Un cambio es tan bueno como el descanso

Un cambio es tan bueno como el descanso

Un cambio es tan bueno como el descanso. Mi nombre es Carrie y tengo casi 60 años, y mientras la mayoría de mis amigas y gente de mi edad se están preparando para jubilarse, yo hice lo impensable. Hace ocho meses vendí mis pertenencias y dejé a mi familia, a mis hijos y a mis preciosos nietos, para mudarme al otro lado del océano a una pequeña comunidad en el extremo este de Glasgow. Y te preguntarás ¿Por qué? Porque no me pertenezco. La Biblia dice: “¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Pues por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Cor. 6:19-20).

He sido inspirada por las personas cuyas historias están escritas en la Biblia. Te pregunto, ¿qué es lo primero que viene a tu mente cuando piensas en Abraham, Moisés o incluso Josué? ¿Qué piensas acerca de Sara (la madre de Isaac) o de Elisabeth (la madre de Juan el Bautista)? Supongo que podrías decir que todos ellos tuvieron un llamado de parte del Señor. A ellos se les pidió que hicieran grandes cosas, que contribuyeron a que el evangelio avanzara en el mundo en que vivieron.

Sea un llamado a convertirse en el padre de una gran nación, partir el mar en dos o pelear en la batalla para esa gran nación (una batalla en la que Dios prometió que Él ya había vencido),– o dar a luz a un bebé mucho, mucho tiempo después de que las mujeres pueden tener bebés, todas esas hazañas fueron para la gloria del Señor.

Estas personas vivieron en épocas diferentes pero todas tenían algo en común. Dios las llamó para hacer estas obras poderosas cuando ya tenían una edad avanzada, después de lo que nosotros llamaríamos su ‘mejor momento’. Abraham y Josué tenían unos 70 años cuando Dios los llamó y Moisés tenía aproximadamente 80 años. Incluso el hecho de que las mujeres dieran luz a una edad tardía tenía que ver con los propósitos de Dios, ya que podemos leer cómo estos hombres y mujeres fueron usados por el Señor durante sus vidas. Estos son solamente algunos ejemplos de gente que Dios ha llamado, y, hasta donde sé, la edad no tenía nada que ver con su efectividad. Dios llamó a cada uno de ellos para realizar una tarea y, como dice en Hebreos 13:21 ”os haga aptos en toda obra buena para hacer su voluntad”.

La vida no se trata de servirnos a nosotros mismos, sino de servir a los demás. El hecho de que nos hayamos jubilado o seamos nuestros propios jefes no quiere decir que dejamos de servir a los demás. Mientras veía las publicaciones de mis amigas en Facebook y Twitter, llegué a la conclusión impactante de que la jubilación, para algunos de nosotros se veía en el horizonte. Ya hemos finalizado nuestros muchos años de trabajo y ahora estamos listos para sentarnos, quedarnos tranquilos y disfrutar los beneficios de nuestras labores anteriores. ¿Y ahora, qué? ¿Vender la casa y mudarnos a una cabaña junto al lago? ¿Pescar? ¿Cazar? ¿Ver salir el sol? ¿Ver el atardecer? ¿Sentarnos en nuestras mecedoras y ver cómo crece el césped? ¿Pasar más tiempo con los hijos y los nietos? Pero ¿cuánto tiempo puedes jugar al golf, pescar o cazar? ¿En cuántas playas o lagos te puedes tirar a tomar el sol? ¿En verdad quedarse tranquilo y relajarse se ve como la manera de vivir? ¿Ese es tu plan, si es que acaso tienes alguno? ¿Has pensado en cómo serán esos días? Ten cuidado, porque llegan pronto.

La primera vez que sentí el llamado al campo misionero fue hace casi diez años. Pero Dios tenía mucho trabajo por hacer dentro de mi corazón. Todavía era una obra en construcción. La cosa es que todavía sigo siendo una obra en construcción, pero como el apóstol Pablo dice en Efesios 3:20, “Y a aquel que es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que obra en nosotros”.

