William Tyndale: La Biblia para el pueblo

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Este artículo pertenece al libro De vuelta a Cristo: Celebrando los 500 años de la Reforma escrito por pastores hispano hablantes y publicado por Soldados de Jesucristo. Estaremos regalando los archivos digitales de este libro el 31 de octubre de 2018, en celebración del aniversario de la Reforma protestante.

«Para William Tyndale, la Palabra de Dios es algo viviente. Tiene tanto intelecto como calidez. Tiene discreción, generosidad, sutileza, movimiento, autoridad. Tiene corazón y pulso. Mantiene un ritmo y tiene una voz musical que le permite cantar. Encanta y alivia. Argumenta y perdona. Defiende y razona. Intoxica y restaura. Llora y se regocija. Truena pero nunca solo para hacer ruido. Llama pero nunca suplica. Y siempre ama» (David Teems).[1]

La Reforma protestante no es un evento concreto, es más bien entendida como un proceso histórico en la que convergen diversos fenómenos académicos, culturales, sociales, políticos y, sobre todo, teológicos y lingüísticos.

Cuando pensamos en la vida de algunos reformadores vemos la manera en que Dios estaba trabajando en un despertar en el mundo de la época con hombres en forma individual, pero al mismo tiempo como parte de una orquesta que celebraría con cánticos el resplandor de la luz en medio de las tinieblas.

Uno de esos hombres es William Tyndale, quien sería fundamental para la reforma en Inglaterra y cuyo trabajo fue de gran influencia en lo que a traducción de la biblia a idiomas vernáculos se refiere.

Su vida e inicios

William Tyndale nació al oeste de Inglaterra, en el área rural de Gloucestershire en algún momento de 1494.  La familia de Tyndale se había dedicado a la agricultura, pero con los suficientes medios económicos para enviar a William a la universidad de Oxford. Desde 1506, a los doce años, estuvo en el campus hasta 1515, de donde saldría habiendo adquirido conocimientos en diversas disciplinas y una maestría, pero destacándose en gramática y lenguas. Durante este periodo, Tyndale ya había comenzado su carrera sacerdotal hasta lograr ser ordenado.

Influencia reformada

Después de salir de Oxford y con unos 30 años, Tyndale emprendió camino a Cambridge donde también adelantó estudios especialmente de teología. Para el final de sus estudios, los libros y escritos de Martín Lutero ya habían comenzado a circular por gran parte de Europa, e Inglaterra no había sido la excepción.

El recién nacido pensamiento reformador resultaba fascinante para el círculo académico de Cambridge el cual solía reunirse en The White Horse Inn, un bar del campus de King’s College, un fructífero recinto de reformadores en potencia.

Todo lo que pudiera encender el corazón de Tyndale había salido de allí. Charlas sobre teología y discusiones principalmente sobre la interpretación correcta de las cartas de Romanos y Gálatas, lo llevaron a la convicción de que no se podía llegar a entender los misterios de Dios a menos que se tuviera disponible una Biblia que pudiera ser leída.

Este es el inicio de la apasionante carrera. Pronto todos sus esfuerzos comenzaron a enfilarse en buscar tiempo, recursos y condiciones para emprender la desafiante labor de poner la Biblia en manos del pueblo.

En 1521 Tyndale se mudó a Gloucestershire para iniciar un trabajo más reflexivo. Se empleó como mentor de la acaudalada familia de Sir John Walsh. La casa de Walsh era frecuentemente visitada por hombres de renombre, principalmente sacerdotes y clérigos importantes. Esto terminó convirtiéndose en una buena oportunidad para compartir sus impresiones sobre la Reforma y socializar sus impresiones teológicas.

Uno de los eventos destacados de su estadía en la casa de Walsh es presentado por John Fox en El libro de los mártires:

No mucho tiempo después de esto sucedió que el Maestro Tyndale estaba en compañía de un cierto teólogo, considerado como erudito, y al conversar y discutir con él, lo condujo a esta cuestión, hasta que el dicho gran doctor prorrumpió en estas palabras blasfemas: «Mejor estaríamos sin las leyes de Dios que sin las del papa». El Maestro Tyndale, al oír esto, lleno de celo piadoso y no soportando estas palabras blasfemas, replicó: «Yo desafío al papa y todas sus leyes». Y añadió que, si Dios le concedía vida, antes de muchos años haría que un chico que trabajara detrás del arado conociera más de las Escrituras que él.[2]

El plan en marcha

Las posiciones teológicas de William Tyndale empezaron a despertar reacciones hostiles de parte del clero. Así que, convencido de la imposibilidad de progresar en su plan ya hecho un proyecto personal, en 1523 se encaminó a Londres en busca de ayuda, la cual vendría por parte de Cuthbert Tunstall, obispo de Londres, quién se mostraba abierto a las posiciones reformadas y al proyecto de traducción. Sin embargo, Tunstall mostró cierta resistencia no queriendo comprometer su estatus con la iglesia de Roma y resguardarse de las implicaciones políticas que había traído consigo el movimiento en Alemania.

Rechazado por el obispo, acudió a Humphrey Mummuth, magistrado de Londres, por ayuda. Éste lo recibió con hospitalidad y estuvo en su casa durante un año. Según John Fox, esto dijo Mummuth de la estadía Tyndale en su casa:

Vivió aquí como un buen sacerdote, estudiando día y noche. Sólo comía carne asada por su beneplácito, y tan sólo bebía una pequeña cerveza. Nunca se le vio vestido de lino en la casa en todo el tiempo que vivió en ella.

