Como padre, oro por cada uno de mis hijos casi todos los días, y es para mí tanto un gozo como una responsabilidad llevarlos ante el Señor. Orar por mis hijos es una forma útil de entrenarme para recordar que son suyos antes que míos, y que cualquier bien que ellos experimenten encontrará su fuente en Dios mismo. También creo que la oración funciona, que Dios escucha las plegarias de un padre por sus hijos, y que se deleita en responder a esas plegarias. Una de mis oraciones más comunes para mis hijas es una oración por su protección. Así es como oro a Dios: 

Que sean protegidas de ellas mismas

Oro para que Dios proteja a mis hijas de sí mismas. Después de todo, por todos los peligros que enfrentan en la vida y todas las pruebas que enfrentarán en los días y años venideros, la gran mayoría de esas pruebas y tentaciones surgirán desde su interior. Pido a Dios que las proteja de su propio pecado e incredulidad, de su propia dureza de corazón, de sus propios deseos carnales. Oro para que las salve de sí mismas y luego las haga crecer para ser más como Cristo. 

Que sean protegidas de mí

Oro para que Dios proteja a mis hijas de mí, de su propio padre. Temo que mi egoísmo o mi negligencia puedan dañarlas, o incluso que mi ignorancia las exponga a algún tipo de pecado o peligro. Siento un gran amor y afecto por mis dos hijas, pero también veo tanto pecado y maldad dentro de mí, y temo que mi pecado pueda dañarlas. Así que oro para que Dios las proteja de lo peor de mí y me permita ser su guardián y protector. 

Que sean protegidas de otros

Oro para que Dios proteja a mis hijas de otras influencias externas. Oro para que sean buenas amigas, tengan buenos amigos, y no se dejen influenciar por compañeros necios. Oro para que sus maestros estén a su favor y no en su contra, y que les enseñen lo que es correcto y bueno. Ruego a Dios que las proteja de cualquiera de esas personas que hoy o algún día empiecen a tramar el mal contra ellas. 

Que sean protegidas de Satanás

 Oro para que Dios proteja a mis hijas de Satanás. Sé que el diablo conoce a mis hijas, y que ve su progreso espiritual, y que le encantaría hacer todo lo posible para ahogar el evangelio antes de que pueda echar raíces y dar fruto. Sé que desea sus muertes y destrucción total. Este es el gran y maravilloso plan que Satanás tiene para sus vidas: llevarlas a la ruina total, y hacerlo a través de interminables olas de tentación. Así que oro para que Dios las proteja de Satanás y su poder. 

Que sean protegidas de Dios mismo

Y finalmente, oro para que Dios proteja a mis hijas de Dios. En última instancia, Dios salva a la gente de sí mismo. R.C. Sproul lo dice bien: “La gran paradoja o suprema ironía de la fe cristiana es que somos salvados tanto por Dios como de Dios”. Anhelo que Dios proteja a mis hijas de Su propia ira, la cual debe derramar sobre aquellos que no ponen su fe en Cristo. Y por eso la salvación más profunda que necesitan mis hijas, es ser salvadas de Dios. Oro una y otra vez (y le digo a Dios que continuaré orando una y otra vez) hasta que Él salve a mis hijas a través de Él mismo, por Él mismo, para Él mismo y de Él mismo.