No tengo un título en teología, tampoco en Biblia, ni siquiera tengo estudios bíblicos. He tomado algunos cursos sobre el Antiguo y Nuevo Testamento y también de teología sistemática, pero esas clases las impartía un laico en mi iglesia y no obtuve créditos por esos cursos. Esas clases eran mayormente para ayudarme a entender la Biblia un poco más. Creía que Dios es fiel a sus promesas, que Él capacita a los que llama. Sabía que no iba a ser ningún tipo de ministro, mucho menos la esposa de un pastor, ni ninguna persona importante del equipo. Así que no estaba segura de lo que iba a hacer pero si confiaba en Dios en cuanto a mi vida eterna, ¿por qué no podría confiarle la dirección de mi vida terrenal?

En el libro escrito por John Piper “No desperdicies tu vida”, leí la historia de una pareja que se jubiló anticipadamente cuando tenían unos cincuenta y pico de años. Esa es una Buena edad para jubilarse, uno es lo suficientemente mayor como para tener algo de sabiduría acerca de la vida, aunque lo suficientemente joven como para disfrutar una vida fructífera y agitada. Se mudaron a Florida donde navegaban con su bote de 30 pies, jugaban al softball y recogían conchas de mar.

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Es posible que algunos conozcan la historia, pero es aquí donde me pongo un poco triste. Todos hemos oído la historia del sueño Americano y a muchos de nosotros nos encantaría vivir esa clase de sueño, pero, en realidad, ese sueño es mucho más una tragedia que el estado maravilloso de la vida de alguien, especialmente la vida cristiana. ¿Puedes imaginártelos parados delante de Dios, el Creador de los cielos y del universo, rindiéndole cuentas a Él de sus vidas? “Mira, Señor”, le dicen, “¡mira mis conchas?” No creo que les vaya a ir muy bien con Dios.

Creo que esa historia se parece a los cientos de ellas que leo en la vida de personas reales y amigos. Y mi respuesta es que es una vida sumamente desperdiciada. Según lo que puedo ver, no se habla de jubilación en la Biblia. Si los 50 son los nuevos 40, y los 60 son los nuevos 50, entonces diría que la vida todavía sigue con fuerza y, si somos cristianas, el Señor quiere que nuestras vidas estén en servicio conforme a Su voluntad, y no la nuestra.

Creo que los adultos mayores son un recurso que se necesita mucho. Tenemos una sabiduría bien ganada que no puede enseñar ninguna escuela, esa sabiduría que necesitamos compartir con los demás, ¡y no llevarla con nosotros a la tumba! ¿Debemos sacrificar a nuestros hijos, nietos, amigos e incluso nuestra vida? ¿Acaso no merecemos “vivir esa vida cómoda”? Seamos realistas, Hemos pagado nuestras cuotas durante más de 20, 30 e incluso 40 años en la fuerza laboral. ¿Acaso no cuenta para nada? Bueno, ciertamente sí. Cuenta porque significa que Dios en Su gracia nos ha dado a ti y a mí todos esos años extra de vida para desarrollar la sabiduría y el discernimiento. Él nos ha otorgado esos regalos para que pudiéramos dárselos a los demás.

Por eso, estoy aquí para que todos y cada uno de ustedes piensen: si fueran jubilados o estuvieran en una mejor posición en su trabajo, o si se estuvieran acercando a esta etapa y se están preguntando qué sigue, ¿por qué no dedicarse a tiempo completo a Dios? Hay una enorme oportunidad en cualquier país del mundo y en ellos podrían ser usados, definitivamente.

Cuando sentí por primera vez aquel llamado al campo misionero, no tenía idea dónde sería ni a dónde iría. Como mencioné anteriormente, no tenía habilidades reales y encima de todo esto, soy una mujer anciana, divorciada por segunda vez y ahora soltera (¿quién me querría en su ministerio?). Pero Dios me dio entendimiento (aceptación) de lo que puedo hacer. Ya sabes, caminar al lado de alguien y ser su amiga. Puedo hablar de la esperanza del evangelio con alguien que no tiene esperanza. Puedo escuchar cuando alguien necesita hablar. Puedo reafirmarle a alguien que es conocido y amado por Dios. En verdad, es algo bastante simple. Dios me ha capacitado aun en las formas más sencillas. Así que, cuando vi esa publicidad en algún sitio web al azar en la que se buscaban específicamente mujeres maduras, primero pensé que había leído mal. Había averiguado en muchos ministerios y nunca vi que en ellos buscaran específicamente a una mujer anciana, alguien como yo. Pero allí estaba.