Después de ese año recibió ayuda para su plan y convencido aún más de la necesidad de llevar la Palabra de Dios al pueblo, viajó a Alemania, específicamente a Hamburgo; aunque hay algunas sugerencias de que también había estado en Wittenberg bajo la influencia de Lutero[3] y fue aquí donde inició su trabajo de traducción de la Biblia al inglés en 1525.

Él estaba consumido por el deseo de que toda Inglaterra experimentara lo que él ahora estaba experimentado, una verdadera pasión por Dios y celo por la verdad; pero sabía que eso no sería posible si la Biblia seguía restringida al pueblo y con acceso limitado a un clero corrupto y ambicioso.

Él creía que la razón por la que la Biblia permanecía escondida de la gente no solo era para esconder de ellos la verdad, sino para no permitir que la clase corrupta religiosa quedara al descubierto en sus avaricias, deseos de poder, lujurias y pecados; el clero quería seguir teniendo la libertad de enseñar al pueblo solo lo que a ellos les parecía o, al menos, lo que les convenía.

El plan consumado

Después de tener gran parte del Nuevo Testamento terminado, Tyndale viajó a Colonia, donde consiguió a un impresor, Peter Quentell. Sin embargo, las noticas de que una Biblia en un idioma distinto al oficial estaba en proceso de publicación, hizo sonar las alarmas y la persecución comenzó. Tyndale tuvo que huir con las placas en la mano ante la férrea persecución que apenas se hacía oficial.

Siendo un proscrito, consiguió un nuevo impresor, Peter Schöffer, y en 1526 se imprimieron los primeros seis mil ejemplares en un inglés común y popular. A partir de ese momento la tarea era de distribución. Se empezaron a enviar ejemplares a Inglaterra de diversas formas, entre barriles, mercancía, envueltas en mantas y en costales de comida. Pronto en las calles de ciudades importantes del reino inglés la palabra de Dios estaba siendo leída con entusiasmo.

Pero, tal como era de esperarse, la persecución organizada por la clase religiosa fue cada vez más intensa. Los obispos de Canterbury y Londres emitieron decretos de prohibición de compra, venta y uso, so pena de delito grave.

La captura

Las copias del Nuevo testamento en circulación aumentaban en número. Los infructuosos intentos del clero por detener la obra solo hacían que esta se extendiera aún más, hasta el punto de que Tyndale pudo concretar la traducción del Pentateuco y otros libros del Antiguo Testamento.

En 1534 se mudó a los Países Bajos, a la ciudad de Amberes, como protegido de Thomas Poyntz, un importante y rico inglés que mantenía una casa de mercaderes. Uno de ellos era Henry Philips, un hombre que no gozaba de la confianza de Poyntz porque había aparecido sospechosamente y su apariencia era demasiado sugerente, como la de un caballero que fingía ser comerciante. Sin embargo, Tyndale se entregó en plena confianza a Philips, tanto que solían cenar juntos y compartir los planes y proyectos asociados con la distribución y traducción de la Biblia.

Las sospechas de Poyntz eran ciertas. Henry Philips había recibido paga de autoridades inglesas para perseguir y capturar a Tyndale. Una noche, mientras Poyntz no estaba en casa, Philips llegó a su casa e invitó a Tyndale a comer y al salir por un estrecho pasillo, Philips hizo señas a los guardias quienes ya habían asediado la casa. William Tyndale fue capturado y llevado a Vilvorde. La casa de Poyntz fue allanada y todas las pertenencias del ahora preso traductor, fueron confiscadas.

Tyndale permaneció año y medio en custodia mientras se preparaba el juicio en el que él escogió ser su propio abogado. John Fox dice esto de su estancia allí:

Predicó de tal manera a los que estaban encargados de su custodia, y a los que estaban familiarizados con él en el castillo, que dijeron de él que si él no era un buen cristiano, que no sabían quién podría serlo.

En agosto de 1536 Tyndale fue juzgado y condenado a la hoguera. Antes de ser estrangulado por el verdugo, dijo estas palabras entre lágrimas: «Señor, abre los ojos del rey de Inglaterra».

Lecciones del reformador

Todo lo que podemos ver de la vida, obra, muerte e influencia de William Tyndale son un recuerdo para nosotros del estimado valor de la Palabra de Dios. El gran grito de la reforma es «¡Volvamos a la Escritura!», y en esto la voz del mártir y traductor inglés siguen haciendo eco.

No podrá haber un entendimiento claro y un conocimiento cercano del Dios que se ha revelado si la Biblia no es leída. Debemos procurar con todas nuestras fuerzas que la Palabra de Dios corra y sea glorificada. Dios reveló toda su verdad en un libro y debemos poner si fuere posible nuestra vida para que ese libro nunca deje de ser leído. La pasión por Dios es inevitablemente una consecuencia de la pasión desbordada por su gloriosa Palabra.

[1] David Teems, Tyndale: The Man Who Gave God an English Voice [Tyndale: el hombre que le dio a Dios una voz en inglés] (Nashville, TN: Thomas Nelson, 2012), pos. 219 de 6091.

[2] John Fox, El libro de los mártires (Barcelona, España. Editorial Clie, 1991).

[3] Ibid., 141.