¿”Productividad”? ¡Pero soy ama de casa!” Así fue como Aileen respondió cuando nos sentamos a hablar sobre el hecho de que nuestras vidas estaban fuera de control. Estábamos saliendo de una temporada especialmente ocupada pero acercándonos a lo que prometía ser una temporada aún más ocupada. Nuestro hijo estaba listo para comenzar la escuela secundaria y estaba buscando su primer trabajo. Una de sus hermanas menores tenía clases de ballet dos veces a la semana mientras que la otra hermana tenía sus partidos de fútbol y sesiones de juego. Teníamos compromisos en la iglesia, amigos con los que queríamos pasar tiempo, y los inevitables límites de tiempo para entregar los trabajos a tiempo. Sabíamos que era hora de volver a tomar el control de nuestras vidas, de nuestros horarios. Necesitábamos una forma de ordenar el millón de cosas que podíamos hacer para enfocarnos en las pocas cosas que realmente debíamos llevar a cabo.

Y lo hicimos. Juntos encontramos la manera. Encontramos una manera de ser productivos, yo como pastor y escritor, y ella como ama de casa, consejera y líder ministerial en la iglesia. Encontramos la manera y nos aferramos a ella. Mejor aún, a lo largo del camino descubrimos por qué es tan importante para cada uno de nosotros hacer hincapié en la productividad —la mejor y más alta clase de productividad— en lo que sea que Dios nos llame a hacer.

Aquí presento 5 puntos que aprendimos en el camino —5 consejos de productividad que pueden ayudar a la madre ocupada.

La productividad es importante

Aileen me ha dicho a menudo que el mayor reto de ser madre no son las noches sin dormir o los interminables montones de ropa sucia. El mayor desafío es que se siente poco productiva la mayor parte del tiempo. Tiene buenas intenciones, pero al final del día se siente como si hubiera logrado muy poco. Pero aún así, mucho de lo que ha logrado durante el día desaparece rápidamente: el baño limpio se llena pronto de toallas mojadas, la sala ordenada se llena inmediatamente de cosas. Las horas de trabajo se deshacen en un momento. Enfatizar la productividad parece aumentar la frustración y la inutilidad de la misma.

Pero luego nos dimos cuenta de que habíamos estado midiendo la productividad de manera equivocada. La medíamos por las tareas realizadas y los proyectos permanentemente concluidos. Nos dimos cuenta que había una mejor forma, la forma de Dios. Antes de que Dios nos llame a algo más, nos llama a esto: “Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mat. 5:16). La productividad es hacer bien a los demás para la gloria de Dios, y por eso la productividad importa.

La productividad es para las madres

Si es cierto que la medida de la productividad es hacer bien a los demás para la gloria de Dios, entonces la productividad no es sólo para el Gerente General con su oficina especial y manejando el auto de la empresa. No se trata primeramente de hacer dinero o tachar los cuadritos como terminados de esa interminable lista de cosas por hacer. No se trata de hacer más cosas, sino de hacer las cosas correctas de la manera correcta y para los propósitos correctos. Y de esa manera la productividad es para todos nosotros. Es incluso para la madre ocupada.

La productividad es para las mamás porque las mamás tienen la oportunidad de hacer bien a los demás todo el día. Cuando alimentas y consuelas a ese bebé que llora estás haciendo bien a otra persona, y eso trae gloria a Dios. Cuando oras con tu hija y le cantas para que se duerma, haces bien a otra persona y das gloria a Dios. Pero la productividad no termina en el hogar y la familia, sino que se extiende a los amigos, vecinos, miembros de la iglesia y a todos los demás con los que te relacionas. La productividad es un llamado para cada persona durante toda la vida.

La productividad provee dirección

Esta visión de la productividad da dirección a la vida. Ayuda con la orientación de la vida. Te asegura que lo que haces no es insignificante y que no se trata de tachar cosas de una lista. Todo lo que haces trae gloria a Dios cuando se hace para servir a los demás. De esta manera, incluso las tareas más rutinarias tienen un gran significado. Lavar los pisos, cambiar los pañales, hacer la cena—estas cosas son tan importantes como predicar el sermón, firmar el contrato o ganarse la comisión. Son igualmente significativas porque pueden hacerse igualmente por el bien de los demás y la gloria de Dios.

Mamá, el reto de la productividad es mejorar en hacer bien. El desafío es orientar y dirigir tu vida de manera que enfatices el bien de los demás y la gloria de Dios.

La productividad requiere práctica

La productividad no es fácil ni natural para la mayoría de nosotros. Para la mayoría de nosotros la productividad requiere paciencia y práctica, requiere herramientas y requiere rutinas.

Las herramientas pueden ser tan simples como la agenda que muestra los eventos, las clases de los hijos y los compromisos de la familia. Pueden ser un poco más complejas, quizás un sistema de manejo de tareas que te ayude a organizar lo que tienes que hacer y cuándo lo tienes que hacer. Las rutinas también son importantes: rutinas que te ayuden a empezar el día y rutinas que te ayuden periódicamente a pensar en todas las responsabilidades que Dios te ha confiado. Estas cosas requieren práctica, y toman tiempo para aprenderlas. Pero el tiempo y la práctica son recompensados con productividad.

La productividad se trata de la totalidad de tu persona

La verdadera productividad te llama a administrar eficazmente tus dones, talentos, tiempo, energía y entusiasmo para el bien de los demás y la gloria de Dios. Esto es tan importante para la madre ocupada como para cualquier otra persona. Este llamado implica usar tus dones, los dones espirituales que te fueron dados cuando el Señor te salvó; implica implementar tus talentos, esas áreas de fortaleza natural; implica administrar tu tiempo, esas 24 horas que Dios te da cada día; implica hacer uso de tu energía, la fortaleza o vitalidad que surge y fluye a través del día y la semana; e incluso incluye tu entusiasmo, la pasión y el interés que puedes aportar a esas obras que te gusta hacer. Dios te llama a tomar todo eso y aplicarlo cuidadosamente, fielmente y consistentemente a la gran tarea de hacer bien a los demás. Y esa es la verdadera medida de la productividad.

Así que por qué no haces de esto tu oración de la mañana:
Dios, permíteme ser una fiel administradora de los dones, talentos, tiempo, energía y entusiasmo que me has dado. Déjame usarlos hoy para hacer bien a los demás y traer gloria a tu nombre. Amén.

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