Cuando vi 20schemes por primera vez y el ministerio que ellos tenían, para ser honesta, estaba indecisa. Vivía con mi madre que estaba muy anciana y la ayudaba con sus cosas así que simplemente no podía salir corriendo y dejarla allí. Mis dos hijos ya estaban casados y yo disfrutaba mucho pasar tiempo con ellos, sin mencionar que amaba los dulces momentos que pasaba con mis preciosos nietos. Al principio luchaba con Dios porque cuanto más investigaba sobre 20schemes, más veía un futuro allí y eso me asustaba. Me daba temor adentrarme en lo desconocido – un Nuevo ministerio, un nuevo país– sin conocer a nadie. ¿Cómo podría irme y dejar mi casa, mi familia, mis nietos? Ellos eran tan pequeños que tal vez, ya no me conocerían más.

¿Qué haría con mis cosas, mis muebles, mis recuerdos de los últimos 40 años? Permíteme decirte que todos esos tesoros que has guardado durante años, los que amas y deseas que tus hijos también los amen, existen probabilidades de que no lo harán. Que nosotros valoremos las cosas de la vida no quiere decir que los demás también lo harán. Así que, no te molestes en dárselas a tu familia pues es probable que tampoco las quieran. Si es tu deseo aferrarte a los tesoros ¿por qué no hacer tesoros en el cielo? “No os acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban; sino acumulaos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban; porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”. (Mateo 6:19-21)

Además, al conocer más sobre 20schemes y más específicamente la comunidad de Barlanark donde tenía un mayor interés en mudarme, supe que aproximadamente el 14% de la gente se encuentra en la tercera edad, mientras que la mayoría de personas que se unen a los esfuerzos de plantar iglesias están en el grupo de entre los 20 y 30 años. Aquí, soy la obrera más anciana y extranjera; por tanto ¿qué transmite eso? ¿Quién alcanzará a la generación de ancianos de Escocia que necesitan desesperadamente oír el evangelio antes de que sea demasiado tarde?

Un estudio reciente de Barna descubrió que el menos del 2.5% de los escoceses son cristianos evangélicos. El enfoque está puesto mayormente en los obreros jóvenes y por una buena razón; sin embargo, no podemos ignorar, desechar o no tener en cuenta a los escoceses mayores. ¿Quién les está ministrando? Desde que llegué aquí, encontré a un grupo asombroso de mujeres de quienes me siento orgullosa de llamar mis amigas. Son fuertes, vigorosas y aguerridas. Pero también son amorosas, atentas y tienen una gran necesidad de conocer a Jesús. ¿Quién más va a alcanzar a estas mujeres si yo no lo hago?

La mayoría de los pastores que vienen son jóvenes, con familias jóvenes, pero estas mujeres necesitan a otras mujeres afines que tengan experiencias de vida en común. Algunas de las actividades en las que participo son grupos para hacer caminatas, grupos de artesanías, clases de cocina, o ayudar en la pequeña cafetería que nuestra iglesia tiene abierta dos veces a la semana. Me reúno con algunas de las mujeres y salimos a recorrer lugares de nuestra zona durante el día. Simplemente les doy tiempo y conversamos.

Me resulta fácil hacerlo, pero para alguien que tiene sólo 30 años le podría resultar difícil entender verdaderamente lo que siente una mujer de 50, 60 años. Por creo que las que estamos en el rango de edad de nuestro grupo, pueden ayudar a otros que están en el mismo rango. Así que, es posible que Dios tenga en mente a alguien como tú, al igual que conmigo, alguien que tiene un corazón por la gente que necesita oír las buenas noticias.

