5 lecciones aprendidas en 20 años de matrimonio

En menos de un mes, mi esposa y yo celebraremos nuestro vigésimo año de matrimonio. Aunque los años parecen haber pasado muy rápido, mi amor por ella ha crecido y se ha profundizado. Al mismo tiempo, todavía tengo un largo camino para crecer en mi amor por ella y en mi comprensión de lo que significa ser un esposo fiel.   

Me miro en el espejo de la Palabra de Dios y veo mucho más trabajo por hacer para retratar a Cristo con mayor precisión en mi vida. Afortunadamente, Dios ha estado en nuestro matrimonio desde nuestros votos matrimoniales, y he sido bendecido por el Espíritu Santo para aprender muchas cosas a lo largo de los años en nuestra relación. Entonces, cuando reflexiono sobre el tiempo que Dios me ha dado con mi esposa, vienen a mi mente cinco lecciones: 

Mi necesidad de la gracia de Cristo en el matrimonio  

Mi vida cotidiana como esposo revela cuán pecaminoso y egoísta sigo siendo. Cuando exijo cosas de mi esposa para cumplir mis deseos, cuando me frustro por algo que no está sucediendo de la manera que yo quería y me desquito con ella, cuando descuido mis responsabilidades en el matrimonio para alimentar mis placeres, o cada vez que pienso en mí antes que pensar en ella, mi pecado se vuelve claro. Pero como esposo, Dios me ha llamado a amar a mi esposa como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella.  

Es solo por la gracia de mi Salvador Jesucristo que puedo amar a mi esposa de esta manera. Cristo nos ha revelado lo que es el amor, no que hayamos amado a Dios primero, sino que Él nos amó y envió a Su Hijo para ser la propiciación por nuestros pecados. La máxima muestra de amor es la cruz de Cristo, donde Él satisfizo la ira de Dios que yo merecía y me reconcilió con el Padre para que sea adoptado como Su hijo. Al sacrificarse en mi lugar, soy perdonado de mis pecados y he recibido la rectitud de Cristo. ¡Qué glorioso intercambio! 

Al estar unido a Cristo por la fe, he recibido el Espíritu Santo para ayudarme a amar a mi esposa cada vez más como Cristo amó a la iglesia. Es por Su gracia que mi matrimonio ha madurado y prosperado, incluso en medio de mis pecados y las muchas luchas que hemos enfrentado a través de los años. El resto de estas lecciones realmente fluyen de la gracia que me ha sido dada en Cristo. 

Mi necesidad de expresarle amor  

No soy alguien que busca la afirmación y el aliento de los demás. Para mí, las acciones hablan más que las palabras y el amor es mejor cuando se muestra que cuando se dice. Así que puedes imaginarte cómo fueron nuestros primeros años de matrimonio, ya que supuse que mi esposa sabía cuánto la amaba.   

Si bien estoy de acuerdo con la crítica de David Powlison a Five Love Languages [Los cinco lenguajes del amor], cuando leí el libro de Gary Chapman sobre los lenguajes del amor, me di cuenta de que mi esposa y yo a menudo expresamos el amor de manera diferente. Como rara vez me oyó decir lo mucho que significaba para mí, y como no le ofrecí palabras de aliento con rapidez, mi amor por ella no fue tan claro como suponía que había sido.  

Como resultado, he tratado de ser mucho más intencional para decirle a mi esposa cuánto la amo. Trato de buscar oportunidades para afirmar las muchas maneras en que ella ha sido una bendición para mí y para otros. Casi nunca termino una llamada telefónica sin decir: ¡Te amo! Me gusta sorprenderla con regalos, aunque no lo hago con la suficiente frecuencia. Nuestra relación ha mejorado cuanto más le he expresado intencionalmente mi amor por ella, y puedo ver el enriquecimiento que mis palabras amorosas han tenido en nuestra relación. 

