Yo Soy El Buen Pastor

Juan 10:11 “Yo soy el buen pastor; el buen pastor da su vida por las ovejas.”

Como cristianas reconocemos que Cristo es nuestro Pastor, sin embargo, es importante recalcar que los judíos también tenían bien claro que Dios era Su Pastor. Hay múltiples pasajes en el AT que lo afirma, el más conocido es el Salmo 23:1 que nos dice: “El Señor es mi pastor, nada me faltará”.

No obstante, Cristo no dijo solamente que era el pastor, sino que Él era el BUEN pastor. Los fariseos captaron muy bien que Jesús estaba refiriéndose a sí mismo como Dios, porque cuando Jesús habló con el joven rico en Marcos 10:18, Él dijo: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo uno, Dios”.

Es interesante notar que cuando dijo que era El Buen Pastor, lo hizo justo después de haber sanado a un mendigo que nació ciego.  La reacción de los líderes religiosos hacia el mendigo, un miembro de la sinagoga fue desprecio, y su reacción hacia Jesús fue peor porque le tenían tanto odio que querían matarlo.  Jesús estaba demostrando el cuidado de Dios hacia Su pueblo en su trato hacia el mendigo, porque Él no solamente lo sanó de su enfermedad física sino espiritual también.

Yo Soy la Puerta

Las acciones de Jesús contrastaban con las acciones de los líderes religiosos.  En el artículo anterior explicamos como Jesús fue la única puerta hacia El Padre, aquí está demostrando que los fariseos eran los pastores falsos de quienes hablamos, mientras que Él está presentándose como el Pastor, el buen Pastor.

Cuando uno hace un estudio bíblico sobre el pastorado, notamos que muchas de las personas importantes en el Antiguo Testamento, como los patriarcas Moisés, Abraham, Jacob y David, eran pastores lo que hace evidente no solamente que Dios es nuestro pastor, sino que Él quiere y exige a sus líderes el pastorear a Su pueblo. Nuestro Señor espera que ellos pastoreen a Su pueblo como Él lo haría.

El capítulo 34 de Ezequiel demuestra la denuncia contra los pastores falsos y en el versículo 11 leemos “He aquí, yo mismo buscaré mis ovejas y velaré por ellas” y luego en los versículos 22-23 leemos lo que Dios hará: “libraré mis ovejas y ya no serán presa; juzgaré entre oveja y oveja. Entonces pondré sobre ellas un solo pastor que las apacentará, mi siervo David; él las apacentará y será su pastor”. En el Evangelio de Juan capítulo 10, Jesús demuestra que Él es el pastor que habla Ezequiel, es Él quien cumple esta profecía.

Evaluando la interacción de Jesús con el mendigo aprendemos mucho sobre como Dios nos pastorea. Veamos:

  1. No fue el hombre que pidió ayuda sino Jesús lo reconoció y lo sanó. Dios conoce a Su pueblo, (Jn. 10:3) y Él es quien elige (Jn. 15:16).
  2. Jesús es La Luz del mundo (Jn. 8:12) y quitó la ceguera para que el hombre pudiera caminar en la luz (Is. 42:16).
  3. Jesús reconoce nuestro estado de indefensa y con compasión nos ayuda (Is. 57:15).
  4. Tan pronto que El Señor quita nuestra ceguera espiritual, nos revela quien Él es y nosotras lo adoramos (Jn.10:4).
  5. Aquellos que no son de Su pueblo se queden en las tinieblas (Jn. 10:5) aun viendo la verdad.
  6. La necesidad física del hombre fue la vista, sin embargo, su necesidad mayor era la salvación y Jesús proveyó ambas (Jn. 10:9).
  7. Como el pastor de las ovejas necesita enfrentar los peligros para salvaguardar su redil, Jesús enfrentó a los falsos pastores y a Satanás en salvar al mendigo y a nosotras (1 Ped. 5:8).
  8. La ceguera espiritual es debido a Satanás (2 Cor. 4:4), sin embargo, Dios tiene el poder sobre él (Jn. 10:29).

Y para nosotras hoy en día el versículo 16 debe animarnos:

“Tengo otras ovejas que no son de este redil; a ésas también me es necesario traerlas, y oirán mi voz, y serán un rebaño con un solo pastor”.

¡Estas somos nosotras!  Y, como Dios no cambia (Heb. 13:8), podemos estar confiadas que lo que Él hizo por el mendigo, lo sigue haciendo con nosotras.  Esta historia nos deja saber que “Clemente y compasivo es el SEÑOR” (Salmo 145:8) y digno de toda confianza.

Bendiciones