Porque cada creyente debe ser un misionero

Ahora bien, es sabido que la mayoría de la gente no tiene un llamado a salir de sus hogares y de sus familias porque, seamos realistas, hay un enorme campo misionero dentro de sus propias casas. Ciertamente no tienes que irte al extranjero para encontrar uno. Pero, para los que sí sienten el llamado a las misiones en el extranjero, quiero abordar algunas de las preguntas que yo misma tuve que procesar. Recuerdo muy claramente haberle dicho a Dios que si Él quería que yo me fuera, lo haría, pero Él tendría que ayudarme, pues ciertamente no  sabía qué debía hacer ni cómo hacerlo.

Primero, sabía que mi madre no podría cuidarse sola, así que, hablando con mi hermano, decidimos que ella iría a vivir con él y su familia. Sé que algunas personas no tienen esa opción, pero de nuevo, creo que si Dios te ha llamado, Él conoce tus circunstancias y te abrirá el camino. Pero óyeme cuando te digo que es muy probable que no te será fácil. Mi madre se encuentra en las etapas intermedias de la demencia. Ella sabe quiénes somos la mayoría de nosotros, pero no reconoce el tiempo ni la distancia, así que dejarla fue algo agridulce. Agrio porque no sé cuánto tiempo más le queda, pero dulce porque realmente no sabe cuánto tiempo estaré fuera ni dónde estoy, así que no está preocupada ni ansiosa por mí.

Dejar a mis hijos y a mis nietos no fue más fácil; lloré durante meses cada vez que pensaba en eso. Pero Dios estuvo obrando también en esta situación porque la gente puede acercarse a mí y decirme cómo se mantuvieron en contacto con los nietos que viven en otros estados o incluso, en otros países. Supe entonces que muchos se enfrentaban con este dilema todos los días y lo han hecho durante años, ya que este mundo es muy móvil y cuenta con trabajos que se llevan a las familias lejos de su lugar de nacimiento. Cuán agradecida estoy por el Skype, Messenger, Facebook y otras redes sociales, porque todas ellas hacen que la distancia no sea tan lejana e incluso puedo ver a mi familia y hablar con ellos cara a cara.

También he oído el argumento de “¿cómo te puedes ir?” Pero mi respuesta es, “¿y cómo no?” pues nuestro Señor Jesucristo dice “El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí. Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí” (Mt. 10:37). Palabras fuertes, pero lo más reconfortante es la última oración: “El que ha hallado su vida, la perderá; y el que ha perdido su vida por mi causa, la hallará”. ¿Es Jesús tan valioso como para perder tu vida con el fin de hallarla?

Por primera vez, puedo decir en verdad que me siento realizada en mi propia vida. Tengo la oportunidad fantástica no solo de vivir en otro país, sino de conocer una vida que jamás pensé que fuera posible. La mayoría de las compañías jamás me hubieran dado este tipo de trabajo por causa de mi edad, pero Dios me ha dado una nueva vida y nueva dirección. Él me ha capacitado para realizar el trabajo que ha puesto delante de mí. Estoy eternamente agradecida de que Él me haya dado esta oportunidad de trabajar en Su nombre, en darme amor por la gente, amor por Escocia y ha puesto una nueva canción en mi corazón.

Por lo tanto, la edad es solo un número. ¿Amas a la gente lo suficiente como para preocuparte por su estado eterno? ¿Puedes ver el panorama más amplio del mundo perdido en su pecado y en el infierno? Hay tanta necesidad de gente como tú que ama al Señor y que desea ser obediente. Ven a ver lo que 20schemes está haciendo. Ven a ser parte de este panorama amplio, pues los perdidos te necesitan desesperadamente. Tienes talentos y capacidades que jamás has imaginado y que son tan necesarios aquí.

Recuerda que cuando llegue el día y tú comparezcas delante del Señor, no querrás estar sosteniendo conchas sino una vida repleta de las promesas de Dios y el cumplimiento de esas promesas, mostrarán que fuiste usado para Su beneplácito y para Su gloria. ¡Qué gran testamento de una vida bien vivida!