1. Lee Proverbios 18:10  

El nombre del Señor es torre fuerte, a ella corre el justo y está a salvo. 

Oración: 

“Dales gracia, oh dulce Jesús, para que sean persuadidos por Tu buena voluntad aun en medio de la sombra de muerte, para que no desmayen bajo la cruz y se vuelvan de mente desesperada, sino que aguanten con valor Tu buen placer. 

Que pasen todo el tiempo de su problema y enfermedad con paciencia y agradecimiento para invocar Tu bendito nombre, que es una torre fuerte para todos los que huyen a ella. Siempre pon delante de sus ojos Tu amorosa bondad.” — Thomas Becon 

2. Lee Ezequiel 47:1-12  

Junto al río, en su orilla, a uno y otro lado, crecerán toda clase de árboles que den fruto para comer. Sus hojas no se marchitarán, ni faltará su fruto. Cada mes darán fruto porque sus aguas fluyen del santuario; su fruto será para comer y sus hojas para sanar. (v.12) 

Oración: 

“Señor, bendice a los enfermos y haz que se recuperen tan pronto como sea apropiado. Santifícalos con todo lo que tengan que soportar. Hay también amigos queridos que están muy débiles; algunos que están profundamente inquietos. Bendícelos Señor.  

Señor, ayúdanos a quedarnos muy tranquilos con todas estas cosas aquí abajo. Que vivamos aquí como extraños y hagamos del mundo no una casa sino una posada, en la que cenemos y nos alojemos, esperando estar en nuestro viaje mañana.”  — Charles Spurgeon 

3. Lee Marcos 6:53-55 

Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret, y atracaron. Cuando salieron de la barca, enseguida la gente reconoció a Jesús, y recorrieron apresuradamente toda aquella comarca, y comenzaron a traer a los enfermos en sus camillas adonde oían decir que Él estaba. 

Oración: 

“Apelamos, oh Señor, a Tus misericordias, sabiendo que son mucho más grandes que nuestros pecados; y no has venido a llamar a los justos sino a los pecadores al arrepentimiento, a quienes dices: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar“. 

Sí, Señor, Tú eres ese Dios que no quiere la muerte de un pecador, sino que se convierta y viva. Eres nuestro Salvador, que desea que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de Tu verdad.  

Por eso, Señor, te pedimos humildemente que no retires Tus misericordias de nosotros a causa de nuestros pecados, sino que, Señor, deposites sobre nosotros Tu salvación, para que te muestres hacia nosotros como un Salvador; porque qué mayor alabanza puede haber para un médico, que curar a los enfermos; ni mayor gloria para Ti siendo un Salvador, que salvar a los pecadores.” — Henry Smith 

4. Lee Hechos 5:12-16 

Por mano de los apóstoles se realizaban muchas señales y prodigios entre el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón. Pero ninguno de los demás se atrevía a juntarse con ellos; sin embargo, el pueblo los tenía en gran estima. Y más y más creyentes en el Señor, multitud de hombres y de mujeres, se añadían constantemente al número de ellos, a tal punto que aun sacaban los enfermos a las calles y los tendían en lechos y camillas, para que al pasar Pedro, siquiera su sombra cayera sobre alguno de ellos. También la gente de las ciudades en los alrededores de Jerusalén acudía trayendo enfermos y atormentados por espíritus inmundos, y todos eran sanados. 
 

Oración: 

“Que Tu providencia misericordiosa gobierne a todos en esta enfermedad, para que yo nunca caiga en la oscuridad total, en la ignorancia de Ti o en la desconsideración de mí mismo. 

Que esas sombras que caen sobre mí, los desmayos del espíritu y las condenas de mí mismo, sean superadas por el poder de Tu luz irresistible, el Dios de la consolación.  Y cuando esas sombras hayan cumplido su función sobre mí, para hacerme ver que por mí mismo caería en una oscuridad irrecuperable, que Tu Espíritu pueda cumplir Su función sobre esas sombras, y disiparlas, y establecerme en un día tan brillante aquí, aun cuando pueda ser un día crítico para mí, un día en el que pueda usar Tu juicio sobre mí mismo. 

Entonces las palabras de Tu Hijo, dichas a Sus apóstoles, puedan reflejarse sobre mí: “he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” — John Donne