Yo Soy La Luz del mundo

“Jesús les habló otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12)

Como vimos con el Pan de vida, Cristo no nos dijo que Él trajo luz al mundo, aunque lo hizo, sino, dijo que Él es la Luz del mundo. Y como creador, ¿qué fue la primera cosa que creó después de crear el mundo? Creó la luz (Génesis 1:3). ¿Y por qué? Porque el mundo que no reconoce a Cristo está sin orden, vacío, cubierto (Génesis 1:2) y cegado por las tinieblas (2 Corintios 4:4).

Justo antes de revelarse como la Luz, una mujer pecando en la oscuridad, pensaba que estaba escondida en su pecado de adulterio, pero fue encontrada en el acto. Los escribas y fariseos la sorprendieron y con intención de provocar a Jesús de caer en una trampa, ellos la arrastraron a la luz del día sin darse cuenta de que la trajeron a la Luz que es Cristo y todos sabemos el desenlace. Jesús les devolvió la pelota a ellos y con una pregunta trae a la luz el pecado que había en sus corazones. Con una sola pregunta Jesús demuestra que Él es el Señor, Omnisciente, que reina sobre todo, incluyendo las tinieblas, y que Él tiene el poder para revelarnos nuestro pecado, perdonarnos y exigirnos que caminemos en la luz.

El versículo dice que Él es la luz del mundo. Así que veamos lo siguiente, Él es omnipresente y además vivió y caminó 33 años en esta tierra para que pudiéramos verlo, entonces nos podemos preguntar, ¿por qué todavía el mundo es dominado por las tinieblas? Encontramos la respuesta en Juan 3:19-20 que dice así “Y este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas. Porque todo el que hace lo malo odia la luz, y no viene a la luz para que sus acciones no sean expuestas.”

Entonces, todos somos criaturas de Dios, sin embargo, no todos somos hijos de Dios sino aquellos que toman la decisión de seguirlo.  Ahora mira la belleza para aquellos que sí lo siguen, ellos “no andarán en tinieblas”. Como pecadoras, nuestra naturaleza es pecaminosa, no obstante, cuando vemos Cristo como El Gran Yo Soy, Él envía al Espíritu Santo a morar en nuestros corazones dándonos la habilidad para no pecar (Ezequiel 36:27).

El caso de la historicidad y deidad de Jesús 

Antes de venir a Cristo la única cosa que podíamos hacer era pecar, porque no podíamos ver la luz debido a que estábamos cegados por el príncipe de este mundo (2 Corintios 4:4). Pero después de tener la dirección del Espíritu Santo, Él nos convence del pecado (Juan 16:8), confesamos pidiéndole perdón (1 Juan 1:8) y luego nos purificamos, porque Él es puro (1 Juan 3:3) y entonces tendremos la victoria que vence al mundo (1 Juan 5:4).

Y si esto no fuera suficiente, también nos dice “que tendrá la luz de la vida.”  No es solamente que estamos siguiéndolo, sino que ¡nos unimos a Él! Porque “con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

Todo esto es posible solamente “Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz, es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo” (2 Corintios 4:6). Por esto sabemos que estamos unidos no solamente a la luz, sino a la luz de la vida porque “en Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4).

Jesús es la única luz del mundo y no hay otro camino hacia el Padre (Juan 14:6).

Aparte de disfrutar nuestro caminar en Cristo mientras estamos de paso en esta tierra, esperamos aquel día cuando no necesitaremos el sol ni la luna porque la gloria de Dios, El Cordero, nos iluminará (Apoc. 21:23) y donde veremos cuando en “el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre “(Fil. 2:10-11).

Él tiene el Nombre que es y está sobre todo nombre (Filipenses 2:9) y para todas nosotras que caminamos en Su luz, un día lo veremos como Él es y llegaremos a ser semejantes a Él (1 Juan 3:2).

Bendiciones