reformador rompió con Roma definitivamente en el año 1522, diciendo que esta iglesia se fundamentaba en leyes humanas y no en la suficiente Palabra de Dios. Ese mismo año, Zwinglio publicó una de sus obras más importantes La claridad y verdad de la Palabra de Dios.

 

Las 67 tesis de Zwinglio

El deseo de Zwinglio de ver una reforma quedó plasmado en las 67 tesis que escribió en el año 1523 y su doctrina teológica en la obra Comentario sobre la verdadera y la falsa religión (1525). Él hizo de la Biblia la única autoridad en materia religiosa y la predicación expositiva de las Escrituras el centro de la adoración, rechazando el magisterio de la iglesia y la dependencia de Roma. Entre los 67 artículos propuestos en el documento anteriormente mencionado, encontramos las siguientes afirmaciones:

  • «Cristo es la cabeza del género humano y la Iglesia su esposa».
  • «El sacerdote solo puede aconsejar, pero únicamente Dios es capaz de perdonar los pecados».
  • «La Biblia es la única fuente de autoridad para la iglesia; toda tradición, todo concilio y todo pronunciamiento papal debe ser juzgado a la luz de la Biblia».
  • «Jesucristo es la sola cabeza de la Iglesia y su único sacerdote eterno; el papado no tiene autoridad absoluta sobre la iglesia».
  • «La misa no es un sacrificio; es más bien un recordatorio del sacrificio completado de Cristo en el Calvario».
  • «Las peregrinaciones y otras obras supuestamente meritorias perjudican puesto que dan solamente una falsa seguridad de salvación».

Otro de los grandes legados de Zwinglio fue haber traducido la Biblia en forma conjunta con Leo Jud. Esta versión se conoce hoy día como «La Biblia de Zúrich».

 

Diferencias entre Lutero y Zwinglio

El 13 de abril de 1525, se celebró por primera vez el servicio conocido actualmente como la «Santa Cena» en sustitución de la misa tradicional católica. En el año 1529 Lutero rehusó unirse con Zwinglio por sus diferencias con respecto a la Cena del Señor. Lutero, a pesar de romper con la interpretación católica romana de la misa, seguía teniendo una visión sacramentalista tocante a la eucaristía. El reformador alemán creía que Cristo está presente «en, con y bajo» los elementos; Zwinglio, por su parte, enseñó que la Cena del Señor es un evento conmemorativo y simbólico, por lo tanto Cristo no está literalmente presente en los elementos como afirmaba Lutero. La mayoría de iglesias protestantes creemos lo que el reformador suizo creía.

En la eclesiología, Zwinglio difería de Lutero —como ya se aseguró antes—, pues mientras el alemán creía que debían retenerse todos los usos tradicionales, excepto aquellos que contradijesen la Biblia, el suizo sostenía que todo lo que no se encontrase explícitamente en las Escrituras debía ser rechazado. Esto lo llevó, por ejemplo, a suprimir el uso de órganos en las iglesias, pues se trataba de un instrumento que no aparecía en la Biblia.[7]

 

Muerte de Zwinglio

Hubo una guerra en Suiza entre los cantones católicos y los protestantes. Los católicos atacaron a Zúrich en el año 1531, y Zwinglio murió en la batalla a la edad de 47 años. Se dice que al morir gritó: «Ustedes pueden matar mi cuerpo, pero no pueden matar mi alma». Sin embargo, los conflictos dejaron el cantón de Ginebra bastante independiente abriendo el camino para que, cinco años después de la muerte de Zwinglio, un joven francés de casi 27 años llegara a Suiza y llevara la Reforma más allá de lo que probablemente el mismo Zwinglio pudo soñar. Este Joven fue Juan Calvino. Zwinglio nos ha dejado un gran legado a imitar por medio de su entrega, dedicación y consagración a la causa de rescatar la pureza del evangelio y volver a la Palabra de Dios como la única norma de autoridad, fe y conducta.

[1] Citado por Michael Reeves en The Unquenchable Flame: Discovering the Heart of the Reformation [La llama inextinguible: descubriendo el corazón de la Reforma] (Nashville, TN: B&H Publishing Group, 2009), 73.

[2] Justo L. González, Historia del cristianismo, Tomo 2 (Miami, FL: Editorial Unilit, 2003), 60. Steven Lawson explica que «Aunque Calvino superaría después a Zwinglio como un teólogo, él se sostendría firmemente sobre los amplios hombros de Zwinglio», especialmente porque fue Zwinglio quien comenzó a reformar la vida en Ginebra, Suiza (//www.ligonier.org/blog/zurich-revolutionary-ulrich-zwingli/).

[3] Sugel Michelén, «Zwinglio y la Reforma en Suiza», //todopensamientocautivo.blogspot.mx/2010/06/zwinglio-y-la-reforma-en-suiza.html.

[4] Philip Schaff and David Schley Schaff, History of the Christian Church, vol. 7 (New York: Charles Scribner’s Sons, 1910), 17.

[5] Bruce L. Shelley, Church History in Plain Language, Fourth Edition (Nashville, TN: Thomas Nelson, 2013), 261.

[6] Sugel Michelén, op. cit.

[7] Justo L. González, Historia del cristianismo, Tomo 2, vol. 2 (Miami, FL: Editorial Unilit, 2003), 61. Aunque Zwinglio desaprobaba el uso de la música instrumental en la iglesia, él fue un músico experto que podía tocar armoniosamente varios instrumentos. Al parecer, estos talentos fueron usados para entretener a sus hijos y hacerlos dormir (Michael Reeves, op. cit., 77).