Mi necesidad de pasar tiempo con ella  

También soy una persona a la que le gusta estar ocupado. Así que hago planes y trato de programar mis días eficientemente. Si bien esto puede mantener mi nivel de productividad alto, también puedo llegar a orientarme a las tareas en lugar de orientarme a las personas. ¿Y quién crees que soporta mi esfuerzo cuando me enfoco en hacer las cosas? ¡Lo adivinaste! Mi esposa. Es fácil llenar mis días con trabajo, ministerio, estudio, recreación y muchas otras cosas. Pero en el proceso, con demasiada frecuencia, suprimí el tiempo de mi relación con ella. 

Afortunadamente, hemos construido nuestro matrimonio a partir de una comunicación abierta, por lo que ella siente la libertad de hacerme saber si no he pasado suficiente tiempo con ella. Cuando salimos en una (¡muy poco frecuente!) cita, me gusta discutir cómo están yendo las cosas y si debo reorganizarme en ciertas áreas para salvaguardar el tiempo que pasamos juntos.   

Adicionalmente, he recurrido a amigos de confianza y miembros de la iglesia para rendirles cuenta del tiempo que tomo para disfrutar de la bendición del matrimonio. Como mi conciencia ha crecido a lo largo de los años, también lo han hecho las formas en que he tratado de asegurarme de que estamos pasando tiempo juntos. 

Mi necesidad de cuidar su alma  

Como cabeza de mi esposa en nuestro matrimonio, Dios me ha dado la humilde responsabilidad de cuidar su alma guiándola para que se acerque a Cristo. Este crecimiento espiritual viene a través del ministerio de la Palabra de Dios. Así que tratamos de tomarnos un tiempo cada día del Señor después de que los niños se van a la cama para que podamos ver cómo han estado yendo las cosas espiritualmente durante la última semana. ¿Ha estado mi esposa leyendo las Escrituras diariamente? ¿Qué ha estado aprendiendo de su estudio de la Biblia? ¿Tiene alguna pregunta sobre lo que ha leído? También la he alentado a leer otros libros útiles para ayudarla a comprender y aplicar la Palabra de Dios. ¡Mientras más está en la Palabra, más escucha la voz de nuestro Salvador!  

Al mismo tiempo, nuestro cuidado del alma viene a través de la comunión con nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Así que me esfuerzo porque a mi esposa y nuestros hijos vayan a la iglesia todos los domingos. Incluso cuando estamos de vacaciones, incluso cuando estoy cansado y preferiría quedarme en la cama, incluso cuando mi corazón está frío, sé que el mejor lugar para estar es entre la gente de Dios adorando a Cristo.   

También me aseguro de que mi esposa tenga el tiempo para participar en el ministerio de mujeres de nuestra iglesia y en otros programas y actividades que serían edificantes y alentadoras para ella. ¿He fallado a veces? Por desgracia, sí. ¿He confundido nuestras prioridades? Más de lo que me gustaría admitir. Pero quiero que mi esposa viva una vida de fe vibrante y gozosa en Jesucristo, y esto significa cuidar su alma. 

Mi necesidad de orar por ella regularmente  

Tanto mi esposa como yo dependemos totalmente de Dios para mantener nuestra salud espiritual y crecer en gracia. Es solo por medio de Su bendición que lo glorificaremos, llegaremos a ser como Cristo y viviremos sabiamente en este mundo caído. Así que traigo a mi esposa diariamente ante el trono de la gracia, pidiendo que reciba misericordia y encuentre gracia en el momento de necesidad. Mi esperanza para mi esposa no se encuentra en cuán buen esposo soy, sino en cuán gran Salvador es Cristo; mi confianza está en Él para bendecir a mi esposa y nuestra relación.  

Como puedes ver, todavía tenemos muchas luchas: discutimos, podemos volvernos fríos y distantes el uno con el otro, y no siempre vemos las cosas de la misma manera. Pero debido al amor de Dios por nosotros, a la gracia de Cristo hacia nosotros y al poder del Espíritu Santo en nosotros, nuestro matrimonio es como una hermosa flor que continúa floreciendo con la edad. Con esto en mente, ¡no puedo esperar a ver lo que Dios tiene reservado para nosotros en los próximos años!