Yo Soy la Puerta

Juan 10:9 “Yo soy la puerta; si alguno entra por mí, será salvo; y entrará y saldrá y hallará pasto”.

Antes de entender lo que significa “Yo soy la puerta”, necesitamos entender el comportamiento de las ovejas y el trabajo de un pastor porque nosotras no vivimos en culturas agrarias y es posible que desconozcamos esa práctica.

En los tiempos de Jesús, el pastor salía tempranito en la mañana y pasaba todo el día con sus ovejas.  Las guiaba a pastos seguros, se aseguraba de encontrar áreas seguras donde tuvieran sombra para descansar, y cuando bajaba el sol, las llevaba a la seguridad del corral.

El contacto que el pastor tenía con ellas era constante e íntima. Son animales que dependen totalmente del pastor porque son animales que tienen la tendencia a seguir a cualquier persona sin notar los riesgos a los que podrían enfrentarse. De todos los animales domésticos, las ovejas son las más indefensas.

Por ejemplo, después de salir del corral en la mañana ellas pasan todo el tiempo con las cabezas hacia abajo, comiendo pasto mientras caminan de pasto a pasto, nunca levantando las cabezas y entonces se pierden fácilmente. Tampoco tienen un instinto de hogar y aun cuando están a plena vista de su corral, no lo encuentran.

Son animales muy miedosos, hasta el punto en que, si están en frente de agua moviéndose, no la beberán ni se bañarán en ella porque fácilmente se ahogarían. El pastor necesita hacer una presa para que el agua esté lo más tranquila para que las ovejas beban sin temor (Salmo 23:2).

Ellas también son totalmente indefensas contra depredadores, porque no se defienden, sino que al ver el peligro se acurrucan, y entonces son fácilmente destruidas (Salmo 23:4).  El pastor enfrentaba las bestias o cualquier otro peligro arriesgando su vida para defender a su prado. Por esto es por lo que siempre había un portero que cuidaba la puerta dejando entrar solamente a los pastores. Él literalmente dormía en frente de la puerta para proteger a las ovejas.

Los corrales fueron hechos para que el pueblo, en comunidad, les dieran uso para el rebaño de sus ovejas y fueran compartidos por los diferentes pastores. Los pastores trabajaban durante largas jornadas, soportaban cualquier clima, incluso cuando era inclemente; ellos no contaban con áreas específicas para descansar, cubrirse del clima o incluso, para sus necesidades básicas.

Como las ovejas son tan indefensas, las características de un buen pastor era tener la capacidad de vigilar constantemente, tener el coraje para enfrentar cualquier circunstancia y así mismo, tener un amor paciente con su rebaño. Por la tarde, al llegar al corral, el pastor colocaba su vara en frente de cada oveja para inspeccionarlas individualmente, él buscaba heridas o cualquier otra cosa que pudiera molestarlas o causarles daño, y después de pasar la inspección el levantaba la vara y la dejaba entrar en el corral.

Cada mañana los pastores acudían al corral donde el portero dejaba entrar solamente a los pastores que tenían su rebaño allí, cada pastor llamaba a sus ovejas y solamente las que eran suyas reconocían su voz y lo seguían.  Por esto Jesús dijo en Juan 10:27-28 “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen; y yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano”.

El portero solamente dejaba entrar a los dueños de las ovejas porque ellos eran los únicos que tenían el privilegio y la autoridad para entrar. Jesús, no solamente es la puerta que protege a las ovejas, sino que Él es el pastor también, porque Él es el único con la autoridad sobre sus hijos.  Jesús nos protegió enfrentando la muerte, rescatándonos del poder del pecado y del infierno.

Por eso Juan 10:1-2 dice “En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Pero el que entra por la puerta, es el pastor de las ovejas” ¡Solamente Jesús tiene esa autoridad!

En el capítulo 9 de Juan vemos a Jesús como la luz del mundo (Jn. 9:5) milagrosamente abre los ojos de alguien que nació ciego.  Los fariseos, los supuestos lideres (pastores) de la sinagoga, lo insultaron (Jn. 9:28) y lo echaron fuera de la sinagoga (Jn. 9:34). Mas Jesús lo llama a Él y él creyó en Jesús y lo adoró (Jn. 9:38), demostrando que los suyos oyen Su voz y lo siguen, mientras los fariseos no (Jn. 10:4-5).

Los fariseos no solamente fueron ciegos a la verdad del Mesías, sino que además fueron los ladrones y salteadores que no entraban en el corral por la puerta (Jn. 10:1). Jesús vino al rebaño de Israel como El Mesías verdadero y llamó a los suyos a salir del judaísmo. Advirtió que Él tiene ovejas de otro redil (los gentiles), y ellos siendo suyos, también reconocerán a Su voz y entrarán en el rebaño del Señor (Jn. 10:4).

Teología en la analogía

¿Qué nos demuestra Jesús en esta pequeña alegoría?  ¡En tan solo 18 versículos, vemos la profundidad de la sabiduría de Jesús! ¡Esta analogía es pura teología!

Primero Él es quien tiene la autoridad de llamarnos (Jn. 10:18).

Segundo, Él es soberanos sobre todos, judíos y gentiles (Jn. 10:16).

Tercero, así como Él llamó al ciego, Él es quien nos elige y nos llama a nosotras (Jn. 10:3; Is. 43:1).

Cuarto, los suyos acuden a Él cuando Él los llama, porque Su gracia es irresistible (Jn. 10:4).

Quinto, Él es nuestro protector (Jn. 10:11-14).

Sexto, Él provee los pastos verdes que anhelamos y necesitamos (Jn. 10:9).

Séptimo, Él nos guiará y nosotras lo seguiremos (Jn. 14:16).

Octavo, Él es la puerta, no hay otra manera para llegar al Padre (Jn. 14:6).

Noveno, Él nos libera de la esclavitud del pecado y de falsas religiones dándonos libertad (Jn. 8:36; 10:4).

Décimo, Él garantiza nuestra llegada, pues nadie puede arrebatarnos de su mano (Jn. 10:28).

Undécimo, aquellos en posiciones de autoridad en una religión que no están siguiendo los pasos del Señor, son ladrones, salteadores, y causan daño al rebaño (Jn. 10:12).

Duodécimo, como sus ovejas, debemos tener una relación íntima con El Pastor (Jn. 15:15).

Decimotercero, Él es quien nos limpia y quita las imperfecciones para nuestro bien (Jn. 1:29; Sal. 51:7).

Decimocuarto, Jesús es quien satisface nuestras almas (Jn. 10:9).

Solamente Dios es capaz de poner tanta teología en una analogía tan corta. Los falsos pastores aman su propia vida más de lo que aman a las ovejas; sin embargo, El Buen Pastor ama a las ovejas mas que a Su propia vida.  Mientras los falsos pastores se aprovechan y quitan la vida abundante del redil, Jesús nos da vida abundante.

Él es Dios y es la Luz del mundo, Él es quien abre nuestros ojos espirituales quitando nuestra ceguera, es entonces que llega la hora de tomar la decisión de seguirle de cerca. Él es el único que nos llevará a pastos verdes mientras le obedecemos.

Bendiciones